Una invitación a participar

Como es que vamos a seguir dejando en manos de los políticos no profesionalizados o en su defecto de los menos preparados, la responsabilidad de que generen políticas que beneficien a la mayoría y que permitan el mejoramiento de la vida en sociedad.

Esa tarea es muy ardua para dejársela a esos señores, que en su mayoría no están preparados para semejante responsabilidad. Y no me refiero exclusivamente a los del presente, me refiero a estos y a los viejos.

Ya es tiempo, de que el venezolano se de cuenta de sus responsabilidades para con sus coterráneos y debe cumplirlas a cabalidad, para que así, al momento de exigir sus derechos pueda ser oído. La responsabilidad de que una sociedad funcione es de todos y no sólo de las organizaciones públicas.

Los países no se hacen de la nada, ni de la conchupancia, ni del facilismo, ni del individualismo, ni de la picardía o viveza, ni del engaño, ni con altos niveles de corrupción; se hace, con gente educada, trabajadora, honesta y organizada para lograr objetivos de importancia para la sociedad.

Los fines de tipo personal, deben sacrificarse por los objetivos de fin común, para así poder desarrollar una sólida estructura. Y es nuestro deber como ciudadanos, contribuir al fortalecimiento de esa estructura.

Desde el lugar y responsabilidad que estemos, siempre se podrá hacer algo con fin de solidificar la sociedad a la que pertenecemos y, esto pasa porque a pesar de que no se cumplan labores de gobierno, se pueden hacer funciones de contraloría social, como integrante de una sociedad organizada que tiene derechos y por supuesto deberes.

Es por eso que las organizaciones activistas, bien sean de derecha o de izquierda, se deben tornar más agresivas y eficaces en presionar públicamente a las corporaciones municipales, regionales y nacionales tanto públicas como privadas, para llamar la atención sobre los principales problemas que aquejan a nuestra sociedad.

No podemos seguir siendo indolentes, pasivos como que si no nos interesa lo que le pasa a nuestros vecinos y a nuestros conciudadanos.

Pero también es conveniente reclamar, la responsabilidad social que le corresponde cumplir a las empresas o al sector privado, quienes también tienen alta responsabilidad en lo que nos esta sucediendo.

Hay quienes afirman, que para muchas empresas, el respeto de los derechos humanos, la protección del medio ambiente y la satisfacción de las necesidades básicas, están en un segundo plano con respecto a las ganancias; y otros como, Hatcher (2003) que nos recuerda que muchos aún están inmersos en una cultura en la que,”cualquier cosa vale más mientras produzca dinero”.

Según Porter y Christensen en HBR 2006, aunque las corporaciones parecieran haberse percatado de los riesgos de lo que significa no contribuir con la sociedad, no tienen claro lo que deben hacer al respecto. Y han concentrado sus respuestas en acciones aisladas que no son estratégicas ni operativas, sino de naturaleza cosmética: relaciones públicas y campañas en los medios, cuyo núcleo a menudo es un lustroso reporte que destaca las cantidades de dinero dispuestos para las obras filantrópicas y ambientales de la empresa, pero no en términos de impacto a la sociedad.

De manera que, la lectura es trabajar en conjunto, porque de lo contrario no nos sorprenda que nos sigan metiendo el socialismo y/o comunismo por todos lados.

En verdad no es justo que nuestro país tenga los niveles de pobreza que tiene pero, sino nos incorporamos a trabajar por el beneficio de todos, será la mayoría de ese pueblo no educado y quienes lo dirigen los que decidan nuestro destino. De nosotros depende…

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