Socialismo y crimen

Cuando los medios de producción, los negocios, están en manos del Gobierno, los políticos establecen una competencia por ver quién adula más al Comandante en jefe, en su afán de lograr que los pongan en las empresas más lucrativas, y poder enriquecerse mientras el país se empobrece. El éxito, en ese tipo de sociedad, reside en la habilidad para adularle al jefe o los jefes del partido. Se trata de adivinar el pensamiento del comandante, de adivinar que le agrada, que quiere oír: “mande comandante y yo obedezco”, “siempre estaré a su lado”. “Con los que se oponen al Comandante no hay diálogo”, “prisión y muerte a los enemigos del socialismo” es una lucha por demostrar que tan lejos se esta dispuesto a llegar para congraciarse con el comandante.

Al principio sólo se trata de dinero y poder, luego de cubrir con algún manto de legalidad los crímenes, y al final, cuando se consolidan en el poder, surge la violencia, el odio y el sadismo.

El socialismo es un paraíso para criminales, asesinos, sádicos y torturadores de todo tipo, pueden dar rienda suelta a sus instintos destructivos, acabando con los que se oponen al Régimen.

Fusilamientos sin juicios, tortura sistemática, ni siquiera para que delaten a un compañero, sino como castigo por oponerse al Gobierno. Lo que sucedió en la Unión Soviética, el resto de Europa del Este, en la China comunista, en Camboya, Corea del Norte y Cuba lo evidencia.

En nombre de los más pobres, de la igualdad y la lealtad al líder indiscutible, cualquier crimen y mentira se justifica.

La pobreza y hasta la miseria puede ser tolerable, pero la humillación permanente, a la que se esta sometido ante un funcionario público, que tiene el poder para poder conseguir un tipo empleo y los alimentos que te deben asignar, para ti y tu familia, es un castigo que degrada y mata la dignidad humana.

En el socialismo, la protesta o la simple expresión del descontento, se paga con la cárcel, la tortura y la vida.

En el socialismo el mal se enseñorea y lo peor es, que salir de ese tipo régimen de perversión, es sumamente difícil.

La libertad de expresión es lo único que hoy impide que la represión criminal y la corrupción, adquieran mayor dimensión. Debemos estar dispuestos a defenderla hasta con riesgo de nuestra propia vida, dando al mismo tiempo demostración cabal de nuestra fe democrática y cristiana. Que los comunistas sepan que nuestra capacidad de sacrificio y lucha, por defender esos valores, no tiene límite.

Si el bastión de la libertad de expresión, que nos queda, se pierde, júrenlo, se pierde la republica.

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