Ronald Balza Guanipa|- Desde 2003 hasta la fecha, han sido utilizadas distintas medidas para asignar un precio al dólar no oficial. Se le vinculó con los ADR de la CANTV antes de su privatización en 2007, con la permuta de títulos públicos antes de la exclusión de las casas de bolsa en 2010, con la relación entre liquidez monetaria (M2) y reservas internacionales (R) hasta 2013 y con el mercado de bolívares en Cúcuta hasta la fecha. Cada una de ellas es imperfecta pero, en ausencia de otras mejores, se convirtieron en referencias para quienes no tuvieron acceso a dólares en los mercados oficiales y para quienes fijaron sus precios a productos importados.

También, seguramente, sirvieron de referente para quienes hicieron del diferencial entre estas referencias y los tipos de cambio oficiales, fuente de enriquecimiento acelerado.

Examinemos los últimos cinco años. Para junio de 2010 dolartoday.com registró, en promedio, unos Bs. 7,97 como precio de un dólar en Cúcuta y calculaba en Bs. 8,94/US$ el cociente M2/R. A estas medidas, denominadas respectivamente “Dólar Cúcuta” y “Tipo de cambio implícito” añadieron una tercera: el promedio simple de las anteriores. Durante un tiempo, dolartoday.com consultó a sus usuarios cuál de las tres medidas representaba mejor el precio del dólar paralelo. Es interesante observar que hasta diciembre de 2014 se presentó el promedio. Pero luego, quizás por la brecha creciente entre el implícito y el de Cúcuta, se eliminó.

El pasado 9 de marzo de 2015 el implícito publicado fue de Bs. 88,11 , mientras que el Dólar Cúcuta fue de Bs. 243,04/US$. Desde septiembre de 2013, cuando ambas referencias rondaban los Bs. 42/US$, el implícito llegó a ser superado por el Dólar Cúcuta, que aceleradamente le sacó ventaja. Como consecuencia, la referencia dejó de ser el implícito y hasta los promotores del SICAD II se atribuyeron la efímera caída del dólar “guarimbero” en marzo de 2014, mencionando cifras coincidentes con las del Dólar Cúcuta. Pero en febrero de 2015 los promotores del SIMADI hicieron otro tanto, al anunciar como primer precio del nuevo sistema uno más cercano al dólar Cúcuta que al implícito.

Así aparecen varias preguntas relevantes: ¿cómo se forman estas referencias?; ¿por qué son aceptadas?; ¿cómo pueden ser utilizadas para estabilizar el régimen cambiario? A continuación, algunas ideas.

1. El piso y el techo del precio del dólar. Al establecer un control de cambios, el gobierno fija un piso al precio del dólar (o varios pisos, siendo el control es de cambios múltiple). Pero no puede colocarle un techo. Si hay demandantes que no pueden comprar al precio oficial y están dispuestos a pagar más, necesitarán un mecanismo de coordinación que facilite sus transacciones. Un mecanismo que debe fundamentarse en reglas simples y verificables, ofrecer información diaria, gratuita y de acceso general, y, hasta cierto punto, responder a las expectativas (generalmente negativas) de los excluidos.

La ecuación M2/R cumple con todas estas condiciones, porque refleja algunas preocupaciones elementales utilizando información oficial: tanto el crecimiento de M2 como la caída de las reservas desde 2005 fueron consecuencias de una política fiscal peligrosamente expansiva. Además, conviene resaltar que aunque M2/R relacione información relevante, sólo puede considerarse precio del dólar cuando es mutuamente aceptado como tal por compradores y vendedores.

En sentido estricto: M2/R no es más que la tasa a la cual el Banco Central de Venezuela retiraría la totalidad de la oferta monetaria (generada por él y por los bancos emisores de depósitos) a cambio de la totalidad de las reservas internacionales. Una operación que podría realizarse sólo una vez, porque luego desaparecerían tanto el bolívar como el BCV.

Pero no todos los bolívares de M2 se cambian por dólares. Las divisas vendidas provienen del petróleo, de préstamos, de inversiones extranjeras y de potenciales oferentes privados que demanden moneda nacional. Y las reservas internacionales son las divisas que, justamente, el BCV no vende durante el período considerado.

Sin embargo, reducir M2/R, eliminando el FONDEN e incrementando las reservas, pudo tener impactos favorables inmediatos sobre el dólar paralelo antes de 2013, pero ahora no. Desde fines de 2013 la nueva referencia es el Dólar Cúcuta, que depende más de la demanda y la oferta de bolívares en la frontera que de las reservas internacionales.

2. ¿Quiénes necesitan bolívares en la frontera? La demanda de bolívares responde principalmente a motivos transaccionales, puesto que su pérdida esperada de valor reduce su uso con fines precautelativos o especulativos. Ciertos eventos estacionales, como el pago de impuestos nacionales, pasivos laborales y deudas bancarias, podrían incrementar la demanda de bolívares (o reducir su oferta) hecha por residentes para sus transacciones habituales.

Sin embargo, otro motivo transaccional puede ser determinante: los contrabandistas también demandan bolívares para la exportación ilegal de gasolina y otros bienes.

Por brevedad, consideremos sólo el caso de la gasolina. No hay revendedores de gasolina dentro de Venezuela, pero sí cruzando sus fronteras. A pesar de haberse fijado el precio por debajo del costo medio de producción, la oferta de gasolina ha sido suficiente para impedir la existencia de mercados negros en el territorio nacional. Sin embargo, entre 2013 y 2014 PDVSA ha estimado un contrabando de combustibles por el orden de 45.000 a 100.000 barriles diarios, cuyo precio en bolívares no ha cambiado desde 1999. La pérdida de valor del bolívar durante los últimos años es lo que le ha permitido a los vecinos demandar la misma cantidad de gasolina a cambio de una cantidad cada vez menor de sus propias monedas y, por tanto, de dólares.

Aunque el contrabando de gasolina también puede ocurrir hacia las islas del Caribe, Guyana, Brasil y distintos poblados colombianos, haciendo necesaria la demanda de bolívares para su compra en Venezuela, no conocemos el precio del bolívar en las monedas de los vecinos en cada punto de intercambio. Sólo conocemos el precio del bolívar en Cúcuta, convertido a dólares, tal como lo registra dolartoday.com a partir de información que atribuye a “casas de cambio (legales)”.

Dada la importancia de esta referencia, es de interés considerar el tamaño relativo de Cúcuta y de San Cristóbal con respecto a sus respectivos países. Según su Alcaldía, la población en la Cabecera del Municipio de Cúcuta cayó de 612.273 habitantes en 2010 a 593.952 en 2013. Según el Censo 2011 del INE, 264.173 habitantes vivían en el Municipio San Cristóbal, asiento de la capital del Estado Táchira y del 22,6% de su población. Casi el 1% de la población venezolana vivía en San Cristóbal en 2011. Poco más del 1% de la población colombiana vivía en Cúcuta en 2013. El tránsito entre ambas ciudades es facilitado por el Puente Internacional Simón Bolívar a cuyos extremos se encuentran la Aduana de la Villa del Rosario y el Destacamento Fronterizo de la GNB en San Antonio del Táchira. Desde la Aduana hasta Cúcuta hay 13,1 Km, y desde el Destacamento hasta San Cristóbal 41,7 Km.

Obviamente, todo el contrabando no ocurre hacia Cúcuta, así como no todas las transacciones entre tenedores de bolívares y pesos ocurren en Cúcuta. Sin embargo, lo que ocurre en esta ciudad envía la única señal generalmente aceptada en Venezuela sobre el comportamiento del dólar paralelo, en ausencia de otras referencias y de mecanismos oficiales de compra y venta creíbles.

3. La máquina de imprimir billetes. La acelerada emisión de bolívares y la pérdida prevista de su valor estimulan una oferta creciente entre sus tenedores. Mientras, la demanda de bolívares fuera de Venezuela se incrementa (si es que lo hace) más lentamente y los precios de los bienes controlados se mantienen fijos por intervalos de tiempo. Y cuando esos precios se incrementan lo hacen menos que la oferta de dinero. Si la oferta crece más rápido que la demanda, el precio del bolívar debe caer, en cualquier moneda. En este caso cae en pesos, una moneda que a su vez ha caído frente al dólar durante los últimos meses.Y estos factores contribuyen a explicar el acelerado encarecimiento del dólar medido por dolartoday.com.

A pesar de la caída del peso ante el dólar y del precio de la gasolina en Cúcuta (siguiendo al precio del petróleo), el precio fijo de la gasolina en Venezuela y la pérdida del valor del bolívar en Cúcuta han creado la oportunidad de ingresos extraordinarios para contrabandistas (ver los gráficos 1 y 2). Mientras más se deprecian, se requiere demandar menos bolívares para tener mayores ganancias en dólares, lo que contribuye a depreciar aun más al bolívar, cuya oferta es siempre creciente.

Esto sugiere que aumentar el precio de la gasolina y de otros bienes controlados podría incrementar la demanda de bolívares de los contrabandistas, quienes debido a las enormes distorsiones de nuestro sistema de precios todavía podrían lograr ingresos insólitos. Una demanda de bolívares creciendo más rápido que la oferta podría encarecer el bolívar, reduciendo el precio del Dólar Cúcuta.

Concluyamos resaltando que, si esto ocurriese, las señales favorables que generaría sobre la economía venezolana tendrían un alcance y duración limitados. A fin de cuentas, el Dólar Cúcuta no es más que una referencia de precio en ausencia de acceso a dólares oficiales. Si no se avanza en la progresiva eliminación de los controles de precios y de cambios (y en el gradual control del gasto fiscal y sus implicaciones monetarias) será imposible estabilizar la economía y orientarla hacia la producción y el intercambio. Esto sin tener en cuenta el quebranto en las condiciones de vida que seguirían después de un súbito levantamiento de los controles, tampoco podría repararse el deteriorado marco político de nuestros días.

Estabilizar el tipo de cambio por un tiempo no es suficiente. Y, lamentablemente, el tiempo se nos acaba.

Fuente: http://prodavinci.com/2015/03/12/economia-y-negocios/las-verdades-sobre-un-mercado-de-bolivares-en-cucuta-por-ronald-balza-guanipa/