El buen uso de la ignorancia

La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.
Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.

Temporada electoral, tiempo de ofertas, promesas. Discursos mesiánicos que aseguran la salvación y la solución a cualquier problema. Sumergido en este contexto, surge una gran interrogante ¿Cuánto tiempo necesita un ser humano para recorrer un país y darse cuenta de las necesidades que hay?

Necesidades que están presentes desde hace años. Necesidades que con un recorrido corto por cualquier población de nuestro país, saltan a la vista sin mucho esfuerzo. Y no es necesario mayor esfuerzo porque la falta de servicios es tan evidente como la falta de conciencia de los usuarios. Falta de conciencia que les ha llevado a plagar de escombros el lugar donde habitan, mostrando la desasistencia en la que viven causada por la desidia de quienes han tenido la fortuna de conducir este maravilloso país.

Resulta impresionante constatar cómo los gobernantes de turno, quienes dicen ser los encargados de distribuir la riqueza de manera equitativa, en cambio emplean esa riqueza en erigir monumentos fatuos, con la finalidad de marcar territorio y hacer alarde de su presencia. Esto, sin considerar la miseria que tienen a su alrededor, ignorando por completo el abandono en el que viven los pobladores, carentes de los servicios básicos necesarios para satisfacer las necesidades elementales de cualquier ser humano.

La decadencia es tal, que esas personas sumidas en una triste ignorancia, sostenida a través del tiempo, son usadas para fines personalistas como juguete de estos “líderes” que lo único que persiguen es perpetuarse en el poder como dioses.

Esto definitivamente es hacer buen uso de la ignorancia.

Es una asociación establecida de manera arbitraria donde tanto el gobernante de turno como el que aspira a serlo, hace un diagnóstico de la necesidad emocional de quienes gobierna o aspira a gobernar y se monta en esa plataforma para hacer sólo lo que un gobernante ignorante puede hacer: Nada.

Así comienza el derroche de ideas para crear quimeras, mas no para impulsar proyectos que produzcan un desarrollo sustentable en el tiempo. Le sigue la colocación de personas al frente de los organismos que van ejecutar las quimeras. Estos procuran hacer una inauguración bien pomposa, colocan un aviso grande y realizan la obra modelo que se va publicitar en los medios de comunicación. Finalmente, está la gente, el pueblo. Estos son incluidos en los planes para que hagan bulto en los actos públicos, se les convence de lo bien que están viviendo y como muestra se les regala una imagen gigantesca para que la adoren.

Y cabe preguntarse entonces: ¿Cómo es que la gente sigue una y otra vez entregando el poder para que les usen?

Hay muchas respuestas posibles, pero todas convergen en una: Ignorancia. Y esta atañe a gobernantes y gobernados. Los primeros, porque su concepción mental no acoge el hecho de gobernar como una virtud que supone la responsabilidad de encaminar los destinos de muchos. Por el contrario, representa para ellos una oportunidad de grandeza personal. Los segundos, porque simplemente giran en un círculo de necesidades y carencias siempre pendientes de ser resueltas.

Pese a esto, nadie contempla un plan de educación, ligado a una preparación intelectual y al desarrollo de talentos, que en este país sobran. Tampoco se vislumbran cambios estructurales para dar paso a la implementación de una gerencia efectiva que pueda fijar metas a corto mediano y largo plazo.

La pregunta que queda entonces es ¿Seguimos haciendo buen uso de la ignorancia?

¡Hasta una próxima entrega! 

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