Algunas claves para la Felicidad

‘Amoryfelicidad.com’ nos aporta sobre ello, que todos deseamos ser felices, pero nadie disfruta de verdadera felicidad en el samsara. En comparación con el sufrimiento que han de soportar los seres sintientes, su felicidad es fugaz y esporádica, y además está contaminada porque su naturaleza, en realidad, es sufrimiento. Buda denominó sufrimiento del cambio a las sensaciones agradables que nos proporcionan los disfrutes mundanos, porque no son más que una disminución temporal del sufrimiento manifiesto; es decir, que experimentamos placer porque aliviamos nuestro dolor. Por ejemplo, el placer que sentimos al comer no es más que una disminución temporal del hambre, el que experimentamos al beber lo es de la sed, y el que disfrutamos de nuestras relaciones con los demás, de la soledad.

Se nos agrega, que debemos reconocer que si aumentamos la causa de nuestra felicidad mundana, esta última se convertirá poco a poco en sufrimiento. Por ejemplo, cuando comemos nuestro plato favorito, nos parece delicioso, pero si siguiéramos comiendo más y más, el placer se convertiría en malestar y, finalmente, en dolor. Sin embargo, con las experiencias dolorosas no ocurre lo contrario.

Por ejemplo, por mucho que nos golpeemos un dedo con un martillo, el dolor nunca se transformará en placer porque es una causa verdadera de sufrimiento. Al igual que una causa verdadera de sufrimiento no puede proporcionar felicidad, una causa verdadera de felicidad tampoco puede producir sufrimiento. Puesto que las sensaciones placenteras que nos proporcionan los disfrutes mundanos se convierten en sufrimiento, no pueden ser verdadera felicidad. Si nos excedemos en cualquier actividad, ya sea comer, practicar un deporte, realizar el acto sexual o cualquier otro disfrute mundano, tarde o temprano terminará causándonos sufrimiento. Por mucho que busquemos la felicidad en los placeres mundanos, nunca la encontraremos. Como se mencionó con anterioridad, disfrutar de los placeres del samsara es como beber agua salada: en lugar de calmarnos la sed, la intensifica. En el samsara nunca nos sentiremos plenamente satisfechos.

Sobre la felicidad ha habido grandes aportaciones que, poniéndolas en práctica, ayudan a su alcance; de aquí, como por ejemplo, ‘trabajo.com.mx’, nos dice , que se considere que el dinero contribuye a la felicidad hasta cierto punto; pero, cuando uno cuenta con casa, vestido y sustento, va perdiendo importancia. Los científicos han observado que, en general, la gente más rica es más feliz; sin embargo, la relación entre dinero y felicidad es compleja. En los últimos 50 años, el ingreso promedio aumentó mucho en los países industrializados, no así los niveles de felicidad. Al parecer, una vez satisfechas las necesidades básicas, el dinero proporciona más dicha sólo si uno tiene más que los amigos, los vecinos y los colegas.

Hay que saber manejar adecuadamente la ambición; sobre ello se dice, que ¿cuántas cosas necesita uno tener para ser feliz? En los años 80, el profesor canadiense Alex Michalos, pidió a 18.000 estudiantes universitarios de 39 países, que midieran su felicidad en una escala numérica e indicaran cuán cerca estaban de poseer todo lo que querían. Aquellos cuyas aspiraciones -no sólo de dinero, sino de amigos, familia, trabajo, salud, etc.- superaban por mucho lo que ya tenían, tendían a ser menos felices, que los que percibían una diferencia menor. El tamaño de la brecha resultó ser un indicador de felicidad unas cinco veces mejor que el monto de los ingresos. Este, quizá explique, por qué mucha gente no se siente más feliz, a medida que va aumentando el sueldo. En vez de satisfacer nuestros deseos, muchos –simplemente- deseamos más. En encuestas realizadas en Estados Unidos por la empresa Roper en los últimos 20 años, se pidió a los participantes hacer una lista de los bienes materiales que consideraban importantes, para tener «una buena vida». Los investigadores descubrieron que cuanto más tenía la gente, más larga era la lista. Al parecer, «la buena vida» se mantenía siempre fuera de su alcance.

Se señala, que aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo indica que la inteligencia no influye en la dicha.

Esto sorprende a primera vista, ya que las personas sesudas suelen ganar más y los ricos tienden a ser más felices.

Algunos investigadores creen que como los inteligentes tienen expectativas más altas, suelen trazarse metas muy ambiciosas. «Al parecer, sacar una puntuación alta en una prueba de inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no tiene mucho que ver con la capacidad para llevarse bien con los demás», dice de Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois, en ‘Urbana Champaign’, quien considera que la «inteligencia social» podría ser la clave de la verdadera felicidad.

En Inglaterra, un grupo de especialistas cree haber encontrado la fórmula de la felicidad, por medio de un experimento de convivencia social en Slough, un pueblo típico del Reino Unido, donde los niveles de felicidad andan bastante bajos.

Este proyecto se basa en la aplicación de 10 medidas simples en la búsqueda de la felicidad, las que se ensayaron con 50 personas que fueron llamadas “semillas de felicidad” que en un principio fueron inoculadas con el germen de la felicidad para después transmitirla a su entorno.

Estas son las 10 medidas:

1. Planta algo y mantenlo vivo.
2. Cuenta tus bendiciones, (piensa en al menos cinco motivos de gratitud,) al final de cada día.
3. Ten cada semana una conversación de una hora, sin interrupción, con algún ser querido.
4. Llama por teléfono a un amigo a quien no has visto en un tiempo y organiza una cita.
5. Mímate con algo cada día y disfrútalo.
6. Cada día échate una buena carcajada.
7. Haz ejercicio regularmente, (media hora tres veces por semana).
8. Saluda a un extraño o háblale al menos una vez al día.
9. Corta a la mitad la televisión que ves.
10. Haz un acto de bondad cada día.

Todo parece indicar, que ser feliz no cuesta mucho dinero.

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