La ludopatía pudiera heredarse

De acuerdo con los investigadores de la Universidad de Iowa, señalan que lo que se transmite genéticamente no es la afición al juego como tal, sino una impulsividad asociada a éste que provoca alteraciones de la conducta, las cuales inciden negativamente en el entorno social del jugador y en su propia salud.

Estos cambios tienen un reflejo visible en áreas específicas del cerebro, en las zonas donde, se cree, están localizados los mecanismos de recompensa; es decir en la región prefrontal. De acuerdo con los resultados observados en distintos experimentos basados en el registro de la actividad eléctrica cerebral, a menor activación del área prefrontal, mayor sería la adicción al juego patológico.
Asimismo, Jan Reuter, de la Unidad de Terapéutica Conductista del Hospital Universitario de Hamburgo (Alemania), en un artículo publicado en Nature, dio a conocer que pudo comprobar, a través de una iconografía por resonancia magnética de gran calidad, que la actividad del sistema mesolímbico de recompensa, queda reducida ante el estímulo del juego patológico y genera una dependencia muy similar a la de los drogadictos.

En este sentido y ante la legalización en muchas ciudades de los juegos de azar, Donald Black manifiesta que “datos científicos avalan la teoría de que cuantas más oportunidades de juego se ofrecen a la sociedad, mayor es la proporción detectada de ludópatas”. Agrega que los hombres se inician en la ludopatía antes que las mujeres, “pero ellas acaban jugando de forma mucho más compulsiva”.

De igual forma, Black afirma que el perfil del ludópata indica que la mayoría son solteros, divorciados o viudos. Además dice, estar en la búsqueda de identificar la causa del deseo inconsciente de tomar riesgos y sus mecanismos de recompensa, para poder intervenir terapéuticamente y evitar este trastorno relacionado con los juegos de azar.

El síndrome de Dostoyevski
La ludopatía fue recogida internacionalmente como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud en 1992. Previamente, el 1980, el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM_III) de la Asociación Americana de Psiquiatras (APA), había planteado una cierta definición y algunos criterios diagnósticos. Todo hace pensar que, con anterioridad al reconocimiento del trastorno, los ludópatas eran considerados simplemente como aplicados aficionados de juegos de apuestas, en los que unos resultados rápidos y contundentes pudieran servir de refuerzo positivo o negativo.

Desde la APA, la ludopatía sigue encuadrándose dentro de los trastornos del control de los impulsos y se describe como “una conducta de juego inadaptada, persistente y recurrente, que puede llegar a alterar la continuidad de la vida personal, familiar o profesional”.

Un ludópata universalmente conocido fue el escritor ruso Fëdor Mihajlovic Dostoyevski (1821-1881), que en su novela El jugador, reflejó con toda suerte de detalles las vivencias de un ludópata en el ambiente aristocrático y burgués de su tiempo. Con todo, no fue hasta mediados del siglo XX que la ludopatía se extendió por todas las sociedades y, hoy en día, es evidente la popularización de bingos que probablemente estén afectando la predisposición genética de algunas personas hacia el juego.
(Tomado de la revista Consumer Eroski)

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