Controlando la impulsividad

¿Se considera una persona impulsiva? ¿Por qué de ello? ¿Cómo controla su impulsividad? ¿Qué repercusiones le ha originados ser impulsivo? ¿Qué le impide controlar su impulsividad? ¿Qué está haciendo al respecto para que no le afecte? Son ALGUNAS interrogantes que demandan de repuestas a fin de determinar lo que la impulsividad encierra y empezar a manejar los impulsos, controlarlos para evitarnos problemas, afectaciones en nuestro crecimiento personal y aun en lo físico y psíquico. Se dice, que los impulsivos muestran menos ansiedad por cometer errores y orientación hacia el éxito rápido, más que a evitar el fracaso, tienen bajos estándares de rendimiento y menor motivación por tareas que implican aprender.

Sobre la impulsividad nos indica, psicopedagogia.com, que clásicamente, se asocian con la impulsividad tres conceptos básicos que se entrelazan en la comprensión del comportamiento impulsivo: el actuar sin pensar, la velocidad incrementada en la respuesta y la impaciencia. Al estudiar tal unión conceptual, vemos que surgen otros indicadores estrechamente relacionados: un bajo control de sus impulsos y poca tolerancia a la frustración.

Uno debe sorprenderse en las acciones, en el comportamiento, interrelaciones, que tanto se sabe controlar, que tan impulsivo somos, todo ello a fin de manejar su energía y no darle proactividad a la impulsividad que de paso a problemas psíquicos, físicos y deteriore el logro del crecimiento personal.

Nos aporta por su parte sobre ella, comunidad.biensimple.com :
• Que la impulsividad y el descontrol no son una virtud ni se encuentran relacionados con la sinceridad. Si eres impulsivo e hieres a los seres queridos que te rodean, procura realizar todos tus mejores esfuerzos para modificar tu actitud. Recuerda que la reflexión es el mejor camino para actuar.
• Si se reconoce como alguien impulsivo, adelantase a los hechos y no participe en debates y discusiones, sobre todo en aquellas en donde la pasión predomine a la razón. Evita y evítate un mal momento y mantente al margen. Siempre habrá tiempo para hacer conocer tu opinión desde un lugar reflexivo.
• Si, pese sus esfuerzos, no logra modificar su impulsividad, no dude en consultar con un especialista. Será el que te orientará para realizar las acciones terapéuticas correspondientes.

Comenta soyborderline.com. que la información escrita sobre impulsividad que había hasta el momento era dispersa, en lengua inglesa y ningún libro había abordado el problema de forma íntegra”, señala el doctor Salvador Ros, consultor senior del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar y Profesor Asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Por eso creímos oportuno hacer una recopilación de los datos existentes, actualizándolos y recogiéndolos en un manual que sirva de guía para los facultativos implicados en el tratamiento de este tipo de patologías, proporcionando los recursos diagnósticos y terapéuticos de los comportamientos impulsivos, tan frecuentes en la práctica clínica diaria. Para ello hemos contado con el apoyo de especialistas de diez universidades y veinte servicios hospitalarios”.

La impulsividad se convierte en patológica, en individuos que frente a una determinada situación, no pueden demorar el momento de satisfacer una necesidad; así, según explica el doctor Gabriel Rubio, co-autor del libro y Jefe de los servicios de Salud Mental del distrito de Retiro en Madrid, “esa persona no puede demorar su necesidad, por ejemplo, de beber y es entonces cuando se da atracones a beber y entonces aparece el alcoholismo, o bien no puede demorar una relación sexual y aparece la adicción al sexo. Puede ocurrir, igualmente, que sienta una cierta incapacidad ante situaciones como estar con más gente y se siente irritado, molesto y reacciona con agresividad e incluso con violencia: en definitiva, el sujeto es incapaz de inhibir una respuesta que en condiciones normales debería poder ser inhibida”.

La prevalencia de los trastornos del impulso como tales, sin estar asociados a otras patologías psiquiátricas, es baja (los casos de juego patológico no son muy frecuentes, los de piromanía tampoco, aunque la repercusión social sea muy importante), pero cuando la impulsividad es síntoma en otras patologías, se puede afirmar que entre el 10 y el 15% de la población padece trastornos por impulsividad patológica.

A todo ello reañade, que la impulsividad desempeña un importante papel en múltiples enfermedades mentales y en muchas ocasiones es la clave de su diagnóstico. La impulsividad es una importante característica en los cuadros sicóticos y se refleja en los trastornos de la conducta tan frecuentes en pacientes esquizofrénicos, o con otras psicosis que dan lugar a episodios de gran hostilidad, con auto o heteroagresividad. También en los trastornos clásicamente considerados como neurosis, se encuentra la patología de la impulsividad, como es el caso de los trastornos por somatización y la hipocondría, en los que los pacientes a veces muestran un aumento de la impulsividad que se manifiesta por una mayor motilidad o inquietud psicomotora.

Existen asimismo trastornos orgánicos cerebrales (las llamadas psicosis orgánicas), en los que aparecen con relativa frecuencia signos de descontrol de impulsos, tal como ocurre en las encefalitis agudas, la epilepsia, los tumores cerebrales y los trastornos endocrinos, entre otros. Mientras que en algunos de estos cuadros, disminuyen los impulsos (disminución de la iniciativa, apatía, etc.), en otros existe un aumento de la impulsividad (desinhibición).

En los últimos años, numerosos estudios han relacionado la impulsividad con altos riesgos de tabaquismo, alcoholismo y drogadicción. Las personas que intentan suicidarse, tienen alto puntaje en las mediciones de impulsividad, al igual que las adolescentes con problemas alimentarios. La agresión, el juego compulsivo, los severos desórdenes de personalidad y el déficit de atención, se asocian con altos niveles de impulsividad, un problema que afecta alrededor del 9% de los estadounidenses.

Ahora los investigadores han empezado a resolver la contradictoria naturaleza de la impulsividad, identificando los elementos que diferencian una experimentación benigna, de los actos autodestructivos. Los últimos trabajos en investigación cerebral y psicología ayudan a explicar cómo se desarrollan las tendencias impulsivas y en qué casos pueden llevar por mal camino a las personas.

Una potente combinación de genes y experiencias tempranas emocionalmente desorientadoras, colocan a los individuos en situación de alto riesgo, al igual que ciertos instintos personales muy bien conocidos.

«Lo que estamos viendo -dijo Charles Carver, psicólogo de la Universidad de Coral Gables, Florida, -son pruebas que indican que cuando las áreas prefrontales corticales del cerebro, donde se asienta su sistema de supervisión, no funcionan bien, eso interfiere con la conducta reflexiva y las consecuencias suelen ser desagradables».

No olvide, que en los humanos, la conducta impulsiva tiene su punto más alto en la adolescencia, cuando las áreas prefrontales del cerebro aún están en desarrollo, o poco más tarde, en los primeros años de la edad adulta, cuando se espera culturalmente que las personas prueben sus límites.
Controle sus emociones, no deje aflorar libremente los impulsos, manéjelos, no que estos lo hagan, administre adecuadamente su energía y evite males que le puedan originar problemas físicos y psíquicos. Sorpréndase, preste atención en su impulsividad.

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