Para los venezolanos las navidades es la época ansiada cada año, una especie de rito que prepara a la familia al reencuentro y recuento de los éxitos, amarguras y sinsabores de esos 365 días, cuando cada uno a partir del trabajo honesto, el estudio y los deberes ciudadanos, ensaya afrontar la realidad, que esta vez en cada hogar dará lugar al debate de cómo sobrevivir en la economía de la subsistencia.

De aquel noviembre 2013 donde el inefable presidente obrero juró defendernos ante la especulación, mediante el dakazo que oficializaba el saqueo de electrodomésticos y otros enseres, hasta el presente 2016, han transcurrido 3 años donde la economía hogareña ha rodado cuesta abajo a niveles jamás conocidos, en cuanto a carencias, desabastecimiento y pobreza, como consecuencia del bolívar perforado por la inflación.

Y es que las navidades 2016 se han convertido en una tragicomedia  iniciada por un gobierno, que manipula las fiestas de fin de año para crear un falso clima de felicidad y de paraíso revolucionario, ya que en aeropuertos, Metro, terminales de pasajeros, en toda institución pública, calles y avenidas, aparecen arbolitos, pesebres e incluso hasta el oligarca San Nicolás, otrora rechazado por representar la cultura burguesa.

La terquedad gubernamental en decretar la felicidad, choca brutalmente cuando el funcionario público de gobernaciones, alcaldías y ministerios, trabajadores de empresas del estado, el obrero de la fabrica como decía el cantor de Paraguaná, el bedel de la escuela, el profesor universitario, pasan por taquilla a cobrar su bonificación de fin de año, llámese aguinaldos o utilidades, y constatan que se han convertido en una caricatura de fajo de billetes, con los que poco o nada pueden resolver siquiera para la dieta alimentaria.

Así es la triste realidad, la bonificación de fin de año era utilizada otrora para adquirir electrodomésticos, la inicial de un vehículo, aporte para la adquisición de una vivienda digna, hoy está destinada solo para aportar al pote de la comida o reparación de un malgastado bien familiar, ya que ni para comprar una lavadora chacachaca o una nevera china será suficiente.  

Efectivamente, se rompió toda relación entre salario y poder adquisitivo, lo que hoy tristemente sufrimos con las exiguas utilidades, lo percibe el trabajador jubilado cuando recibe las prestaciones sociales ganadas luego de 25 a 30 años de labor en el sector público, no les alcanza ni para comprar una nevera o cualquier bien para la vida decente.

Estas navidades serán muy duras, estarán marcadas por la ausencia del hijo errante quien tuvo que emigrar buscando un futuro mejor, por la desmoralización de no poder siquiera lograr la cena navideña, mucho menos los estrenos, juguetes, complemento de toda noche buena en cada hogar venezolano. Serán al mismo tiempo propicias para la reflexión del viejo refrán “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, con la que iniciaremos las esperanzas de cambio más temprano que tarde

 

Froilan Barrios Nieves                                                                                                         Movimiento Laborista