Miren por donde vamos…

Lo que esta ocurriendo en Honduras es realmente preocupante, en especial por las lecturas que hay que darle: a) por una parte se impone condenar cualquier vía de fuerza empleada a los fines de truncar un mandato presidencial. No ha discusión, nos movemos en un marco democrático cuyos valores y garantías debemos preservar, en aras de lograr la paz y la convivencia ciudadana y b) pero por otra parte se encuentra el tema de la “reelección indefinida” que han agarrado como “moda”, en cuyo objetivo se alejan los gobernantes del orden constitucional.

El caso Honduras tiene mucha tela que cortar: a Manuel Zelaya se le terminaba el periodo y en noviembre próximo había elecciones, por lo que a la usanza venezolana, propone una consulta popular refrendaría, a través de la cual se apruebe la reelección indefinida y así poder postularse nuevamente. Pero a diferencia de Venezuela, en Honduras, existe división de poderes: el Legislativo y Judicial, declararon inconstitucional la solicitud, en razón a que la Constitución no prevé tal reelección, preservando la alternabilidad democrática (igual en Venezuela). Sin embargo, Zelaya decide colocarse al margen de la ley, celebrando la consulta. Hecho tan inconstitucional, como el golpe de estado.

Esta moda (cual Coco Chanel) la comienza Hugo Chávez en Venezuela en connivencia por sus adláteres poderes públicos. Utilizaron la vía refrendaría para cambiar un punto sustancial en la vida democrática venezolana, como es la alternabilidad de los poderes públicos. Constitucionalmente “inaceptable la reelección indefinida”, había que convocar una asamblea nacional constituyente. Pero, ¿Por qué no lo hacen, teniendo tanta popularidad como pregonan? Porque para hacerlo deben convocar a unas elecciones para elegir a los constituyentistas, escenario plural que no le conviene a la arbitrariedad. Le sigue Uribe que logra el cambio con el apoyo legislativo.

Pero Manuel Zelaya no contó con el mismo apoyo de las cúpulas. Entonces, se coloca al margen de la ley y lo impone. Las Fuerzas Armadas reaccionan, destituye al Ministro, quien es restituido por la Corte Suprema de Justicia y es quien lo saca del poder. Pero los militares no actuaron solos, actuaron con el apoyo de los poderes públicos. La Asamblea Nacional: designa nuevo Presidente, ratifican las elecciones en noviembre y frente a las amenazas de Venezuela, se retiran del ALBA. Los poderes públicos están compactos en la legalidad de sus actos.

El repudio internacional no se hizo esperar. Todos los países condenaron el golpe. Pero ninguno, como Venezuela, que amenazó con intervenir militarmente y pretende que la ONU lo haga. Es decir: “una guerra”. Resulta que para sacar a Zelaya no ha habido los muertos, que los habrá con la intervención militar.

La amenaza de Chávez de invadir Honduras, quedará como la demás: “incumplida”. Porque el problema de Honduras debe resolverse entre los hondureños y sus poderes públicos. ¿Cómo exige el Presidente Chávez que no intervengan en la política venezolana, cuando el primer entrometido es él?

Reflexión: ese empeño de nuestros Presidentes en postularse cuantas veces quieran, no por hecho de poder hacerlo, porque siempre será electoralmente, sino, por el estilo de gobernar distante de los valores democráticos, a través del control de los poderes públicos, (electoral) y de la maquinaria del partido: “único”, el “único” que da cargos, becas y todo, garantía de su “reelección”.

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