¿Puede usted juzgar una pintura? (II)

En la pasada entrega se hizo una introducción al tema, que considero necesaria para su apropiado entendimiento.
Cuando las primeras bases de la Psicología comenzaron a echarse, ella, como tal, por supuesto que no existía. Pero cuando algo nuevo surge en el saber humano, hay que asignarlo a alguna rama de ese saber que ya existe. Y se empezó por asignar esa naciente disciplina al mundo de la Filosofía. Hoy día la Psicología es una rama de la ciencia, una disciplina, con su espacio propio, independiente de la Filosofía. Considero que lo mismo está pasando con ciertas manifestaciones del arte, como las mencionadas en el pasado artículo.

Trabajos de gran valor como los mencionados, en lo que a mí se refiere, no son, por definición, obras de arte; ¡son otra cosa! Tal vez, más adelante, pertenezcan a una rama del saber cuyo objetivo sea expresar conceptos, situaciones, ideas…de gran complejidad, sin decir una sola palabra. Y esa rama tendrá su propio nombre, en correspondencia con lo que trata y con lo que persigue, y tendrá sus cultivadores que no tendrán que ser sólo artistas plásticos. Y el arte continuará siendo lo que es y lo que ha sido desde la prehistoria: algo relacionado con la proporción, la forma, el ritmo, el color, la armonía, el balance…

Hasta aquí el preámbulo al tema de juzgar una pintura. Comenzaremos, a continuación, con la cuestión técnica relacionada con la creación de una obra de arte pictórica.

Las obras de arte pictóricas son bidimensionales: se ejecutan sobre una superficie plana. Genéricamente se dividen en dos tipos: figurativas y abstractas. Ambos tipos se componen de decenas de tonos que van desde el franco claro hasta el franco oscuro. La diferencia entre ambas consiste en que, en las figurativas, los varios tonos se combinan de tal suerte que forman figuras concretas, como objetos o personas, mientras que en las abstractas, no. Un gran porcentaje de las obras tiene una estructura intermedia entre lo figurativo y lo abstracto. Cualquiera sea el tipo, sin embargo, los principios para estructurar una pintura de calidad son los mismos, como veremos más adelante. En la ilustración que acompaña a este artículo se puede ver, arriba, un cuadro abstracto y, abajo, uno figurativo.

La pintura abstracta, la medianamente abstracta, o la figurativa con objetos o personajes pintados intencionalmente deformados o apenas acabados, suelen causar incertidumbre en quienes no viven en contacto con el mundo del arte. Se imaginan que no entienden lo que ven, o que deben ver algo específico que el artista quiso transmitir; pero que, por su ignorancia del asunto artístico, no pueden captar. Es cierto que si, por ejemplo, aparece una manifestación artística nacional o internacional consistente en pintar rostros inacabados y sin nariz, valdría la pena saber el por qué de semejante onda. Pero eso no es necesario, en absoluto. Es más, ni siquiera un conocedor del arte sabría el por qué de esa manifestación si no lo pregunta; con sólo ver rostros apenas bosquejados y sin nariz no podría deducir el significado. Lo cierto del caso es que el único capaz de entender lo que el autor de una pintura abstracta, o figurativa pero con figuras extrañas e inacabadas, quiere transmitir, es sólo el mismísimo autor. Nadie más. Cuando veamos los diferentes principios para estructurar una obra de arte, abstracta o no, nos daremos cuenta de que la obra, simplemente, debe tener un impacto visual convincente en el espectador; un impacto de que lo que tiene ante sí tiene calidad, de que los elementos que componen la obra están en su puesto, en armonía, aunque a nivel subjetivo al espectador no le agraden los sentimientos que en él genere lo que ve. Aunque tenga ese impacto visual positivo que da la calidad, la obra pudiera generar en el espectador repulsión, miedo, tristeza…Y eso es todo. Una obra tiene que estar técnicamente bien, y es inevitable que cause alguna reacción emocional, agradable o desagradable. No hay más nada que entender. Usted no es un ignorante si no puede ir más allá. Una obra de arte no es un problema de matemáticas, o de cualquier otra disciplina, que el espectador tenga que resolver y al cual deba darle una solución que coincida con la de quien elaboró el problema. A usted sólo le toca sentir si lo que tiene enfrente de sí está bien hecho y dejar que sus sentimientos vayan en la dirección que quieran ir. Es como cuando usted ve un edificio: aunque usted no sepa nada de diseño de edificios, se dará cuenta, independientemente de si el edificio le guste para vivir o no, si fue diseñado por un profesional de la arquitectura o por un constructor empírico. Así de simple.

En el próximo artículo empezaremos a ver los principios técnicos que se han de seguir para hacer una buena pintura. Las leyes que rigen la pintura canalizan la creatividad de un pintor hacia la estructuración de obras que vale la pena ver, aunque subjetivamente generen en nosotros sentimientos encontrados. Uno puede, como pintor, irrespetar o ignorar esas leyes; pero si lo hace, la pintura de uno resultará convincente sólo a uno mismo.

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