Política y Economía

Son parientes muy cercanos. Casi hermanos. Tanto, que en los inicios, cuando la economía se forjaba como ciencia, se le llamaba Economía Política. Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus, John Stuar Mill, quienes le dieron estatus de ciencia a la economía la llamaban así. En realidad tal denominación obedecía, a que se ocupaba, esencialmente, del estudio tanto de los efectos, como de la pertinencia de medidas del sector gubernamental. De otro lado, la ejecutabilidad de cualquier medida de naturaleza económica le corresponde siempre al estamento político, claro, mas en concreto, a quien esté al frente de los destinos de una Nación. 


Recientemente, la política en el País ha estado muy movida. Circunstancias, unas, con epicentro local, otra, más allá del Pacifico, impactan variables claves del devenir económico.


Una de ellas, es la decisión tomada por la Corte Penal internacional -CPI-Su impacto sobre el acontecer económico local en el muy corto plazo es evidente. Claro, la CPI no sentenciará la semana proxima o el año que viene. Nada más engorroso que esos «lapsos procesales» de jurisdicción internacional.


Entiendo, que lo que se aprobó fué, según el informe que elaboró la exfiscal Fatou Bensouda, la manifiesta negligencia tanto del poder  Ejecutivo, el Judicial y el Ministerio Público de investigar y sancionar delitos cometidos que califican de lessa humanidad, inaccion jurídica, en el léxico del derecho. Ese informe deberá ser ratificado o no por el nuevo fiscal, y luego, el juicio retomará su propio curso legal. Todavia no hay imputación de delitos y en consecuencia dictamen sancionatorio. Esto hay que decirlo para no generar falsas expectativas de rápidas soluciones. Pero, desde luego, un informe de ese color, manda un mensaje poderosisimo a actores económicos claves, sobre todo a potenciales inversores, fundamentalmente foráneos, claro, tambien locales, acerca de una situación de extrema inseguridad jurídica  que enturbia, aún más, el «clima de negocios» en el Pais. Sin seguridad jurídica ninguna economía funciona bien. Ninguna.  Si el gobierno contaba con un relanzamiento de la producción basada en capitales extranjeros de paises afines, creo que se le aguo la fiesta. Nada más cobarde que el dinero. Y mucho más en tiempos que son muchas las naciones que dan todo tipo de facilidades y seguridades para con ahorro internacional acometer planes de desarrollo nacional.


De otro lado, mas pegado al Atlántico, en México más exactamente, se escenifica un dialogo gobierno-oposición, que también, tiene efectos sobre el desempeño económico nacional, sin restar importancia  a las elecciones regionales que habrán de realizarse el 21/11 de éste año.


Creo pertinente, desde una óptica pedagógica con fundamento en la política, tomar prestada una frase de Rómulo Betancourt para abordar el punto en cuestión,  quien decía: «el pueblo en abstracto no existe».  Y es  verdad. Existe pueblo organizado en partidos, asociaciones de diversa índole y afines. En lo que toca a ese mundo ancho y espacioso de lo  económico el hecho, o los 2 hechos  que considero afectan muy especialmente, a los poseedores de capital, los que tienen con que invertir, los que pueden montar empresas, adquirir maquinas y equipos y crear empleos. Ellos se forman sus expectativas en base a un «sistema integrado de información»; Robert Lucas, nobel de economía, decía, en «base a toda la información disponible». No sobre un solo aspecto de ella. Y en ese orden de ideas hay mucha información que juega en varias direcciones, lo que determina expectativas negativas e inhiben a actores económicos claves a actuar. Por citar solo los dos señalados,  de un lado tenemos ese nuevo intento de dialogo gobierno-oposición; es positivo, política y económicamente. Ahora, salvo los optimistas en demasía, pocos creen que la crisis política se resolverá ahí. Ojalá acuerden. Lo veo muy complicado, pero… ojalá; de otro lado, están  las  elecciones regionales en razón que se venció el lapso constitucional a quienes ejercen Gobernaciones y Alcaldías. Tales elecciones regionales podrían constituir una gran oportunidad para enviar una positiva señal a actores económicos fundamentales, cosa que no sucedió. A ver: la oposición formal, representada en el llamado G-4 -AD, VP, UNT y PJ- con un porcentaje de valoración positiva inferior al 15 % según sondeos de opinión serios, se negó a elegir candidatos mediante la participación de la ciudadanía para garantizar votos y triunfo, por el contrario, optó por un acuerdo cupular repartiéndose al País en alícuotas según sus particulares y mezquinos, las mas de las veces, intereses. Envía un pésimo mensaje.  Resulta obvio que quienes dirigen nacionalmente la oposición al régimen no están a la altura de lo que exige la megacrisis que padecemos. Cuestión grave para eso que en economía se llama «formación de expectativas». Nada que ver, por ejemplo, con la denominada generación del 28 del siglo XX que se enfrentó y derrotó al «gomecismo», contribuyendo decididamente, con la instauración de la llamada República Civil a partir de 1960.


Finalmente, al principio, referiame a eso que denominé la ejecutabilidad de la política económica en el análisis de la relación política y economía. Veamos tal cuestión ejemplo mediante.


El gobierno anunció un par de días atrás  que la banca pública dará créditos en petros, convertibles en moneda extranjera, para relanzar la producción. Resulta claro, que sin acceso a moneda dura, el dólar, por ejemplo, es imposible lograr reestablecer el tejido empresarial privado y sin éste, imposible también, lograr crecimiento económico y mejoramiento del nivel de vida del venezolano. Ahora, el tipo de medida económica, al fin y al cabo, la toma quienes ejercen el poder, esto es, el factor político. Al gobierno pretender resolver la sequía en dólares del sector empresarial privado mediante el canje petros-dólares, pues, condena al más rotundo fracaso el propósito de su política. Las posibilidades que un dueño de empresa acuda al mercado internacional de divisas a entregar petros y que a cambio le den dólares es nula. Nula. Luego, se identifica bien el problema pero sé opta por un instrumento de política económica que no procede.  Hay otras vías. Pero el gobierno, esto es, el factor político, escogió el peor, el que no tiene opción de concretar el objetivo. Solo cuando el factor político se alinea correctamente con un manejo económico eficiente las sociedades ganan, significando en la práctica, aumentos sustanciales en los niveles de vida del  común, objetivo supremo, por cierto, a alcanzar. Tanto para la política como para la economía, es el hombre en su sentido genérico, el bien común, pués,  su fin último. O, debería.

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