Si se quiere dejar de utilizar el dólar en las operaciones comerciales y financieras de Venezuela, y sustituir esa moneda por rupias, yenes, yuanes o rublos, hay que tener – como cuestión primera -un flujo permanente de ingresos en estas nuevas monedas. Es decir, hay que recibir estas monedas como pago inicial por nuestras exportaciones y/o colocar activos financieros – es decir nuevos títulos de deuda – directamente en esas nuevas monedas. En segundo lugar, hay que entenderse en el mundo actual con interlocutores comerciales o financieros que quieran recibir rublos, yenes, yuanes o rupias, a cambio de los bienes o servicios que le vendan a Venezuela. Analicemos estos aspectos con más detalle.

China es el segundo comprador mundial de petróleo venezolano, después de Estados Unidos. India es el tercer comprador mundial. Venezuela podría venderles de ahora en adelante su petróleo a China e India en yuanes o en rupias. Seguramente los gobiernos chinos e indios quedarían felices, pues es sumamente conveniente para cualquier país poder comprar bienes y servicios en el mercado internacional pagando con su propia moneda.

¿Qué haría Venezuela con esas rupias o con eses yuanes? Una primera opción es comprar bienes y servicios en China y/o en India, lo cual nuevamente dejaría a los chinos y a los indios sumamente contentos. Esas mercancías vendrían a suplir los bienes que hoy en día Venezuela importa desde otros países proveedores.

¿Porque Venezuela importa hoy en día desde otros países, pudiendo hacerlo libremente desde la India o desde China? Porque los precios, incluidos los fletes, son más baratos, porque las mercancías son de mejor calidad, porque son bienes que se armonizan con la estructura tecnológica que impera en el aparato industrial venezolano, o porque las condiciones de pago – léase créditos comerciales- son suficientemente favorables. Mientras estas cosas no varíen, es poco lo que Venezuela podrá comprar en China o en India en mejores condiciones que otros proveedores internacionales actuales.

Todo esto supone que los proveedores actuales – europeos o norteamericanos – no aceptarán rublos ni yuanes a cambio de sus mercancías. Solo aceptarán esas monedas los países que las emitieron – o países que tienen un alto grado de integración comercial o financiera con ellos. Hay en el mundo un sistema bancario y financiero donde se pueden cambiar las rupias y los yuanes por dólares -con un costo desde luego- pero con eso caemos nuevamente en la situación actual, es decir, usar el dólar para nuestras compras internacionales. Si vamos a llegar allí, no hay necesidad de dar esa vuelta innecesaria por las rupias y los yuanes.

Puede que China, India o incluso Rusia estén dispuestas a conceder créditos en yuanes, rupias o rublos – a tasas que no serán muy diferentes a las que imperan para Venezuela en el mercado internacional – atados a la condición de que se usen en la compra de bienes y servicios en esos países – y no en cualquier mercado de libre elección. En la crisis y el desespero, hay quienes piensan que hay que agarrar aun cuando sea fallo. Pero nada de ellos es de gratis. Esos créditos hay que pagarlos en algún momento y para ello hay que seguir vendiendo mercancías en esos mercados y en esas monedas, o seguir endeudándose con ellos, generando así una nueva dependencia comercial y financiera que no augura nada bueno.