Sobre las pasiones

Sabemos que mientras estamos con vida, se nos permite, mostrar emociones, sentimientos, deseos, pasiones que estarán actuando y debemos estar atentos como las controlamos, de tal forma que no generen conflictos, situaciones, que nos pueden afectar física y hasta psíquicamente.

Buenanueva.net señala, que las pasiones son los afectos, emociones o impulsos de la sensibilidad –componentes naturales de la psicología humana, que inclinan a obrar o a no obrar, en vista de lo que se percibe como bueno o como malo. Las principales son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la cólera. La pasión fundamental es el amor, provocado por el atractivo del bien. No se ama sino el bien, real o aparente.

Las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no son en sí mismas ni buenas ni malas; son buenas, cuando contribuyen a una acción buena; son malas, en caso contrario. Pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios (Catecismo de la Iglesia Católica).

La perfección del bien moral, consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su ‘corazón‘.

Desde luego, una de las pruebas más determinantes y que inciden en nuestro crecimiento, conducta, comportamiento, están las relacionadas con las pasiones humanas, las carnales que de no sabérsele manejar pueden afectarnos seriamente.

Nos aporta y recuerda, filosofia.laguia2000.com, que para Descartes existen seis pasiones que se destacan y otras no tanto, derivadas de ellas.
La admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza son las pasiones más importantes y el resto se originan en ellas. La admiración llega al alma a partir de una impresión que registra el cerebro, órgano que la tiene en cuenta por su rareza o por lo que tiene de extraordinario.

La admiración no se relaciona ni con el corazón, ni con la sangre, sólo con el cerebro. La admiración tiene mucha fuerza, porque es algo súbito que repercute en los sentidos. Lo novedoso es lo que produce admiración, su fuerza es desde su origen y su característica es, la de imprimir una huella en el cerebro en zonas que habitualmente no se estimulan. Esta particularidad produce asombro, es decir que todo el cuerpo queda estupefacto.

Las pasiones son las responsables, de que los pensamientos permanezcan en el alma y no se borren fácilmente, de modo que no son útiles. La admiración sin embargo, tiene utilidad en el sentido que, gracias a ella se puede aprender. Se puede observar que los que no se asombran por nada, por ser poco inteligentes, son también poco propensos para aprender, y los hombres de espíritu superior tampoco se sienten inclinados a admirarse o sorprenderse, por su suficiencia. Son siempre los que no creen saberlo todo, los que tienen todavía capacidad de asombro. La admiración no tiene que ser ni mucha ni poca, sino lo suficiente porque puede anular el uso de la razón.

El amor proviene del alma movida por los espíritus, a unirse con los objetos que le convienen y el odio es la emoción que lleva al alma a querer separarse de los objetos. Existen dos clases de amor, el benevolente, que es el que lleva a la voluntad a querer el bien para una persona y el amor de concupiscencia que es amor que hace desear lo que se ama; o sea, el que se tiene por las cosas buenas y el que se tiene por las cosas bellas y esta clasificación vale también para el odio, porque se odia lo malo y las cosas feas

El deseo es una agitación del alma producida por los espíritus, de manera que no sólo se desea lo ausente, sino que se desea también conservarlo.
El deseo que tiende al bien, va acompañado de amor, de esperanza y alegría, mientras el deseo que tiende al mal va acompañado de odio, temor y tristeza. La alegría es la emoción de gozo, por el bien de las impresiones que se producen en el cerebro. La tristeza es la incomodidad del alma, producida por el mal que registra el cerebro.

Cuando el amor no va acompañado de alegría esperanza o tristeza fuertes, el latido del pulso es igual y mucho más fuerte que habitualmente y la digestión de los alimentos es más rápida, de modo que esta pasión es útil para la salud.

El deseo es la pasión que agita el corazón con más violencia, provocando que los espíritus pasen a los músculos, se agudicen los sentidos y provea de mayor movilidad a todas las partes del cuerpo. Para Descartes, todos los órganos que producen sangre también producen espíritus.

Por otro lado Graciela E. Assaf de Viejobueno, manifiesta, que se suele decir, equivocadamente, que las pasiones perjudican y destruyen al hombre, y por lo tanto hay que suprimirlas. En realidad, las pasiones no son ni buenas ni malas. Ellas son el motor que excita y desarrolla la actividad. Así Juan Luis Vives dice en su obra Tratado del alma, que Dios infundió en el hombre las pasiones, para que sirviesen a modo de acicate para estimular su alma. Sin embargo, considera que al padecerlas el espíritu, originan “perturbaciones” e “impotencias” y cuando son muy violentas crean confusión mental, “ceguedades”, que no permiten ver nada. Por ello aconseja que la razón juiciosa, deba permanecer alerta y vigilante para impedir que las pasiones nos dominen, es decir, que no se hagan permanentes en el hombre, ni se constituyan en enfermedades o vicios del alma. Por eso es preciso educar, ordenar y purificar las pasiones. Hay que encauzarlas, para lograr un pleno crecimiento humano. Al respecto, el P. Petit de Murat ejemplificaba: «La ira, asumida por la razón, engendra la virtud de la fortaleza.»

La pasión nace de la afección íntima que nos causa un acontecimiento exterior. Son deseos permanentes que no nos abandonan, ni siquiera una vez satisfechos. Por ello, las pasiones no son fugitivas o provisionales y, a veces, constituyen el drama de toda una vida.

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