El conocimiento y su gestión inteligente

Varios son los tipos de conocimientos, encontramos desde aquel que se han atribuído los magos, pasando por el conocimiento cotidiano o natural hasta el científico. Todos responden a la misma necesidad humana – la búsqueda de la verdad y de la explicación de los hechos o fenómenos-, por lo que pudiésemos decir que no son opuestos. No obstante, en este editorial nos referiremos al tipo de conocimiento más elaborado, es decir, al científico y destacaremos su importancia en la sociedad. También trataremos, cómo la cultura empresarial debería gestionar a la gente del conocimiento.

No existen dudas sobre el valor del conocimiento científico, para el progreso de la sociedad. De esa importancia asignada al conocimiento científico y a la interacción ciencia-sociedad, ha nacido lo que se conoce con el nombre de sociedad científica para designar a aquella que dota de un elevado rigor a las actividades sociales, cuando se han impregnado de un mayor sentido científico. Ese reconocimiento a la interacción conocimiento y sociedad es considerada, la razón principal por la cual los Estados, han comenzado a promover y responsabilizarse de la investigación científica como potencial fuente de poder.

Vale destacar que el reconocimiento social del conocimiento científico, ha promovido la imagen del investigador, reconociéndolo como auténtico motor del progreso en todos los órdenes, ya que suscita simultáneamente el desarrollo de su propia ciencia y, en el ámbito social, donde esta se aplica.

Esa sociedad científica, son grupos humanos que no sólo generan teorías científicas sino, que también, las decantan por medio de la crítica y asumen el papel de jueces evaluadores, respecto a cuáles de ellas son aceptables. Es decir, que son esos grupos humanos, los que deciden que es ciencia y que no lo es, siendo el tiempo el único tribunal de apelación. La comunidad de científicos se encuentra así ante la doble tarea de proponer las teorías científicas y asumir el papel de arbitro, que juzga sobre la aceptabilidad de las construcciones teóricas.

Sin embargo, ese auge de la ciencia y su progresiva influencia en la sociedad, no ha escapado a una serie de reflexiones críticas, que tienen que ver con sus aplicaciones militares y políticas que no se pueden silenciar. Críticas de tipo económico, basado en el enorme costo de algunas investigaciones, cuya función social resulta muy escasa, por no decir negativa. Críticas de tipo ecológico, cuyos resultados están a la vista, por las graves consecuencias, que determinados experimentos científicos y sus aplicaciones, representan para el entorno natural. Críticas de orden moral, suscitadas por los problemas éticos que plantean nuevas ciencias, como la biotecnología o la genética. Críticas de tipo político, que han señalado la función ideológica y de control social, que determinadas teorías representan. Y finalmente, la crítica relativa a la dependencia económica y tecnológica, que se deriva de la investigación científica, que somete a los países con un menor potencial económico.

Ya lo decía Russel, B.(1969) en su libro. La perspectiva científica, y lo recordamos en este momento: “Para que la civilización científica sea una buena civilización es necesario que el aumento del conocimiento vaya acompañado de sabiduría, entendiendo por sabiduría una concepción justa de los fines de la vida. Y esto es algo que la ciencia por si misma no proporciona”

Por otro lado, en un intento de relacionar -aunque parcialmente- el conocimiento elaborado, ese que llaman el inteligente, con la cultura de gestión de las empresas; afirmaremos que, vivimos la era de los trabajadores del conocimiento, independientes o autónomos y con motivación propia y; que por lo tanto, esta gente requiere de un manejo diferente conforme a esa nueva realidad.

El factor unitario que está provocando los cambios más importantes en la función directiva, es el crecimiento y la generalización del trabajo del conocimiento, ya que, si los dirigidos se han constituido en un colectivo substancialmente diferente al de los trabajadores del pasado, los directivos también tendrán que cambiar y, en algunos casos, drásticamente.

Usualmente, los directivos no suelen prestar mucha atención a la creación de culturas de trabajo y, cuando lo hacen, tratan más bien de reforzar la cultura corporativa existente. No obstante, cuando los dirigidos o trabajadores son gente del conocimiento, sus directivos tienen que crear culturas acordes con los deseos de sus empleados o resignarse a perderlos.

Ahora bien, ¿pero cuál pudiese ser esa cultura que atraiga a los trabajadores del conocimiento?. Siguiendo las ideas de Kanter y Benís, hay cinco características deseables para una cultura orientada al conocimiento y, posiblemente, también válida para cualquier otro ambiente laboral: i) cultura rápida; ii) flexible; iii) centrada; iv) amistosa y; v) entretenida.

Nada resulta tan desolador como una institución que, por inercia burocrática, reacciona con lentitud ante los cambios del mercado. Por la misma razón anterior, la empresa del conocimiento tiene que ser flexible, cambiando de modelo de gestión cuando cambie el entorno; como es el caso de muchas empresas del comercio electrónico. A los trabajadores de las empresas que trabajan con el conocimiento, les gusta ver a sus empresas centradas en aquellos temas importantes para su éxito. Y como la vida es corta y las jornadas de trabajo son largas, los trabajadores quieren que el ambiente laboral sea amistoso y entretenido.

La cultura de las personas del conocimiento, es además, una cultura comunitaria, por lo que los directivos, deben crear con sus empleados un sentido colectivo de objetivos y visión. Los trabajadores inteligentes, es decir, los que trabajan con el conocimiento, no quieren perseguir un objetivo simplemente, porque alguien lo ha establecido, sino porque ellos creen en él. Este tipo de cultura debe estimular las decisiones y actuaciones basadas en el conocimiento y en los hechos, y no tanto en el valor o la intuición. Esa es la razón por la cual los directivos tienen que dar ejemplo con sus decisiones, si pretenden contar con seguidores inteligentes.

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