Sobre el concepto y la medición del Desarrollo Humano

1.- El concepto de desarrollo humano surgió y tomó fuerza en la última década del siglo XX como una reacción crítica frente a los déficits y limitaciones del concepto que en mayor medida se había venido utilizando a escala mundial desde fines de la Segunda Guerra Mundial, como era el concepto de desarrollo económico.

2.- Si lo que se pretende es tener un indicador de la cercanía o de la lejanía en que una sociedad se encuentra con relación a sus aspiraciones culturales, sociales, políticas y económicas, entonces los indicadores tradicionales de carácter económico lucen claramente insuficientes. Durante décadas se utilizó el índice de ingreso per capita como el indicador más relevante en materia de desarrollo o de avance de civilización de una sociedad. Eso llevaba implícita la concepción de que la máxima aspiración del hombre durante su vida era el poseer y gozar de la mayor cantidad posible de bienes materiales.

3.- La desintegración de los países socialistas de Europa occidental, puso de relieve a nivel mundial, sobre todo de cara a los países en desarrollo, que las ventajas de un régimen económico social en materia de equidad o de igualdad, e incluso en materia de crecimiento sostenido del ingreso, no bastaban para compensar la falta de libertades políticas, las cuales constituían una parte tan importante de las aspiraciones de sus pueblos, como la misma aspiración al bienestar económico y a la seguridad social. De las viejas y legendarias banderas de las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX -libertad, igualdad y fraternidad– el experimento socialista del siglo XX colocó el acento sólo en la igualdad y la fraternidad, relegando a un segundo plano las aspiraciones de libertad.

4.- El fracaso de los experimentos neoliberales, a su vez, sobre todo en América Latina, puso de manifiesto que las condiciones supuestamente favorables para el desarrollo del comercio y de las actividades productivas, a nivel nacional e internacional, llevaban a grandes desigualdades y retrocesos sociales, los cuales no sólo implicaban inestabilidad política, sino que incluso se convertían en trabas al desarrollo económico que se postulaba como objetivo. En este caso, se puso el acento sólo en la libertad, entendiéndola además meramente como libertad económica, relegando a un lejano segundo plano las aspiraciones de igualdad y de fraternidad.

5.- Esos procesos, y otros más que se desarrollaban a escala internacional, llevaron a profundizar la crítica a los indicadores meramente económicos y a buscar indicadores que incluyeran otras facetas de las búsquedas y aspiraciones de los hombres en su accionar individual y social. El economista Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía en 1998, fue pionero en las reflexiones que han llevado al creciente abandono del concepto de desarrollo económico, y a la lenta pero inexorable utilización del concepto de desarrollo humano, como conceptos que permitan comparar el nivel de los diferentes países en la carrera por hacer posible las aspiraciones más sentidas de la especie humana en el siglo XXI.

6.- Para Amartya Sen el desarrollo debe entenderse como “un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos”. Esta breve definición pone ya el acento en cuestiones totalmente diferentes a las que se acentuaban, en la concepción del desarrollo sólo como crecimiento económico. No se trata ya de más bienes y servicios disponibles, sino de más libertad. No se trata de crecientes bienes tangibles a disposición de los individuos, sino de una cantidad importante de bienes intangibles, que son tan importantes en la vida de los hombres y de los pueblos como los primeros. La producción de más bienes y servicios no es el fin, sino que es sólo un medio.

7.- Las libertades políticas, tal como la libertad de participar en la generación de los gobernantes, o la libertad de criticarlos sin arriesgar con ello su vida o su libertad; la libertad de acceso a la salud y la educación, en las mismas condiciones que cualquier otro ciudadano, sin discriminaciones por raza o credo de ninguna naturaleza; las libertades económicas, que permiten emprender, producir, comprar y vender de acuerdo a la particular creatividad e interés de cada uno; la libertad de expresar y desarrollar sus tradiciones culturales y religiosas, son todas facetas de la libertad que se complementan y se refuerzan mutuamente, y cuya suma y máximo desarrollo constituyen la más alta aspiración del hombre contemporáneo

8.- Esta concepción del “desarrollo como libertad” es indudablemente un concepto en evolución, al cual le falta mayor desarrollo teórico, mayor claridad en cuanto a las concepciones ideológicas y culturales de las cuales depende y mayor capacidad de expresarse en indicadores medibles y comparables. Sin embargo, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, basado parcialmente en estas ideas, ha elaborado un Índice de Desarrollo Humano, el cual pretende dar algún grado de cuantificación y operatividad a las libertades y aspiraciones contenidas en la expresión teórica de este concepto.

9.- El PNUD, en 1990, definió el desarrollo humano en los siguientes términos: “es un proceso en el cual se amplían las oportunidades del ser humano. En principio estas oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo, a todos los niveles del desarrollo, las tres más esenciales son: disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente.”

10.- El Índice de Desarrollo Humano, IDH, del PNUD no logra dar cuenta de todos los contenidos presentes en el concepto de desarrollo humano
-planteado a nivel teórico o casi filosófico- pero es en todo caso, un indicador que va más allá de los meros índices de crecimiento económico. El PNUD considera sólo tres conceptos o parámetros fundamentales para la confección de su IDH, cada uno de los cuales resume o necesita, a su vez, de otros antecedentes cuantitativos para ser construido:

• vida larga y saludable, que se mide a través de los índice de esperanza de vida al nacer, el cual a su vez se construye tomando en cuenta los antecedentes respecto a mortalidad infantil y edad promedio de muerte;

• los índices de educación, donde los indicadores fundamentales son la tasa de alfabetización de adultos y la tasa de escolaridad en educación primaria, secundaria y superior;

• finalmente, se toma en consideración la capacidad de acceder a un nivel de vida digna, para lo cual se utiliza el nivel de producto per capita, medido en dólares.

11.- EL IDH fluctúa entre valores de 0 y 1, siendo esta última cifra la expresión del nivel más elevado en materia de desarrollo humano. Mientras se acerque a cero, ese indicador refleja un nivel de desarrollo humano de peor calidad.

12.- En Venezuela, el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, -que es el órgano rector en materia de estadísticas económicas, sociales y demográficas- construye y pública periódicamente un Índice de Desarrollo Humano, con la colaboración metodológica del PNUD.

13.- El IDH construido por el INE, presenta los siguientes valores para los años que se indican:

1998: 0.6917
1999: 0.7370
2000: 0.7512
2001: 0.7796
2002: 0.7704
2003: 0.7648
2004: 0.8015
2005: 0.8144

14.- Estos valores del IDH del INE, muestran un desarrollo humano en creciente ascenso durante el transcurso del siglo XXI. En esos valores crecientes tiene una alta incidencia el componente “ingreso per capita”, el cual creció desde 0.4720 en 1998, a 0.7526 en el año 2005, siendo el elemento componente del IDH que más crecimiento exhibió en ese período. En el crecimiento de ese componente tiene, a su vez, una alta incidencia, el incremento internacional de los precios del petróleo.

15.- El componente “esperanza de vida” creció de 0.7967 en 1998, a 0.8072 en el 2005, mientras que el componente “logro educativo” ascendió de 0.8064 en 1998 a 0.8833 en 2005.

16.- Sin perjuicio de lo anterior, el PNUD, en sus informes anuales a nivel mundial, sigue publicando sus propios cálculos del IDH para cada país. En el último informe difundido, que contiene antecedentes hasta el año 2005, Venezuela figura con un IDH de 0.792, ocupando el lugar 74 a nivel internacional.

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