Conociéndonos un poco

Es importante que de vez en cuando nos detengamos a reflexionar sobre nosotros mismos, la forma en que actuamos, nos comportamos, estructuramos nuestra conducta a fin de determinar en qué fallamos, en donde están nuestras debilidades, fortalezas, barreras que hemos creado. Sobre ello, Patricio José Vargas, nos proporciona el comentario, que siempre decimos que el potencial humano es mucho mejor de lo que la cultura imperante nos permite creer. Y esto es así porque, en el mejor de los casos, subestimamos nuestra naturaleza por pura inercia cultural. Aunque es verdad que, a veces, tendemos a pensar en cierta ingeniería social operando, para que nuestra civilización mantenga la dirección en el mismo sin sentido.

Se dice, que nuestra capacidad potencial únicamente permanece suprimida por barreras psicológicas. La existencia y la localización de tales barreras son desconocidas para cada individuo. Precisamente esta ignorancia es lo que las sostiene.

Una de las cosas esenciales para tener en cuenta es, que siempre somos nosotros mismos quienes creamos y colocamos estas barreras en nuestro psiquismo. Con el tiempo, nos olvidamos de haberlo hecho o, cuando no es así, nunca supimos que lo hicimos. Por ejemplo, el miedo a las arañas o a la oscuridad, es una barrera que alguien colocó en su propio psiquismo, a sabiendas o no, pero que actualmente ignora o no recuerda haberlo hecho. No es la araña, no es la oscuridad, es uno mismo.

Al sorprendernos, día a día de manera consciente, cómo actuamos, cómo nos interrelacionamos, podemos ir descubriendo las barreras que nosotros mismos nos hemos venido poniéndonos y afectando el desenvolvernos exitosamente en el vivir cotidiano.

Se señala que, cuando en el transcurso de una experiencia se logra que una persona se libere de alguna de estas barreras, es porque esta persona se hizo plenamente consciente de un evento pasado, localizado en un tiempo preciso, en un lugar preciso, con una forma precisa de acontecer. Así, al iluminarse repentinamente las cosas con la consciencia lúcida, la barrera que se instaló como consecuencia de ese evento pasado, se desvanece. Estamos hablando del efecto de la consciencia lúcida, antes que el de una terapia. Aunque el procedimiento pueda ser importante, la magia ocurre únicamente cuando la consciencia ve lúcidamente qué es lo que en realidad ocurrió.

Patricio Vargas nos agrega, que intentemos considerar, somos seres divididos en tres partes. La primera parte sería la consciencia auto consciente. La segunda parte es la mente. La tercera parte es el cuerpo. Tradicionalmente se trataría esto como la famosa división mente-cuerpo, unificando la conciencia auto consciente con la mente. No planteamos ese enfoque.

Lo que verdaderamente somos es, conciencia autoconsciente operando en nuestra mente y en nuestro cuerpo. De nada nos sirve identificarnos con la mente, como no nos sirve de mucho identificar a nuestro cuerpo con los restos de una estrella, (aunque realmente eso es toda la materia del sistema solar). Tampoco nos sirve identificarnos con nuestro cuerpo ni con nuestro cerebro; no son las meras redes neuronales las creadoras de lo más elevado de la civilización humana.

Cuanto más nos liberamos de las barreras psicológicas, más caemos en la cuenta de que somos algo más que la mente y el cuerpo. Es como si las barreras psicológicas fueran una prisión de la que salimos, cuando en realidad se trata de una prisión ilusoria, como podría ser la que produciría una sugestión hipnótica.

Cuantas más barreras psicológicas se desvanecen por el influjo de la consciencia lúcida, más habilidad se manifiesta en la mente, más bienestar físico tenemos. Más plenamente humanos somos. Lo que el humano puede llegar a ser, únicamente se vislumbra en la dirección de una mayor amplitud y profundidad de conciencia auto consciente.

Debemos, de vez en cuando, detenernos a evaluar qué tanto nos conocemos, qué tan auténticos somos, cuánto hemos avanzado en nuestro desarrollo personal, que también hemos sabido utilizar nuestro potencial, que nos colabore en saber utilizar adecuadamente la oportunidad que se nos ha dado de vivir. No hay que descuidarlos.

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