Nos acostumbramos

FERNANDO SÁNCHEZ ARIAS
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Ayer tome conciencia de una triste realidad: nos acostumbramos. Nos acostumbramos a las cosas buenas y desafortunadamente nos acostumbramos también a las cosas que están por debajo de los estándares mínimos aceptables para un país como el nuestro.
Nos acostumbramos a que nos atiendan mal en cualquier establecimiento; a que Hidrocapital o Hidrolago no sean capaces, por errores de planificación e infraestructura, de lograr que nuestras casas reciban el volumen y caudal necesarios para que no tengamos que pagar un camión cisterna que traiga el agua que estas instituciones deben proveer; nos acostumbramos a los huecos de las calles y a la carencia de iluminación y señalización en las mismas; nos acostumbramos a los funcionarios públicos corruptos, que esperan siempre un soborno para hacer el trabajo por el cual fueron contratados; nos acostumbramos a que miles de venezolanos y venezolanas mueran en nuestros hospitales y ambulatorios por no contar con los equipos médicos y humanos; nos acostumbramos a no poder salir de nuestras casas a determinadas horas por el temor a que nos atraquen, secuestren o asesinen; nos acostumbramos a ver a la gente botar basura en la calle, como si la ciudad fuera un cesto de basura; nos acostumbramos a ver infringir las normas y señales de tránsito, a ver cómo se conduce ingiriendo alcohol, sin cinturón de seguridad, excediendo la velocidad prudente, atentando contra la vida de otros; nos acostumbramos a ver niños, jóvenes, adultos y mayores en las esquinas y semáforos pidiendo limosna; y así nos acostumbramos a muchas cosas que no deberíamos aceptar.
En un país con las riquezas materiales, naturales y humanas con las que hemos sido bendecidos, es preciso dejar de acostumbrarse, dejar de aceptar estas faltas de respeto y consideración a nuestra ciudadanía y dignidad, y comenzar a cumplir nuestros deberes como padres, hermanos, hijos, empresarios, trabajadores, amas de casa, maestros, estudiantes, funcionarios del gobierno, políticos y ciudadanos en general, para después poder exigir los derechos por aquellos servicios y condiciones que garanticen una alta calidad de vida en Venezuela.

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