Estados Unidos y Venezuela han sido tradicionalmente buenos socios comerciales y esa vieja amistad parece no haberse visto afectada con las discordias  diplomáticas y políticas que caracterizan hoy en día las relaciones entre ambos gobiernos.

En el primer semestre del presente año viajaron desde Estados Unidos hacia Venezuela mercancías por un valor aproximado de 2.700 millones de dólares, lo cual mantiene a dicho país como el principal proveedor de los bienes que Venezuela necesita importar. De esa cantidad aproximadamente 1.700 millones de dólares están constituidos por combustibles minerales y productos de su destilación – es decir, por petróleo y sus derivados – lo cual pone de relieve que la industria petrolera venezolana ni solo produce cada vez menos, sino que necesita importar petróleo para poder conformar las aleaciones o mezclas, entre crudos livianos y pesados, que sean más demandadas por el mercado internacional. Y quien proporciona ese petróleo que Venezuela necesita para producir petróleo es precisamente Estados Unidos.

Pero lo más interesante de esas ventas es que ellas han ido aumentando en el transcurso del último año. En el primer semestre del año anterior Estados Unidos exportó hacia Venezuela mercancías por un valor de 2.200 millones de dólares, de los cuales poco más de un millón estaba constituido por petróleo y sus derivados. Es decir, en el último año – precisamente cuando más han arreciado las tensiones políticas y las declaraciones altisonantes de lado y lado – el frio comercio ha seguido su cauce ascendente.  Pareciera que la guerra entre ambos países puede ser política y diplomática, pero guerra comercial no esta tan claro que exista, lo cual en última instancia es positivo para ambos países.

Indudablemente el comercio no es el único elemento de las relaciones económicas. También hay que agregar las relaciones financieras y los movimientos de inversión extranjera directa. Las relaciones financieras parecen ser el campo donde hay más dificultades entre ambos países, pero estas no parecen tan relevantes como para afectar en forma sustantiva los flujos comerciales. La inversión extranjera, a su vez, si bien está en su nivel más bajo, eso se debe a la falta de incentivos y de seguridad jurídica, que son cuestiones que analiza, frente a cada proyecto concreto, cada empresa en particular. Pero volviendo al campo netamente comercial no hay evidencias de que Venezuela no haya podido importar, durante este año, las mercancías que necesita desde Estados Unidos.

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