Asesoría, “consejería” o “coaching”.

Toda asesoría, supone la integración de seis distinciones requeridas (o herramientas imprescindibles), para poder llevar adelante el proceso: 1- disciplina; 2- perseverancia; 3- resiliencia (del latín “resilio”: volver atrás); 4- deseo de aprender; 5- responsabilidad; y 6- compromiso (con-promesa). Si falta alguna de éstas, es posible que no se logre el avance: de allí su connotación “imprescindible”; su ausencia puede generar comportamientos adversos.

En toda asesoría existe “los enemigos del aprendizaje”, que deben ser muy bien conocidos para poderse manejar provechosamente cuando se presenten, debiéndose contar con el equipo adecuado y el apresto operacional para ello, pues hay gente: 1- que es incapaz de declarar su ignorancia; 2- que cree que siempre tiene comprensión y dominio de todo; 3- que juzga todo el tiempo; 4- que no incluye las emociones; 5- que no puede corporizar; 6- que es adicta a las respuestas; 7- que no tiene tiempo; 8- que no da autoridad a otro para que le enseñe; 9- que no puede aprender; 10- que cree que saber es igual a tener la verdad; 11- que tiene ceguera cognitiva; 12- que piensa que esto es buenísimo para otros; 13- que confunde aprendizaje con tener información; y 14- que es torpe para desaprender.

Una asesoría es una disciplina de asistencia a quien así lo necesita.

Ya se sabe; no estamos ante una época de cambios, sino ante un cambio de época, que pide ubicarse como el surfista, que está en la cresta de la ola (señalándole a ella por dónde meterse), y no como el que está debajo de ella, (siendo empujado por ésta).

Toda asesoría integra seis distinciones requeridas, (o herramientas imprescindibles) para poder llevar adelante el proceso: 1- disciplina (sumisión del discipulado a un método de orden, reglas y normas), no puede haber resistencia ni amotinamiento, sino la búsqueda de la causa que determina lo que se hace, en pro de tomar una vía extraordinaria; 2- perseverancia (mantener siempre la adhesión a lo planteado por el asesor, pues su intención es lo que cuenta: el estado futuro, no el del presente; eso pide: tiempo, dedicación y paciencia, pues las semillas no brotan de inmediato); 3- resiliencia (del latín “resilio”: volver atrás): la capacidad de amoldarse al efecto de una fuerza y la tendencia a regresar a un estado semejante al inicial; es decir, la capacidad de una persona o grupo, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas; también se entiende como una realidad psicológica positiva y dinámica que fomenta la salud mental, que permite encajar una situación nociva y seguir desenvolviéndose, viviendo sanamente, incluso, en un nivel superior, como si lo vivido y asumido, hubiera desarrollado recursos latentes e insospechados. Tanto la falta de frescura y flexibilidad, como la inexistencia de puntos de asimilación o de renovación, generan rigidez y determinan que no haya el mejor ámbito para el cambio, para la evolución ascendente; 4- deseo de aprender, (una palabra compuesta de “a”: no; “prender”: enganchado, trabado), debiéndose disponer un estado de apertura que permita soltar lo que se tiene como “válido” y dar curso a la adquisición e incorporación de otras nociones, habilidades y destrezas nuevas y mejores y su puesta en marcha, porque los resultados que se han logrado en la vida, se deben al hecho de ser quien se ha sido hasta el presente, (si se quiere/n otro/s resultado/s: se debe ser grande en el saber y en el hacer, transformando el ser; es decir: aprender-desaprender-aprender… y permitir así que fluya un río de agua viva, siempre limpia y fresca, siempre nueva, siempre buena: una actitud interna del corazón, siendo bueno tomar en cuenta, que muchos no avanzan por allí, porque no confían y no confían no porque desconfían, o porque deliberadamente decidieron dejar de confiar, sino porque se acostumbraron a vivir en medio de un mundo, que busca siempre arrastrarlos hacia la corriente del “nada me importa”, del “para qué avanzar”, del “para qué arriesgarme”, del “para qué confiar en eso”, mientras que otros tampoco avanzan por allí, porque son opositores, siendo meritorio descifrar qué cuidan; acaso, ¿su poder, su imagen, un interés mezquino: político?); 5- responsabilidad (habilidad de responder al cargo penal, civil, profesional, etc. que se genera de algo: de la acción, de la negligencia, de la impericia y/o de la omisión: “… he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”; es decir, por todo se puede pecar, por todo se puede llegar a tener la culpa), debiéndose tener máxima claridad respecto, de que la primera responsabilidad que una persona tiene es… ¡consigo misma!: con su mejora ascendente, sin esperar que el entorno cambie, para entonces empezar a buscar esa transformación, que lleva a ser especial e influyente sobre sí mismo, y sobre el contexto que rodea, algo que guarda relación proporcional directa, con el nivel de compromiso; y 6- compromiso (con-promesa: una declaración lingüística obligante -un ofrecimiento, un convenio, juramento o pacto- y vinculante -consigo mismo y con otro/s- que se debe sostener y satisfacer con acciones, pues debe cumplirse, tiene que convertirse en realidad): un escenario que lleva a diseñar y hacer lo que sea debido para cumplirlo, en pos de la visión formulada (que sin acción, es un sueño en un contexto donde una acción sin visión, es un sinsentido) y que incita a avanzar con poder, hacia el resultado extraordinario que conduce hacia el disfrute y goce del logro del cometido, pues el compromiso que surge, de una visión que se acompaña con la acción pertinente, puede cambiar la realidad existente, de lo cual puede inferirse, que una promesa no es un análisis estratégico de probabilidades de éxito, sino una garantía.

Si falta alguna de estas seis herramientas, es posible que no se logre el avance: de allí su connotación “imprescindible”. Su ausencia puede generar comportamientos adversos.

En toda asesoría existe un último conjunto, (“los enemigos del aprendizaje”), que debe ser muy bien conocido, para poderse manejar provechosamente cuando se presente, debiéndose contar con el equipo adecuado y el apresto operacional para ello, pues hay gente: 1- que es incapaz de declarar su ignorancia; 2- que cree que siempre tiene comprensión y dominio de todo; 3- que vive juzgando todo el tiempo; 4- que no incluye las emociones; 5- que no puede corporizar (imposibilidad de incorporar); 6- que es adicta a las respuestas (el día que me aprendí todas las respuestas, me cambiaron las preguntas); 7- que no tiene tiempo; 8- que no da autoridad a otro para que le enseñe; 9- que no puede aprender, dado lo que supone ser; 10- que cree que saber es igual a tener la verdad; 11- que tiene ceguera cognitiva, (ignorancia de lo que no se sabe, e ignorancia de lo que se sabe); 12- que piensa que esto es buenísimo para otros; 13- que confunde aprendizaje con tener información (Alberto Einstein dijo: –“Aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información”); y 14- que es torpe para desaprender (la resistencia al cambio).

De aquí que se diga que la asesoría, es una disciplina que auxilia sólo cuando se está en la disposición de apertura, puesto que suministra los ingredientes que hacen ser lo que se debe llegar a ser, (que empuja, pero que no obliga, porque sólo se ha de mover como producto de una creencia plena y de una auto-transformación pro-activa y pre-activa), y por ello no le queda otro camino que dar lo que le toca producir, (no puede pedirse peras al olmo). Si se comprende esto, resulta fácil admitir que el olmo debe convertirse en peral para que dé peras; para eso hay que incitarle a usar sus habilidades, (ser planta: estar enraizado en un terreno y tener unas capacidades), quitando el velo que limita la percepción, (que vea lo que debe ver y no sólo lo que quiere ver), sugiriendo actuaciones,(que hagan posible que sea lo que le toca ser, para que pueda dar el fruto que debe producir), y para eso ha de alcanzar la convicción absoluta de que, ¡es así y así será!, pues todo depende del cristal por donde se vea y esa lente deriva del equipaje que se forma de lo natural y de lo adquirido.

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