La triste realidad del Docente Universitario Venezolano

«La verdad del hombre empieza donde acaba su propia tontería.
Pero la tontería del hombre es inagotable.»

Antonio Machado

Es inconcebible como el Gobierno nacional que asegura y pregona que luchará por los derechos equitativos, justos de sus ciudadanos, no sepa gerenciar sus presupuestos y los distribuya adecuadamente en todos aquellos sectores que son requeridos desde la salud, vivienda, educación, por ejemplos y conlleve a generar un clima de inestabilidad en lo político, económico, cultural, social, que deja mucho que decir, especialmente, cuando su objetivo es tratar de consolidar un socialismo que beneficie a todos.

Lo cierto, que en el caso que nos concierne, es sumamente preocupante las constantes protestas que se manifiestan en su contra, reclamando sus justos derechos, como lo está realizando un sector sumamente importante para la educación venezolana, el de los docentes, que aportan sus conocimientos, experiencia en pro de capacitar, formar, preparar a los profesionales que Venezuela requiere para salir adelante y garantizar su desarrollo, conducir al país a un nivel económico seguro, en donde se garantice la calidad de vida de sus habitantes y se demuestra que se sabe administrar sus riquezas naturales para todos no para específicos ciudadanos que lo administran.

Cada día se incrementan la protestas de los docentes universitarios, específicamente los de las Universidades públicas, que se ven afectado por lo raquítico de sus sueldos, salarios, no acorde a la realidad de calidad de vida que son merecedores, además del irrespeto por partes de la autoridades de Gobierno, con respecto al pago de sus prestaciones, homologación de sueldos, deudas contraídas, dejando mucho que decir la eficiencia del manejo del gasto público, aunado al deficiente presupuesto que se le otorga a las universidades para su operatividad.

Para quienes hemos estado comprometido con la docencia por muchos años, es incomprensible como los gobiernos, para el caso venezolano, no se han identificado con el rol de las universidades y lo que estas pueden aportar en su planes, estrategias, objetivos que le favorezcan; todo lo contrario, sus acciones demuestran el poco interés por ellas, afectándolas seriamente en el rol que estas deben desempeñar, en pro de garantizar profesionales en sus distintas especialidades que favorezcan el desarrollo del país.

Hemos sufrido el abandono de parte del Estado a las universidades y desde luego, a sus docentes, quienes se han visto afectado seriamente en su calidad de vida, con sueldos, salarios no ajustados a la realidad económica del país, al costo de vida actual; además, de la ineficiente manera en que se le retribuye sus prestaciones, jubilaciones que han sido ganadas con el ejercicio de su función que le garantiza su derecho a una retribución justa por el servicio prestado, toda una vida entregado a ello.

Preocupa que ahora el actual gobierno, que ha dado paso a lo que se ha denominado Revolución Bolivariana, que pregona equidad, justicia social, respeto a los derechos, participación efectiva de sus ciudadanos en todos los roles que desempeñan a fin de garantizar un socialismo justo, descuide todo lo que la educación involucra, a sus actores, a quienes debe garantizarle sus derechos.

Ello ha conllevado a que afloren declaraciones como la Absalón Méndez Cegarra, cuando señala: Que nunca antes a los profesores universitarios se les había maltratado, agredido y vilipendiado como ahora; y, esto, ya es mucho decir, porque históricamente el profesorado universitario ha sido víctima del atropello de todos o de casi todos los gobiernos republicanos en Venezuela. La situación actual resulta inexplicable. El gobierno nacional se ufana y publicita hasta más no poder los logros en educación y la ampliación de la matrícula universitaria. No hay duda que cuantitativamente pueden mostrarse logros importantes, aunque, cualitativamente, no puede decirse lo mismo. Señalo que la situación de agravio al profesorado universitario es inexplicable, porque el mayor componente de colaboradores gubernamentales es egresado universitario y, en funciones de comando se encuentran preclaras figuras de la docencia universitaria, el mismo Ministro de Educación Universitaria es un joven profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Por otra parte, las universidades y sus profesores no han causado ningún daño al señor Presidente de la República para hacerse merecedores de tanta patraña, odio y malquerencia. El hecho que en algunas Casas de Estudios Superiores o Universitarios se discrepe de sus ideas, pensamientos y opiniones o del modelo socio-económico que desea establecer en el país, es propio y natural de una Universidad, en la que debe reinar el pluralismo y el debate abierto y franco de todo el pensamiento universal, por eso se les denomina Universidades. Al Presidente puede que le resulte difícil entender esta dinámica, pues proviene de un ambiente cerrado por naturaleza; pero, no debería suceder lo mismo con sus colaboradores, hasta ayer, universitarios defensores del debate y la confrontación científica, ideológica y política.

Nos agrega en su opinión Méndez un hecho cierto que cada día se manifiesta con gran intensidad, afectando seriamente no sólo a los docentes a su familia, sino a los alumnos, al país, el cerco presupuestario que el Gobierno ha estado haciendo a las Universidades públicas que no se le doblegan a su voluntarismo ni se someten pasivamente al nuevo catecismo que quiere imponer a los venezolanos. El eslabón débil de la cadena ha resultado ser el profesorado universitario. A los profesores universitarios se les niega todo, absolutamente todo. Los salarios que se perciben son de hambre, miserables, ligeramente superiores al salario mínimo. Por el contrario, las exigencias académicas y lo que se espera de un docente universitario son cada vez mayores, El Estado adeuda al profesorado prestaciones sociales acumuladas desde el año 1998, el incremento salarial del año 2008, diferencias de pago de bono vacacional y de fin de año, los ajustes en los beneficios socio-económicos no salariales, los acuerdos federativos; y, el incumplimiento sistemático de las Normas de Homologación; es más, en el presupuesto 2011 que con tanta euforia presenta el Ministro de Educación Universitaria, varias partidas han sido calculadas con salarios del año 2007, un verdadero crimen en un país donde la inflación pulveriza cualquier remuneración salarial. El Presidente de la República, como si nada estuviese sucediendo, y, para llenarse de gloria, aprueba unos recursos para las universidades y con ellos dice que se cancelan todas las deudas pendientes con las Universidades. El Presidente miente o lo obligan a mentir. Los recursos aprobados no alcanzan para cubrir lo adeudado.

La mayor cantidad será aplicada para pagar el engaño al que se sometió a obreros y empleados universitarios con la firma de la Normativa Laboral. El Presidente y su gobierno ahogan de hambre al profesorado universitario; pero los universitarios están acostumbrados a luchar, y van a seguir luchando hasta que el Gobierno dignifique la sagrada misión que la sociedad les ha encomendado. La lucha es permanente.

Ante esta triste realidad cuesta mucho aceptar como el presidente Hugo Chávez, militar de formación, con conocimiento de lo que las estrategias generan y ayudan a consolidar esa mente estratega en pro de los objetivos propuestos, descuide este sector de los docentes que constituyen a un significativo número de personas, muy especiales, porque en ellos están depositadas la formación de los ciudadanos que el país requiere.

Son ciudadanos que pueden desempeñar un rol importante en sus aspiraciones de reelección y a quienes los debe tratar con más dignidad, hacerle valer sus derechos a demostrarle, que el Socialismo que pretende instituir es una realidad de justicia, equidad, trato justo, que no es una utopía, para ello debe velar que estos hechos no se sigan dando más y restituir la vilipendiada dignidad del docente universitario.

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