El Presidente Chávez decidió solicitar el ingreso al Mercosur – y retirarse de la Comunidad Andina de Naciones – más como un gesto político que como una medida económica bien pensada que pudiera darle buenos dividendos a Venezuela. No importaba en ese momento si la economía venezolana se beneficiaba o no, sino que lo único que se tomaba en cuenta era poder fortalecer políticamente un bloque de naciones en donde se reunían presidentes amigos. Además, Venezuela se pensaba a sí misma como un país suficientemente rico como para permitirse esos lujos. El petróleo se vendía a buen precio en el mercado internacional y la captura de mercados externos, tan vital para otras economías, no parecía relevante para un país y para un gobernante que se suponía tocado por la mano de Dios.

Pero como la rueda de la historia está en permanente movimiento, resulta ahora que esos presidentes a los cuales se le dieron tantas pruebas de amor ya no están en el poder en sus respectivos países, los nuevos presidentes ya no son tan amigos, y la situación económica de Venezuela pasa por una crisis en que se echan de menos con desespero los mercados externos que nunca se trataron de conquistar con seriedad. Fatal error de una diplomacia que confiaba más en las relaciones personales entre ciertos personajes transitorios en la historia de cada país, que en las relaciones más profundas y permanentes que se pudieran establecer entre las respectivas sociedades.

A Argentina las ventas por parte de Venezuela ascendieron en el año 2015 a la modesta suma de 6.5 millones de dólares. A Paraguay se exportaron ese año 3.5 millones de dólares. A Uruguay el monto de las exportaciones fue un poco mayor, llegado a 199 millones de dólares. A Brasil es el único país con el cual hay un nivel de comercio más significativo, aun cuando en franco retroceso de año en año: las exportaciones hacia ese país llegaron a 680 millones de dólares en el año 2015, después de haber alcanzado niveles que duplicaban esta última cifra en años anteriores.

Ahora, a esta pérdida de comercio se agrega el hecho de los cuatro países que conformaron originalmente el Mercosur, han postergado de hecho la entrega de la Presidencia pro tempore de dicho bloque a Venezuela. Ese cargo tiene muy poca importancia política. Es un cargo meramente de carácter administrativo. Pero el resistirse a que Venezuela asuma ese cargo – o el postergar la entrega del cargo aun cuando sea por un par de días- sí que tiene una tremenda importancia diplomática. La diplomacia es un ámbito de la política en que las cosas muchas veces no se dicen con palabras, sino por la vía de pequeños gestos o de pequeños símbolos, que dan a entender precisamente lo que no se quiere decir con palabras. Y con ese gesto de reunirse para discutir si le entregaban o no la presidencia a Venezuela – cuestión que nunca había sucedido con ningún país – ya se estaba diciendo a gritos que Venezuela no goza de universal simpatía al interior de ese bloque sub regional. En segundo lugar, al postergar la entrega de ese cargo, aun cuando sea por un mero par de días o de meses, se le está diciendo a Venezuela que no la quieren, que no confían en ella, que no se sienten representados por ella ni siquiera para esas formalidades administrativas que requieren de alguien que se encargue de esos menesteres por un período de seis meses. La reunión del lunes, por lo tanto, y lo que allí sucedió, no es solo una derrota diplomática coyuntural para Venezuela, sino una derrota estratégica de todo lo que se tenía en mente cuando se solicitó el ingreso a ese bloque de naciones.

Además, Venezuela se jugó porque esa presidencia se la entregaran cuanto antes, y postuló abiertamente que no hacerlo violaba las normas de esa organización, lo cual puso de relieve ante todo el mundo que quería a toda costa que no se tomara la decisión que se tomó. Se arriesgaron a una derrota diplomática y la lograron plenamente. El conversar, el negociar, el buscar acuerdos, el crear climas de entendimiento, no es la tónica de la diplomacia venezolana. Pero esta vez, la diplomacia de los micrófonos, de los hechos consumados, de la matonería, de las frases altisonantes, que le daba ciertos buenos resultados al Presidente Chávez, le ha dado pésimos resultados a la Canciller Rodriguez.

En definitiva, Venezuela sacrificó inicialmente, al entrar al Mercosur, el comercio para ganar amigos, pero se quedaron a mediano plazo sin comercio y sin amigos.  O, en otras palabras, sin el chivo y sin el mecate.