¿Cómo no lo supe antes?

La identificación del este espacio de hoy, es el título de un extraordinario libro escrito por Luis Galliani, acerca del rol que ejerce el Consultor Empresarial en el crecimiento no solamente personal, sino también organizacional; como secreto del éxito. El autor del mismo, peruano de nacimiento, desde muy temprana edad, formó varias empresas de publicidad. En los actuales momentos, es Presidente de la firma Galiano Asesores, la cual ha brindado servicios de asesorías a prestigiosas empresas de su país, así como también de América Latina. En este difícil rol apoya su método proporcionando información útil que les permita a las personas tomar conciencia de sí mismas de manera que eso le ayude a crecer.

Esto no es nuevo, por cuanto Sócrates 400 a.C. y otros filósofos anteriores ya habían visto la importancia del conocimiento personal. La célebre frase; «Conocete a ti mismo», acuñada equivocadamente a Sócrates, no era de él, la encontró en el frontispicio del templo de Delfos y que supuestamente perteneció al dios Apolo. Muchos filósofos posteriores afirmaban que la humanidad daría un paso enorme cuando encontrara formas de conocerse a sí misma para actuar con verdadera autonomía, para liberarse de las creencias y las conductas negativas que se aprenden en la infancia, que a lo mejor ni siquiera son naturales, sino que son influencias de la cultura o hasta del propio hogar de nacimiento.

El primer paso de este modelo es la autociencia, por cuanto es muy importante que las personas deban estar conscientes de sus propios estilos actitudinales. Es decir, que si un individuo ha estado actuando sin fijarse en su accionar, ahora tiene la posibilidad de buscar la mejor opción para manejarse adecuadamente, es el inicio de un aprendizaje que te llevará a conocerte a ti mismo, lo que -de por si-, es un gran avance.

La experiencia reafirma que se puede crecer individualmente si se cuenta con la información adecuada para lograr la autoconciencia de las conductas.

El segundo paso es la conciencia innata, el cual representa que todas las personas nacen para el bien, aunque, -por supuesto-; hay muchos individuos que en este mundo no lo creen. De igual forma, hay quienes creen que unos nacen inteligentes y otros no, o que unos nacen para triunfadores y otros para perdedores. Las personas que fungen como consultores y/o asesores deben tener siempre una mente muy positiva, siempre deben tener un modelo mental muy positivo. Las personas de mentalidad negativa siempre enarbolan la bandera de los niños que nacen disminuidos; sin embargo, si esos niños son tratados adecuadamente pueden llegar a triunfar. Un ejemplo de mucha relevancia es el de Helen Keller, una mujer que nació ciega, sorda y muda, y que pudo comunicarse, así como esta mujer triunfadora creció en la adversidad y la superó, muchas personas pueden seguir su ejemplo.

El tercer paso de este modelo de crecimiento personal es la automotivación infantil; es decir, volver actuar como niños en ciertos momentos de la vida. Por cuanto el estado del «Yo Niño» es el más importante de la personalidad; vr. gr.: la sana administración de la inteligencia emocional, se gestiona con el estado del «Yo Niño». Por ejemplo, es reír cuando tenemos motivo de alegría, es mostrar el afecto cuando se ama a alguien, es llorar cuando se está muy triste, es expresar el miedo cuando se está asustado, es encolerizarse cuando se reciben ofensas o se sienten agredidos. Es, en fin, actuar auténticamente, ser naturales como los niños sanos, independientemente de la edad cronológica que se tenga. En este estado se administran las emociones auténticas: la alegría, el afecto, la tristeza, el miedo y la ira.

El autocontrol realista es el cuarto paso de este modelo. Lo primero que debería explicarse es lo que significa el sistema automático de respuesta a los peligros que el ser humano lleva consigo desde la prehistoria y que le permite instintivamente enfrentarse o huir ante el posible ataque de un enemigo o de una fiera. Estas respuestas se originan en la amígdala cerebral. Este órgano se encarga de almacenar todas las experiencias emocionales negativas de la existencia de las personas, de manera que cada vez que éstas se repiten y se constituyen en un peligro, actúa como si se activará un gatillo y, sin pensarlo, se responde automáticamente. Cuando se presencia la agresión física de dos personas es que ninguno de ellos supo controlar su amígdala cerebral.

El quinto paso de este modelo de crecimiento personal es estar bien. Los componentes teóricos de esta herramienta están fundamentados en muchas concepciones y escuelas que a través de la historia han venido estudiando el comportamiento humano. Uno de ellos es el Análisis Transaccional (AT), en donde los tres estados del «YO» (Padre, Adulto y Niño) con sus respectivas sub-estructuras de segundo y tercer nivel juegan un papel fundamental en la manera de actuar de los humanos, por cuanto hay momentos donde las personas pueden «estar bien» o «estar mal». En el estado del «Yo Niño», cuando «está bien» usa la intuición, la curiosidad, la creatividad, el entusiasmo y la simpatía. Las empresas que buscan la calidad en el servicio potencian el «Niño Natural» de sus colaboradores -trabajadores-, para que no se perturben ante clientes agresivos.

La responsabilidad es el sexto paso de esta herramienta de crecimiento, la cual significa asumir sólo lo que realmente se puede gestionar sin ayuda. En este paso vale la pena mencionar lo que dice Covey: «Podemos ubicar todo lo que nos preocupa dentro de un área mayor, que llamaremos zona de preocupación, que contiene a su vez un área menor que llamaremos zona de influencia, en la cual podemos colocar sólo lo que nos es posible hacer». Recomendando que se haga un inventario de los temas que preocupan a la persona y definir cuál de ellos es responsabilidad exclusiva de la persona y atenderlos de inmediato.

El séptimo paso es priorizar, establecer las diferencias entre lo urgente y lo importante de las cosas que dependen de la persona que está haciendo el análisis y el último paso es autonomía, que quiere decir llegar a ser como cada quien es y no como otros quieren que sean, sobre todo si los conducen a vivir una vida insana.

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