Un alto funcionario de gobierno –  tratando de trazar las líneas centrales del quehacer gubernamental para el futuro cercano – hizo recientes declaraciones diciendo que “….tenemos que controlar todas las cadenas de producción”. Si estas declaraciones las hiciera algún militante chavista de poco rango y de poca inteligencia, nadie las tomaría muy en serio. Pero estas declaraciones que mencionamos fueron realizadas por autoridades de la más alta jerarquía gubernamental. Merecen ser analizadas.

Lo primero que es necesario analizar es qué se quiere decir cuando se utiliza el verbo controlar. Desgraciadamente hay muchos para quienes el verbo controlar es sinónimo del verbo expropiar. Cuando los funcionarios gubernamentales se sienten impotentes para generar en la economía un sistema de normas y de incentivos que conduzca a que el accionar de los agentes económicos sea cónsono con los intereses generales del país, entonces caen rápidamente en la actitud expropiatoria. Se asume con esa actitud que los factores productivos, ahora en manos de los funcionarios estatales, se utilizarán´ en forma más racional y eficiente. La realidad muestra que hay determinadas circunstancias en que efectivamente el interés nacional se defiende mejor por la vía de funcionarios y tecnócratas públicos que por la vía de empresarios privados. Eso sucede, por ejemplo, en aquellas actividades que generan un alto volumen de renta, como el petróleo, en que es bueno que esa renta sea apropiada en la mayor proporción posible por el estado y sus instituciones. Pero hay una cantidad también importante de casos en que la expropiación de unidades productivas que generan ganancias normales y/o modestas, conduce a un desastre administrativo y productivo, pues desaparecen las condiciones que hacían posible esa ganancia. Por ello, la ciencia económica moderna está altamente preocupada por la generación de políticas públicas, es decir, el establecimiento de leyes, normas, instituciones, estímulos, incentivos y también, desde luego, acciones del sector público, que lleven a los agentes económicos privados a canalizar su actividad por determinadas sendas que generen eficiencia, inversión, innovación, rentabilidad, impuestos, empleos, exportaciones, y otras coas por el estilo, que son indudablemente positivas. Esas son las formas modernas de controlar.

El segundo problema que debe analizarse en las declaraciones de nuestro alto dirigente gubernamental es qué se entiende por cadenas de producción. En el mundo contemporáneo ninguna empresa se libra de comprar insumos y materias primas en los mercados, e incluso deben adquirir también periódicamente las maquinarias y equipos con que funciona. Las empresas que les venden esos insumos, materias primas, maquinarias y equipos, deben a su vez, para producir todo aquello, comprar en el mercado una cierta cantidad de materias primas e insumos. Es decir, siempre es posible descubrir que toda empresa, por aislada, pequeña o artesanal que parezca, en el fondo siempre es parte de una cadena de empresas que producen las unas para las otras. El productor autosuficiente, aislado, independiente, que produce para sí mismo y para su familia, con insumos que el mismo produce, es un personaje del pasado y/o de la fantasía.

Por lo tanto, cuando se dice que hay que controlar todas las cadenas de producción, eso se puede entender como un llamado a que hay que expropiar prácticamente todas las unidades de producción existentes en el sistema económico. Eso significaría un problema administrativo, tecnológico, financiero, logístico y, desde luego, político, de dimensiones astronómicas. Hay pocos ejemplos en el planeta tierra de gobiernos que hayan intentado un proyecto de esa envergadura, y no hay antecedente de algún caso en que eso haya resultado exitoso.

Hay que hacer votos, por lo tanto, porque nuestro alto dirigente político en realidad no tenga un cabal conocimiento de la barbaridad que está diciendo. En aras de ayudarlo con algunas breves y modestas ideas, le aportamos aquí un par de reflexiones que fluyen de las líneas y párrafos anteriores. La primera de ellas, es que controlar no significa entrar a las patadas, ni expropiar, ni pegar cuatro gritos, ni poner militares en la puerta, ni hacer visitas de inspección siete veces por semana. La economía moderna no cree para nada en el liberalismo absoluto, en que cada agente económico debería hacer lo que se le plazca, y eso conduciría al mejor de los mundos posibles. Tampoco cree en la planificación imperativa y centralizada, basada en la propiedad estatal de todos los medios de producción. La cosa va por el camino de las políticas públicas, de las leyes, de los incentivos, de las normas, de las sanciones, de las instituciones, nada de lo cual entra en el campo de las soluciones fáciles.

Lo segundo que hay que tener en cuenta es que no hay que controlar todas las cadenas de producción sino solo las estratégicas. Las empresas estratégicas son aquellas que permiten alcanzar o llevar adelante una determinada estrategia previamente definida. Cuando no se tiene estrategia alguna, no hay empresa ni cadena de producción que sea estratégica. Y esas empresas y/o cadenas de producción que sean estratégicas se pueden controlar por vías regulatorias y/o por vías expropiatorias. No solo por esas ultimas vías, como piensan los más radicales. Y a las unidades de producción que no son estratégicas, y que costaría un mundo intervenirlas o expropiarlas, es mejor dejarlas trabajar tranquilas.