23-11-2016

ARMANDO J. PERNÍA /@ajpernia

Tal Cual

Para Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, el Gobierno tiene que caminar y masticar chiclets al mismo tiempo.

 

¿Cuál es la realidad inflacionaria que estamos viviendo?
Precisamente por la falla del BCV, hemos tenido que construir un indicador de inflación propio. Estamos midiendo mensualmente los precios de 720 bienes y servicios en Caracas, Valencia y Maracaibo, para tener una aproximación real al fenómeno inflacionario. A octubre nos da 412% anualizada, un promedio mensual de 15%. También medimos la llamada inflación subyacente, que no es otra que la derivada de los bienes no regulados, o que son comercializados en mercados negros e informales, porque mucha gente no tiene acceso a los productos regulados. Para octubre, ese indicador nos da un número de 1.007%, un promedio mensual de 25%.

¿Y cuál de esos dos indicadores es el más cercano a la realidad ? 
El indicador de 412% es menos relevante, porque el peso que tienen, en su construcción, los productos regulados es muy alto, y la verdad es que estos productos son de muy difícil acceso. Es muy raro encontrar gente que viva con esta inflación.

¿Y eso en qué proyecciones nos pone para el cierre del año? 
Podemos hablar con cierta precisión de una inflación anualizada de entre 450% y 480% en 2016 frente a 2015. Este es un record en la historia del país, porque supera el 181% que el BCV reconoció el año pasado. También es la inflación más alta del mundo. En cuanto a la inflación subyacente, vemos una previsión de 1.100% para el cierre del año.

En ese contexto, ¿cómo ayuda, más allá de los temas prácticos y de gestión de fondos, la posible emisión de estos nuevos billetes? 
Como dice la sabiduría popular, el Gobierno debería poder caminar y masticar chicle al mismo tiempo. Es cierto que hacen falta nuevos billetes, y pensamos que, para absorber el efecto inflacionario en este período, haría falta un billete de hasta 10.000 bolívares. El cono debe contener billetes de 500, 1.000, 2.000, 5.000 y 10.000, y el resto deben ser monedas, aunque los costos de acuñar son altos. No se justifica tener billetes de 2, 5, 10 ni 20 bolívares. Incluso los de 50 y 100 pudieran convertirse en monedas. Es positivo que el BCV ajuste el cono monetario, pero lo está haciendo con mucho retraso. Sin embargo, lo esencial es que exista una política antiinflacionaria efectiva, porque sin ese requisito, este nuevo cono monetario también se quedará rezagado en pocos meses. El problema de fondo es el riesgo real de hiperinflación en 2017.

¿Y qué se gana, entonces, con estas nuevas piezas monetarias? 
El primer efecto es un beneficio para la Banca, porque el costo del manejo de efectivo es el gasto más importante dentro del balance del sistema financiero, en la actualidad. Cerca de 15% de los cajeros automáticos está fuera de uso o con fallas, y cerca de 20% de los puntos de ventas también esta inoperativo. Muchos de esos costos son en dólares, porque la reposición de esos equipos no se hace con bolívares.

¿Hablar de una estrategia antiinflacionaria, qué implica en el corto plazo? 
Hay que resolver el déficit fiscal crónico, que se financia con dinero inorgánico, porque genera escasez, presiones inflacionarias, y afecta también al mercado cambiario. Esta decisión de imprimir nuevos billetes es un alivio temporal.

El Gobierno es experto en "paños calientes". ¿Cree que ante la expectativa de un agravamiento del entorno económico, se tomen decisiones más estructurales? 
El Gobierno ha recortado las importaciones, ha restringido el crédito, ha reducido el gasto público, pero no ha asumido cambios estructurales en su modelo, que es fuertemente intervencionista, y estatista, y está unido a una permanencia en el poder sin alternabilidad. Soy pesimista sobre la posibilidad de que el chavismo haga los cambios estructurales necesarios. Al chavismo no le importa la macroeconomía. No se puede cambiar lo económico, sin cambio político.

Pero no hacer nada también tiene costos. ¿Hasta cuándo se puede aguantar esta situación? 
El 2017 es un año crítico. El Gobierno ya usó todos los cartuchos de ajuste financiero que tenía disponibles, por eso hemos visto una reducción muy fuerte de activos líquidos, una caída muy importante de las importaciones, las reservas internacionales están en punto crítico, hemos empeñado oro, tenemos una deuda comercial muy grande. El margen de maniobra en 2017 es muy reducido, porque los activos disponibles para enfrentar el shock son insuficientes, y es peligroso reducir aún más las importaciones, porque las consecuencias sociales pueden ser muy severas. 2017 se presenta dilemático para el Gobierno: o termina de dar el salto a un modelo más estatista y pernicioso, o busca espacios para tomar un camino alternativo.

¿Qué tan complejo es el panorama? 
Tenemos un escenario: con un precio promedio del barril de petróleo de 45 dólares ­que es optimista-, una producción de crudo similar a la de este año, y un nivel de importaciones de 21.000 millones de dólares ­ también equivalente al que hemos visto en 2016-, el déficit externo será de 7.000 millones de dólares en 2017. Es cierto, menor que el de este año, pero las posibilidades de financiarlo son mucho menores. Por ejemplo, el canje de bonos de Pdvsa demostró que los mercados están cerrados, y China tampoco parece estar dispuesta a seguir soltando recursos alegremente. Sí, el panorama es muy complicado.