¿Dios Ha Muerto…?

Friedrich Wilhelm Nietzsche, pensador alemán nacido en Sajonia el 15 de octubre de 1844, fue a quien se le ocurrió la escandalosa frase “DIOS HA MUERTO”, cuando se atrevió, nada menos que, a propiciar el derrocamiento de los valores cristianos históricamente respetados. Fundamentándose en la responsabilidad absoluta que cada individuo debe asumir para actuar en un mundo sin DIOS, construir sus propias “REALIDADES”, “VALORES” y una “LIBERTAD” sin límites para convertirse en SUPERHOMBRE.

Muchas interpretaciones se le han dado a éstas peligrosas afirmaciones; se dice que las “locuras” de Nietzsche fueron presagio de la demencia colectiva que aguardaba al futuro de la humanidad, para muestra, el holocausto, terrible tragedia del siglo XX creada por el nazismo, supremo modelo de intolerancia, falsedades, irrespeto a la vida y a la dignidad humana como jamás se recuerde, producto de un liderazgo demencial que pretendía “ACOMODAR” al mundo a su saber y entender.

No queremos pensar que historias similares puedan ocurrir en el mundo de hoy, muchos menos en nuestra patria Venezuela; sin embargo, vivimos tiempos dramáticos, caracterizados precisamente por una innegable descomposición social, política y económica con un fuerte componente comunicacional del sector oficial, que pretende, a toda costa, VENDERNOS UN MODELO UTÓPICO DE PAIS, cargado de odios, improvisaciones, exclusiones y contradicciones inaceptables, aún para los más incautos; veamos como ejemplo, algunas de ellas:

– Se anuncian indicadores de crecimiento económico cercanos al 10% (los más elevados del mundo), en un país donde más de un 80% de la población se encuentra en condiciones de pobreza.

– Se anuncia un aumento del empleo y desarrollo de actividades industriales, en un país donde esas actividades han ido disminuyendo en un 50% en los últimos 10 años.

– Constantemente se repite que el país está en calma y “en excesiva normalidad”; pero los indicadores de criminalidad son superiores a los de un país en guerra, como: Irak.

– El discurso presidencial está centrado en el “amor a los pobres”, y los inmensos recursos petroleros se utilizan irresponsablemente para satisfacer necesidades multimillonarias de países extranjeros, mientras en el país se ofrecen limosnas proselitistas a millones de venezolanos EXCLUIDOS.

– Las misiones resuelven necesidades inmediatas, pero no abordan el problema estructural de la pobreza, el desempleo, salud, seguridad social, educación de calidad, seguridad personal, democracia y gobernabilidad; condiciones imprescindibles para conducirnos hacia el desarrollo sustentable.

Nosotros sí creemos en DIOS, pero sabemos que todas estas calamidades y contradicciones, no se resuelven solamente con la fe cristiana; tenemos que recorrer un camino de dificultades, superables en la medida que todos entendamos la realidad dentro de la cual estamos; los problemas en mayor o menor medida nos afectan a todos, por lo cual se impone la búsqueda de una concertación nacional que nos permita luchar democráticamente para superarlos.

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