Del surgimiento del MVR al III Congreso del PSUV

El MBR-200 fue la prehistoria del proyecto hegemónico gobernante, hasta que Hugo Chávez conformara la plataforma electoral denominada Movimiento V República (MVR) en 1997, pieza fundamental en la victoria en diciembre de 1998 y  el acceso a la Presidencia de la República en 1999.

En este período inicial de mandato el instrumento político fue el MVR, cuyo signo permanente fue marcado por órdenes y caprichos presidenciales, en un partido donde los conceptos militares de estructura y obediencia, intentaban controlar a una incipiente organización política cuya masa anónima era más cercana a la horda, que a un concepto orgánico de partido político de cualquier rasero ideológico.

Para el logro de los macro objetivos de establecer un aparato de dominación neocorporativo, el Estado Comunal, mediante la Reforma Constitucional de 2007 e imponer bajo su doctrina el Socialismo del Siglo XXI como justificación teórica, se necesitaba una organización política de mayor envergadura y no el camastrón inservible del MVR. Este fue el punto de partida del nuevo partido gobernante.

Efectivamente, el PSUV tuvo el primer acto público para su formación, en marzo 2007 y el congreso fundacional en enero de 2008, para de esta forma reordenarse de la derrota sufrida en la consulta del 2D 2007, sobre la fallida reforma constitucional, y así volver con nuevos bríos como lo han hecho hasta 2014 en el cumplimiento del macro objetivo, de reinterpretar a capricho la Constitución vigente e implantar un Estado policial donde se violentan los derechos democráticos.

Es cierto, el PSUV del III Congreso no es el parapeto del MVR, es un aparato partidista apéndice del Estado Comunal, donde Ministros, Gobernadores y Alcaldes son, al mismo tiempo, las máximas autoridades del partido; y por otro lado, representantes de los poderes públicos, a tal extremo, que de los 920 delegados -un 41%- 380 son natos por ejercer los poderes públicos y 540 electos por la base controlada a la vez, por estas cúpulas del PSUV; incluso con la capacidad de imponer una agenda donde no se eligen autoridades del partido. Quizás sea esta la  razón de la marcada ausencia a la votación dominical para elegir delegados a un congreso clientelar.

Pues bien, el Comandante Eterno cuando se refería al PSUV, manifestaba que “éste escribirá una nueva historia, ya que no seguirá el ejemplo de otros partidos que nacieron en el país y se hundieron en la ineficiencia, corrupción, la falta de democracia interna y por tanto desaparecieron”. Qué ironía, cuando su fundador prefigura la condición terminal del partido gubernamental.

Quizás un estudioso de la talla de Antonio Gramsci, por cierto muy mentado en el léxico oficialista, califica con exactitud la conducta de las organizaciones políticas, al sentenciar que la manera más exacta de conocer las intenciones de un proyecto político, es observando cómo es en realidad su vida  interna de partido, esté o no en el ejercicio de gobierno. En nuestro caso es público y notorio como el gobierno del PSUV no valora a su militancia y maltrata a un país entero.

(*) Movimiento Laborista

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