La política es así: Bolivarianos y Oligarcas

Podría parecer una contradicción, pero no lo es. Oligarquía y Gobierno comparten la misma concepción sobre lo popular, y coinciden sobre los mecanismos a implementar, para aliviar las supuestas carencias que exhibimos como pueblo.

Estos dos actores cargan sobre nuestra matriz cultural, la responsabilidad de nuestros males. Con variaciones de énfasis, barajan algunas de las siguientes variables como las causantes de nuestro atraso y subdesarrollo: Irresponsabilidad colectiva, sumisión, resentimiento, carencia de sentido de comunidad, búsqueda de un redentor, etc. La Oligarquía las esgrime para explicar la presencia de Chávez en Miraflores. Los Bolivarianos, por su parte, intentar erradicar el pasado y construir el “hombre nuevo”, como la forma más expedita para superar los supuestos males derivados de nuestra constitución como pueblo. Unos y otros desconocen, desde luego, la grandeza del espíritu popular.

La frase “moral y luces son nuestras primeras necesidades” expele un tufo reaccionario. En cierto sentido, esta sentencia implica desconocer las “luces” y la “moral” presentes en lo profundo de nuestra alma nacional. No debemos olvidar que sobre el lomo de sus “luces” y alumbrando con su “moral”, este colectivo en armas atravesó la Cordillera Andina y venció en Pichincha, Boyacá y Carabobo. Su “iluminación” permitió derrocar la dictadura perejimenista, y abrió caminos para la construcción de esta agónica modernidad política que padecemos.

Ardua es la cotidianeidad de nuestros ciudadanos. Su rutina es un canto a los valores del trabajo y el esfuerzo propio. Su dignidad es mancillada, cuando la Revolución pretende desconocerlos y sustituirlos por esa patética figura conocida bajo la denominación de “el hombre nuevo”.

Dos son las posiciones de derecha: la Bolivariana y la Oligárquica. Ambas desconocen el potencial liberador que emana de “los poderes creadores del pueblo”.

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