Las máscaras que usa la gente

A través de la historia de la humanidad se ha escrito mucho acerca de las formas cómo los pájaros, peces y otros animales identifican, delimitan y defienden sus espacios físicos. De acuerdo con los resultados de las investigaciones sociales se ha puesto de manifiesto que el ser humano también tiene sus territorios propios. Cuando se pudo comprobar este fenómeno, se comprendieron los resultados y además trajo como consecuencia la profundización enorme de la interpretación de la conducta propia y de la ajena, así como también se pudieron predecir las posibles actitudes de los demás ante sus semejantes. Estos espacios representan para las personas como un territorio propio, como si fuese una extensión de su cuerpo. Dentro de cada uno de estos espacios se implanta un proceso de comunicación utilizado en cada caso en particular, en donde se demostraba que las comunicaciones entre la gente se efectuaban más por medio de los gestos, posturas, posiciones y distancias relativas que por cualquier otro método. En ese grupo de comunicaciones no-verbales, las expresiones faciales tienen un lugar de mucha importancia y los investigadores de este proceso de comunicación han llegado a la conclusión siguiente: «el rostro que se ofrece al mundo exterior es raramente el verdadero rostro».
Charles Chaplin y muchos comediantes del cine, cuando era mudo; se constituyeron en los verdaderos pioneros de las artes en los procesos de comunicación no-verbal: era la única manera de interacción disponible desde la pantalla. Los actores eran buenos o malos según el uso de sus expresiones, gestos y de otras señales corporales para comunicarse.
Se transmite una cantidad asombrosa de mensajes, a menudo subconscientemente; mediante reveladores movimientos de cabeza, expresiones faciales y la de los ojos. ¿Cuál es la respuesta de Ud. cuando su interlocutor baja la vista o mira hacia otra parte y rehuye su mirada? ¿Cuál es su percepción cuando esa persona inclina lateralmente la cabeza y frunce el ceño? ¿Y que siente cuando alguien levanta la cabeza, le sostiene la mirada y le sonríe con auténtica cordialidad?. También cualquier proceso transaccional debe tener presente las señales visuales que transmite. ¿Es intensa o tranquila su expresión? ¿Es seria o sonriente? ¿Es enérgica o temerosa?. No siempre esas expresiones faciales son mejores que las demás: sólo son diferentes máscaras. Las distintas expresiones faciales (máscaras), igual que el movimiento de la cabeza, ratifican o niegan el significado de lo que usted intenta comunicar. Un alto porcentaje de la gente se pone «máscaras» cuando van a hablar con sus semejantes.
La utilización de diferentes «máscaras» en los procesos comunicacionales, los investigadores del comportamiento humano lo han denominado como: «El Enmascaramiento». Entendiéndose como tal –de acuerdo con J. Fast- como los métodos con los que las personas defienden sus zonas personales. Como fue señalado en párrafo anterior el rostro que se ofrece al mundo exterior es raramente el rostro genuino. Puede considerarse como una posición actitudinal extraordinaria, casi difícil de encontrar; mostrar por medio de las expresiones faciales o en el comportamiento las emociones auténticas. Un alto porcentaje de la gente recurre, en forma contraria, a una detallada norma en referencia a las expresiones de los rostros y de los cuerpos. Sobre esta realidad el Dr. E. Goffman en su best-seller «Behavior in Public Place» afirma lo siguiente: «Que una de las pruebas más evidentes de dicha disciplina es la manera con que cuidamos nuestra apariencia personal, las ropas que elegimos, los peinados que adoptamos». Todos esos hábitos forman parte del «enmascaramiento» normal de las personas. Cada una de esas «máscaras» representa un mensaje en el lenguaje corporal a los amigos y relacionados.
Otros especialistas señalan que existen momento en la vida de la gente, como por ejemplo; el uso de los trenes subterráneos en las horas puntuales, en donde las cuidadosas máscaras que normalmente son utilizadas se descuidan y «en una especie de temporal, descuidado y auténtico agotamiento» se muestran tal y como realmente son. Se dejan al abandono las defensas y por extenuación o por exasperación, se olvidan de enviarles mensajes disciplinarios a los rostros. Trate de hacer alguna reflexión sobre el «enmascaramiento» en la aglomeración del autobús, del metro o al momento de hacer cola para entrar a un avión que está pronto a despegar. Mirando en todas las caras cómo en esos instantes se proyecta al desnudo el verdadero ser humano. ¡Día a día, se oculta a ese desnudo ser humano!. Se desarrolla un control pernicioso para que los cuerpos no pregonen mensajes que las mentes humanas por descuido no quieren ocultar.
Existen muchas ocasiones en que esas máscaras se derrumban. El desprenderse de la máscara enseña mucho sobre la necesidad de usarla siempre. En las organizaciones donde se brindan servicios de salud mental la máscara muchas veces cae. El enfermo mental, igual que la persona senil, puede dejar a un lado las máscaras usadas con mayor frecuencia. El enmascaramiento no tiene capacidad de esconder las reacciones involuntarias. Una situación de tensión hace transpirar y, no es posible disimularlo.
¡La necesidad de enmascararse es en ciertos casos tan profunda que se impone automáticamente y resulta imposible dejarla caer!.

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