Revolucionarios o Demócratas: tenemos que convivir

Tenemos diez años de revolución. Durante ese espacio de tiempo, el Gobierno ha mantenido una importante retórica, en cuanto a la participación ciudadana en el diseño de políticas públicas, traduciéndose ello en un logro constitucional. Además ha construido importantes carreteras, medios de transporte público, han maquillado los puertos y aeropuertos, puso en su puesto a la Banca privada, además de los convenios, (unilaterales), con Cuba, Republica Dominicana, Bolivia…en los cuales somos lanzadores y no tenemos bateador emergente. Pero lo más importante ha sido la perorata revolucionaria con todos sus ingredientes: lucha contra el Imperio, (tipo guerra fría); cierre de medios de comunicación; las protestas disueltas por las fuerzas públicas, (arremeten contra muchachos indefensos, por el delito de pensar distinto); expulsión de embajadores; romper relaciones diplomáticas; la revolución soy yo, único, todopoderoso; imposición de ideología, cualquiera que murmure o susurre algo contra la revolución, es un traidor a la patria; manía persecutoria: “vienen por mí” “traidores”….

Pero, ¿qué le interesa a la gente?, ¿la revolución? ¿o que le resuelvan los problemas de salud, educación, vivienda, trabajo o inseguridad? Una parte de la población dirá: la revolución con lo bueno y lo malo; ese sector cree en eso y hay que respetarlo; pero hay otra parte que no, que quiere trabajo, vivienda, educación para sus hijos, salud, superación personal y colectiva… cada parte está en lo suyo, hay que aprender a convivir con esas diferencias.

No puede haber una división entre malos y buenos donde, por supuesto, desde mi punto de vista, los malos son ellos y los buenos nosotros y viceversa. Depende del lado donde te encuentres serás malo o bueno o puedes también ser de los dos, y, estar en uno, cuando te conviene, y, en otro, cuando éstos no te convienen, porque hay para todo. Ese es un problema axiológico que no lo vamos a resolver ahora. Pero lo que si podemos hacer es, evitar confrontaciones personales por las tendencias partidistas; las agresiones no son buenas; discusiones estériles donde un lado no convence al otro, no tienen sentido. Lo que si tiene sentido es escucharnos y respetarnos.

Porque hay algo que si queremos todos: lograr mejorar nuestro nivel de vida, satisfacer no sólo las necesidades primarias, (agua, luz, salud, seguridad…), sino, desarrollar el concepto de capacidad humana, trabajado por Amartya Sen: “…el concepto de capacidades da énfasis a la expansión de la capacidad humana para vivir el tipo de vida que la gente juzga valedera. Cuando se adopta esta visión más amplia, el proceso de desarrollo no puede verse simplemente como un incremento del PIB, sino como la expansión de la capacidad humana para llevar una vida más libre y más digna…”. Para lograr esos niveles de desarrollo que atienda a la humanidad de cada quien, debemos tener gobiernos dedicados al diseño de políticas públicas en materia de salud, educación, social, ambiental, seguridad; juntos: sociedad civil-gobierno-empresa privada.

Tenemos que aprender a convivir con nuestras diferencias y colocarnos por encima de ellas. Existen excelentes razones democráticas y de bienestar común para hacerlo. Pero eso si, anteponiendo los intereses del Estado. Por ello celebro el llamado que han hecho sectores de la oposición democrática: el representante de ciudadanía activa Antonio Oteiza, el luchador social Argenis Coa y el dirigente de vanguardia popular Robin Rodríguez, a “…desligarse de la perversa división entre opositores y chavistas, puesto que la lucha es…contra el abuso de poder…”. Hicieron un análisis del sector Chavista que se abstuvo de votar en el referendo pasado, considerando que fue una forma de protesta contra el abuso. En este mismo sentido, el partido Un Nuevo Tiempo hizo un llamado a partidarios del oficialismo, a los fines de unir voluntades contra la arbitrariedad. Particularmente le hago un llamado es al funcionario público, para que vote en libertad, privilegiando su estabilidad laboral para el Estado y no para el partido de turno.

En la política, hay que tender puentes, hay que abrir espacios; sobre todo, en la de estos nuevos tiempos.

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