El conocimiento y el decisor, pues ¿en qué ha de basar éste sus decisiones?

Todo buen decisor debe basar sus decisiones en el conocimiento que puede construir a partir de datos e información disponible, y es importante para cada decisor saber de esto. ¿Qué es “conocimiento”? Muchas son las acepciones de tal vocablo; entre ellas: “estado de conciencia de las cosas en que vive el hombre” y “acción y efecto de conocer”.

¿Qué es “conocer”?: “es averiguar la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas”, pero también “es percibir el objeto como distinto de todo lo que no es él”, y asimismo “es entender, advertir, saber sobre algo; es decir, comprender un asunto con facultad legítima para ello”.

Describir el fenómeno del conocimiento posibilita desvelar la existencia de una dupla relacional (el sujeto que dice conocer y el asunto conocido) que determina el pensamiento (creencias, valores, principios, entre otros), siendo necesario convenir que el sujeto no modifica al objeto y que en esa relación inseparable se produce un ir y venir interminable de abstracciones que es el pensamiento, pudiéndose afirmar que el pensamiento resulta de la acción simultánea del objeto sobre el sujeto y viceversa, donde el pensamiento mismo puede ser objeto y que éste trasciende al sujeto; es decir, que es algo en sí mismo, pues llega a tener sus propiedades. ¿Cómo negar que un mismo asunto puede significar algo diferente para dos individuos?; p.ej.: un par de zapatos puede ser algo horrible para alguien, pero puede ser también un gran signo externo de poder para otro.

El conocimiento
El humano es un ser que habita el planeta Tierra y sabe que en torno a éste orbita la Luna. ¿Cuánto y qué sabe el humano sobre tal satélite; cuánto y qué le falta por conocer de él? Quizá lo mismo que sabe y lo que le falta saber por acerca de su planeta. Ahora, respecto de ambos cuerpos del Sistema Solar (que sólo tiene 8 planetas, en vez de 9 como se concebía hasta hace pocos días), también sabe que están en movimiento perenne, que nunca volverán a estar en un mismo punto del universo, etc., pero puede expresarse que ni siquiera sabe en qué lugar está él exactamente.

Todos los días se sabe algo nuevo, pero queda muchísimo por conocer, siendo esto mucho menos de lo que le gustaría al humano saber. Es más, diariamente hay conocimientos que pierden validez y pasan a la larga lista de falsedades existentes.

Nunca llegará el día en que se sepa todo: se seguirá hallando qué descubrir y conocer; por ello: adquirir conocimiento es un placer infinito. Este instante es oportuno para preguntarse, si acaso es una coincidencia casual la relación que puede tener el hecho de que Dios dispuso, que el “árbol de la vida (eterna)” y el “árbol de la ciencia del bien y del mal” formen esa pareja típica del centro del huerto del Edén (Génesis 2, 9): quizá fue una manera de representar que el conocimiento y la vida son una díada inseparable, pues se necesitaría una vida eterna para llegar a saberlo todo y viceversa.

Cinco son los problemas típicos de la teoría del conocimiento (el método, la posibilidad del conocimiento, el origen del conocimiento, la esencia del conocimiento, y la verdad). Al respecto de estos cinco, trataré los tres primeros, intentando exponer lo que retengo en mi mente:

El problema del método: ¿Cómo se ha logrado un conocimiento, partiendo de lo dogmático o de la realidad científica (circunstancia que nace de la aplicación propuesta por René Descartes en su “Discurso del Método” (siglo XVI)? Descartes abrió el camino de la búsqueda de una verdad que no ofrezca dudas, convirtiendo la duda en un método e instauró la duda metódica.

La posibilidad del conocimiento: Sobre la cuestión de si es posible el conocimiento, existen tres posturas fundamentales (1- el dogmatismo, según lo cual no existe el problema del conocimiento y se parte de la presumir que todo lo aseverado son verdades inconclusas, son principios innegables: es la creencia de que el intelecto humano es capaz de alcanzar la certeza absoluta y el conocimiento de la realidad tal como ésta es. Del cuestionamiento de lo anterior nació la filosofía racionalista que estudia los fundamentos, métodos y lenguaje del conocimiento y que defiende que el saber construido surge metódicamente en oposición a las opiniones individuales, y de allí deriva el conocimiento exacto que surge del conjunto de elementos que condicionan las formas de entender e interpretar; 2- el escepticismo, doctrina filosófica (opuesta al dogmatismo) que se basa en la desconfianza de la capacidad del hombre para alcanzar el conocimiento y de esta postura derivan variantes: el subjetivismo, (en el cual predomina lo subjetivo, lo pertinente a cada sujeto, pues es relativo al modo de pensar individual y no al objeto en sí mismo); el relativismo, donde el conocimiento nunca es absoluto y es objeto de relaciones, negando la existencia de verdades objetivas y que formula que todo debe valorarse en referencia al hombre, la sociedad, el momento, etc.); 3- el pragmatismo, (que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida; es decir, la verdad de una afirmación equivale a la utilidad de la misma); el criticismo, (una posición intermedia entre dogmatismo y escepticismo que considera la posibilidad de la existencia del conocimiento (la verdad), pero no lo acepta ingenuamente, sino que lo somete al análisis crítico (el arte de juzgar el valor de los asuntos y/o de las cosas y lleva a considerar en conjunto todas las opiniones que entren en cada juicio).

El origen del conocimiento: ¿Qué es lo determinante aquí: la experiencia o el pensamiento (la creencia)? La respuesta ha de nacer de las posturas más importantes que son: 1- el racionalismo, según el cual es el pensamiento, la razón, es el origen del conocimiento; es decir, considera que sólo la razón puede obtener el conocimiento verdadero, oponiéndose así al empirismo; 2- el empirismo, sistema basado en los datos de la experiencia, en lo que se conoce como producto de la experiencia, y considera a la experiencia como única fuente de conocimiento, recusando todo innatismo y, por ende, la afirmación de que un sujeto sólo puede llegar a elaborar un conocimiento después de estar en contacto con la realidad sensible y únicamente con los elementos que esta realidad le aporta; 3- el intelectualismo, una tentativa entre el racionalismo y el empirismo que parte de aceptar que el conocimiento arranca de la experiencia e interviene también la razón, dando así preeminencia al intelecto; y 4- el apriorismo, un método que emplea sistemáticamente el razonamiento a priori –que significa: por lo que precede– (la demostración que consiste en descender de la causa al efecto o de la esencia de una cosa a sus propiedades).

Es posible que quien lee estas líneas llegue a preguntarse: ¿En dónde ocurre todo esto del conocimiento?, y la respuesta es: en la mente del conocedor (el ser habituado a penetrar y discernir la naturaleza y propiedades de un asunto).

De todo lo anterior nace la importancia de que todo decisor sepa respecto del conocimiento y de cómo administrarlo, pues una administración adecuada puede rendir altos beneficios, especialmente cuando se ciñe a unas “reglas de juego” exigentes en materia de sus competencias particulares, relativas al manejo de la información y del saber: dos elementos del cambio en la competitividad del poder.

El dominio de la información y del saber, plantea un cambio en la competitividad del poder y por el poder, muy especialmente en las organizaciones sometidas a la globalización; éstas deben saber valorar los procesos de la información como una herramienta que facilita la creación del saber y una mejor calidad de vida. Los constantes cambios en el ámbito de las organizaciones que laboran con “conocimiento”, hacen que los decidores deban revisar perennemente su metodología decisoria y han de admitir que les conviene gestionar adecuadamente datos e información para poder descubrir las tendencias, poseer una mejor y más profunda conciencia sobre su misión, reducir su tiempo de respuesta, en pro de concebir y adoptar las mejores decisiones.

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