Si de algo debiera estar convencido el venezolano, cualquiera sea su  clase social, que de ocurrir una debacle económica, como la que pareciera avecinarse, los resultados en general serían  nefastos para nuestras familias.

No le quepa  dudas a nadie, que este es el momento para cambiar el rumbo de la actividad económica en Venezuela; ya no se debe esperar más.

Es muy  peligroso que el desempeño del país se continúe  dejando en manos del vaivén de los precios petroleros y del manejo ideológico, que ha venido predominando durante los últimos 15 años. Esa vía nos ha hecho muy vulnerables como país, los resultados de la actividad económica están a la vista; por tanto, se requiere reflexionar acerca de escenarios que nos permitan identificar posturas menos dependientes, viables  y de crecimiento sostenido.

No es malo aliarse con China y Rusia que son  potencias a nivel mundial; no es malo atender de manera efectiva a la mayoría de los venezolanos más desposeídos; lo que sí es malo, es haber despilfarrado  los inmensos recursos obtenidos de los ingresos petroleros y de la recaudación fiscal. De que le vale a la población, poner a un lado lo que se parezca al capitalismo,  para implantar una ideología unitaria  comunista, que nos haga igual o más dependiente de lo que habíamos venido siendo.

Para nadie es un secreto que la exportación del crudo, es la que le garantiza al país el ingreso de dólares que ha permitido funcionar la economía venezolana. No obstante, ese escenario nos ubica en una posición muy volátil. Para éste o para cualquier otro gobierno, lo que le conviene  al país es incrementar la producción y la productividad, en aquellas áreas que tenemos fortalezas probadas, entre las cuales se destacan: i) minería (hierro, acero, aluminio y sus derivados); ii) agropecuaria (arroz, maíz, plátanos, leche, cacao, carne, frutas y hortalizas) y; iii) el aprovechamiento de la infraestructura de la  industria manufacturera (automotriz, metalmecánicas  y otras).

Eso significa, que hay que impulsar la infraestructura productiva privada y establecerle exigencias en términos de inversión tecnológica; es decir, que sea más competitiva con altos niveles de calidad y así poder cubrir las necesidades de los venezolanos  y competir con los países de la región. En eso sí se les debe controlar,  en términos de eficacia y efectividad, para  que los precios justos sean el resultado de la excelencia gerencial.

Continuar satisfaciendo -a medias- las necesidades básicas del país, con importaciones a costa de la destrucción del aparato productivo interno y desmotivando el capital privado, es un mal negocio. Si no se generan nuevos, suficientes y bien remunerados empleos, como resultado del impulso  de la actividad productiva nacional, acabaremos con las reservas monetarias y obstaculizaremos el desarrollo de nuestra economía y, por ende, de nuestras familias.

La vía de controlar los precios, las divisas, la rigidez laboral y la inseguridad jurídica,  son evidentes obstáculos para estimular la actividad productiva nacional. Al no disponer de suficientes insumos y  producción, se recurre a las  importaciones, que lo que  ha traído es fuga de divisas, corrupción, contrabando, escasez, desempleo,  inflación e inmensa especulación a todos los niveles.

La estrategia de estimular la demanda vía el gasto del Gobierno, nos ha convertido en un país que consume más que lo que produce, y que ese gran diferencial tiene que atenderse mediante las importaciones. Pareciera lógico, que si se estimula la demanda por la vía del ingreso de los consumidores, habría que aumentar la producción; pero eso no ha ocurrido ni ocurrirá, mientras no se estimule al sector productivo privado, quien había venido cubriendo gran parte de las necesidades de la población, pero al que últimamente se le ha cortado las alas.

Para que el sector privado se estimule a producir, se requiere que se le garantice confianza en su quehacer y se le envíen señales positivas. Las políticas de controles, la incertidumbre generada en cuanto al otorgamiento de divisas, la inflación y la inseguridad jurídica, son factores que no contribuyen al estímulo de la inversión.

La inflación y el tipo de cambio tan bajo, desmotiva la producción de los alimentos y desestimula al sector de la manufactura. Esa situación provoca, que los productores pierdan competitividad en el exterior; ya que, con un dólar se puede comprar mucho más afuera de lo que se puede adquirir aquí en Venezuela.

De manera que, si no cambiamos la manera de afrontar esta problemática económica y política que enfrenta la sociedad venezolana, la pagaremos muy caro. Es más, todo  lo bueno que se haya podido haber logrado, se desvanecerá en muy poco tiempo; sino obsérvese, lo que ha ocurrido con la pobreza según el INE (2014 y 2015).

anavarro@deproimca.com