La sensibilidad de Chopin

Que nadie le diga lo que tiene que
Hacer, a alguien que ya ha decidido
cuál tiene que ser su destino.
Proverbio árabe

Chopin escribió más de doscientas composiciones que, con su peculiar estilo, han gozado de popularidad y renombre. Su delicada inspiración ha sido deformada en muchas ocasiones con una interpretación «amanerada y torpe» que rebaja su esencia. Por eso volvemos a repetir: «A ellas conviene el término justo y la dicción exacta».

Como se ha escrito, hijo de padre francés y madre polaca, Frédéric François Chopin nació en Zelazowa Wola, residencia del conde de Skarbek cercana a Varsovia. Según la tradición familiar, habría nacido un 1º de marzo de 1810; pero en su acta bautismal figura la fecha 22 de febrero. Su padre, establecido en Polonia desde 1787, era preceptor de los hijos del conde Skarbek. Poco después del nacimiento de Frédéric, el padre fue nombrado profesor de francés en Varsovia y la familia se trasladó a dicha ciudad. El padre instaló también un pensionado para estudiantes de familias acomodadas: algunos de los jóvenes allí hospedados serían los mejores amigos de Frédéric en el futuro. Chopin conoció la cultura francesa desde pequeño (tanto por su ascendencia como por haber vivido de cerca la época napoleónica), pero fue educado ante todo como polaco. Su nombre en lengua polaca era Fryderyk Franciszek.

Guillermo Orta Velázquez, escribe al respecto, que ocupa un lugar especial en la Historia de la Música: Tiene rasgos que lo señalan como una personalidad singular; revela una sensibilidad delicada, refinada, suave, que se explaya en ocasiones en arrebatados arranques de exaltación que impresionan por su manifiesta sinceridad, por su patetismo conmovedor que quiere llegar al alma ajena como un grito angustioso. En toda la música de Chopin se desliza una melancolía inocultable que es como el clima adecuado para su desarrollo: A fín en los momentos más vigorosos, en las páginas más veloces hay ese tinte gris que se filtra como el humo, que deja traslucir ensueños que se adivinan pero que no se precisan. Fue la existencia de su autor una vida atormentada por aspiraciones elevadas que no pudieron realizarse; por sufrimientos físicos que no tuvieron curación; por sentimientos patrióticos que fueron atropellados con crueldad; y en todo esto hay un recóndito deseo de paz que se espera hallar en el descanso de la muerte. ¡Chopin tuvo un alma noble, fue un sincero patriota, un soñador romántico en un cuerpo de salud minada! Para él era más atractiva la ilusión que se viste con las galas del idealismo, que la realidad que transcurre con la indiferencia y !a frialdad de la lógica. Así se muestra en su música; música que debe ser ejecutada en su punto justo: Cuando se exageran los matices se ensombrece; cuando la dicción se altera se deforma su intención; para gozarla conviene el término exacto, el momento oportuno y afín el estado de ánimo propicio.

Se nos agrega, que Chopin, tenía de joven, un carácter amable, alegre y aristocrático, envuelto en una manifiesta timidez que le impedía conducirse como era; gustaba de la música popular, al grado que él mismo relata, en una de sus cartas, cómo fue capaz de pagar a una cantante del pueblo para que le hiciera oír una pieza que le agradó: Ésta afición suya quedaría muy marcada en su producción musical, en la cual trasciende con rasgos no precisos, sino sentimentales, como en sus mazurkas, polonesas, baladas, etc.

En 1825, con motivo de la visita a Varsovia del Czar Alejandro I, tocó ante éste, recibiendo en cambio una sortija de diamantes a la cual tuvo mucho aprecio. En este mismo año fue designado organista del Liceo y de la Iglesia de la Visitación.

Nos agrega Orta, que en 1826, después de haber recibido su diploma de bachiller, va a pasar junto con su madre y su hermana Emilia, (Murió de tuberculosis el 10 de abril de 1827) que como él estaba delicada de salud, una temporada a. los barios de Reinertz, (Durnzniki), y da dos conciertos de caridad.

A su regreso se inscribió en el Conservatorio y, al año siguiente, (1827), se presentó ya como pianista en Varsovia: Así inició su carrera de virtuoso que le dio tanto renombre, aunque él no gustase, por temperamento, de los públicos numerosos. En 1828 visitó Berlín: Una carta dirigida a sus padres nos pone al tanto de algunas de sus actividades en aquella ciudad, dice: «He escuchado primero, en la Academia de Canto, un oratorio; en la Opera, ‘Hernán Cortés» (de Spontini), «II matrimonio secreto» (de Cimarosa) y «el Buhonero» (de Onslow). He oído esas óperas con gran placer. Pero debo confesar que he sido cautivado por «La fiesta de Santa Cecilia», de Händel: Es lo que más se acerca al ideal de la música elevada, tal como yo lo llevo en el fondo de mi alma». Al día siguiente deben representar » «Freischütz», «es la realización de uno de mis más caros deseos».

En París, a causa del estado de ánimo que su pasión le produjo, Chopin llevaba una vida retraída, presentándose poco en sociedad y aún con sus amigos: Una enfermedad, (posiblemente resfriado agudo), que sufrió y que coincidió con esa forma de conducta, hizo correr la versión de que había muerto. El padre de María vio en esto un motivo más de temor para el casamiento de su hija, por lo cual continuó oponiéndose a sus relaciones. Fue en esta época que Lizst presentó a Chopin con la escritora Lucila Aurora Dupin, (Madame Dudevant), conocida bajo el pseudónimo de «George Sand»; la impresión que ésta le produjo es descrita así por Chopin: «He conocido a una gran celebridad, pero su cara no me es simpática, no me ha gustado nada. Incluso hay en ella algo que me repele». Por su parte, la condesa de Agoult se encargará de hablar con «George Sand» acerca de él, recalcando la gracia infinita con la que Chopin tose: «Chopin es el hombre más irresistible: Lo único permanente que hay en él es la tos».

Klassicaa.com nos recuerda, que Chopin llegó a París en el otoño de 1831, con una carta de recomendación dirigida al compositor Ferdinando Paër. Éste le presentó a los compositores Gioacchino Rossini y Luigi Cherubini, así como al célebre pianista Friedrich Kalkbrenner. Muy pronto Chopin se vinculó con los más destacados personajes del ambiente musical parisino: Frecuentó a Franz Liszt, Felix Mendelssohn, Hector Berlioz, Vincenzo Bellini, al fabricante de pianos Camille Pleyel, al director de orquesta Ferdinand von Hiller, al violonchelista Auguste Franchomme, entre otros. Friedrich Kalkbrenner organizó el primer concierto parisino de Chopin, que tuvo lugar el 26 de febrero de 1832 en la sala Pleyel. El éxito de esta presentación lo convirtió en una celebridad en la capital francesa.

De todos modos, Chopin pasó grandes penurias económicas durante sus primeros meses en París. Tras una epidemia de cólera a mediados de 1832, el músico estuvo a punto de salir de Francia. Pero un encuentro casual con el príncipe Valentin Radziwill, (para cuya familia había tocado en 1828), le abrió las puertas de la aristocracia francesa. Radziwill le presentó especialmente a un poderoso banquero, el barón de Rotschild. A partir de allí, los principales ingresos de Chopin provinieron de sus clases de piano. Además de convertirse en el profesor más popular entre las familias más adineradas de París, en 1832 Chopin firmó contrato con la firma Schlesinger, la editorial musical más importante de Francia. Sus entradas le permitieron entonces vivir lujosamente.

Definitivamente, como lo destaca Clásica.com, como hombre de su siglo, Chopin encarnó los caracteres del Romanticismo: sufrió pasiones contrariadas, se entregó al arte aún en los peores momentos de su enfermedad, y sobre todo, cultivó la vida interior. Su identidad se refleja en cada una de sus páginas: Ellas son fruto del equilibrio entre sus arranques de pasión y su respeto por las exigencias formales. Los más célebres pianistas han elegido interpretar la música de Chopin; hasta hoy, es uno de los compositores más interpretados en los conciertos del mundo. En su honor se fundó en 1927 el «Concurso Chopin» de Varsovia, que se ha convertido en una verdadera “competencia olímpica” de piano.

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