El conocimiento y su gestión

La teoría aristotélica-escolástica del objeto material y formal sostiene que “para poder ser considerada como ciencia, toda disciplina debe poseer un objeto material de conocimiento y un cuerpo propio de saberes referentes al objeto, denominado objeto formal”. De allí que todas las ciencias (humanas o sociales) tengan al hombre como objeto material de estudio y hay dos elementos que las diferencian entre sí: el distinto enfoque (punto de vista o perspectiva) y la desigual metodología de investigación que cada una aplica para estudiar al hombre, conocerlo y explicarlo. De estos elementos surge el objeto formal de conocimiento o saberes propio de cada una de estas ciencias.

La Gestión es un quehacer que le compete a las distintas ciencias que se dedican al estudio de lo humano; particularmente en lo tocante a su labor; por ello conviene que sea conocida como “constructo”, empezando por tener máxima claridad en cuanto a su definición. Incluso, vale pasearse por el hecho de examinar que algunos (no pocos) han llegado a expresar que èlla, en sí misma, es una ciencia que puede aplicarse a todos los campos de acción del humano, dándose origen a la Gestión Pública, la Gestión de Recursos Humanos, la Gestión del sector de la Salud, la Gestión Hospitalaria, la Gestión de la Calidad, entre un inmenso etcétera que existe.

Según muchos diccionarios y tratados, Gestión es la labor ejecutada por la gerencia. La opinión del autor de estas líneas se inclina a favor de que Gestión es “aquella labor -casi artística- que se cumple en el ámbito contextual de toda organización (englobando todas las actividades implicadas en ésta), cuyo escenario principal de comando operativo está en la oficina del gerente, y que está encaminada a alcanzar el objetivo formulado”. Para facilitar una mejor comprensión de lo asentado acá, basta con recordar que para la Gestión de la Calidad Total se necesita conformar un comité constituido por quienes están al frente de las distintas gerencias de una organización.

Por otro lado, también conviene tener claridad respecto a la diferencia que hay entre otra tres voces; a saber: “Conocimiento”, “Información” y “Entendimiento”. El autor es de quienes comparten la idea de que cuando el conocimiento ha sido asentado en cualquier medio (a través de letras, gráficos, etc.), lo que se ofrece allí es “Información”: no Conocimiento, pues éste sólo adquiere tal dimensión en la mente del individuo que sabe interpretarla e incorporarla provechosamente en ese cúmulo de bienes intelectuales intangibles aprehendido y que le es propio; es decir: lo entendido, lo asimilado, puesto que el Entendimiento se define como: “la facultad conformada por la tríada de conocer, comprender y juzgar”; en otras palabras: deducir a partir de lo que ya se conoce; expresado de otro modo: la capacidad de relacionar los diversos aspectos de un asunto y ver la cuestión en su totalidad, no sólo las partes aisladas.

Podría asentarse -sin temor a equivocaciones- que el humano siempre ha deseado tener conocimiento, que lo ha buscado por todas partes y acerca de los asuntos más disímiles. Del mismo modo, se puede afirmar que el conocimiento es producto de la información y que ésta –a su vez– es producto de la concatenación significativa de datos aislados, bien sean de terrenos símiles o disímiles. Igualmente, también podría expresarse que el conocimiento logrado hasta ahora, es de una proporción enorme y que las nuevas tecnologías de la información han posibilitado que la memoria colectiva de la humanidad haya adquirido ese tamaño tan grande (que ha sido comparado con un inmenso océano en el cual debemos aprender a nadar, bucear y surfear para poder encontrar allí lo que se busca -selectivamente- sin tener que atravesarlo totalmente, pues lo que se halla disponible no resulta precisamente útil del todo); pero es posible que esto sea nada al lado de la información y del conocimiento que falta por obtener. Actualmente, los medios que el hombre utiliza para depositar, difundir y localizar la información, escapan prácticamente de la comprensión del humano común: quien utilice Internet puede obtener una cantidad infinita de información, solamente con oprimir un botón. De ésta y de muchas maneras, la información se consigna, disemina y se halla más rápidamente de lo que podemos suponer.

Son muchas las cosas que se pueden anotar respecto del conocimiento; entre ellas: que su aplicación reclama prudencia, que entraña responsabilidad, que debe ser administrado inteligente, sensata, provechosa, íntegra y éticamente, etc., puesto que el conocimiento puede ser terriblemente dañino en manos de temerarios, inexpertos, negligentes, o ignorantes. Por ello puede manifestarse, que la posesión de conocimiento puede implicar beneficios, riesgos y castigos; así está escrito en diversos idiomas y pueden ofrecerse dos buenos ejemplos de esto: 1- lo ocurrido con Asclepios (Esculapio), quien obtuvo un gran conocimiento médico –de cuya aplicación podía causar beneficio o daño- y fue castigado implacablemente por Zeus con un rayo, debido a la ira de éste cuando Hades (rey de los infiernos) le reclamó que -debido a las resurrecciones que sin miramientos estaba haciendo el dios de la Medicina- su reino se veía amenazado de quedar sin súbditos, pues todos los muertos estaban recobrando la vida; y 2- la expulsión de Adán del Paraíso, quien salió acompañado de Eva, por disposición de Dios como castigo por haber desobedecido la orden de no comerse el fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal”. Buen momento es éste para preguntarse cuál es el nombre real del producto de tal árbol, pues “manzana” es una alegoría; acaso, ¿conocimiento?

La condena fue por desobedecer una orden (una gestión incorrecta del conocimiento), no fue por haber incorporado el fruto prohibido de dicho árbol (como consecuencia de haber accedido Eva a la tentación de la serpiente cuando ésta le dijo: –“No moriréis, sino que Dios sabe que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo del bien y del mal”), pues luego vino Cristo a ofrecer su vida en sacrificio para redimir a la humanidad entera y ésta quedó perdonada y… se quedó con lo comido, puesto que no lo devolvió, pudiéndose pensar que en un inicio lo narrado en el Génesis pudo deberse al hecho de Dios estimó que el humano no era lo suficientemente prudente como para administrar provechosa y éticamente el resultado de la incorporación de tal “alimento”; de allí la prohibición (por amor divino a lo creado) debido al temor del daño que pudiera devenir en su contra por la posesión de conocimiento.

Los riesgos por poseer conocimiento no se han quedado sólo en narraciones de este tipo, ambas relacionadas con la deidad, sino que también se halla citado en otros expresiones; la máxima de Samuel Johnson (1709-1784) es un buen ejemplo de eso: -“La integridad sin conocimiento es débil y el conocimiento sin integridad es peligroso y temible”.

¿Qué es conocimiento?
Respecto al significado de tal voz, existen muchas acepciones; entre ellas cabe citar dos: 1- estado de conciencia … de las cosas en que vive el hombre; y 2- acción y efecto de conocer. Ahora bien, ¿qué es “Conocer”?. Conocer es averiguar –por el ejercicio de las facultades intelectuales– la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas; pero también se acepta que es percibir el objeto como distinto de todo lo que no es él. Igualmente, conocer es entender, advertir, saber sobre algo; es decir, comprender un asunto con facultad legítima para ello.

Filosóficamente, conocimiento también es la aprehensión (en tanto que: percepción) intelectual de un objeto o asunto. Desde este punto de observación, se plantea la necesidad de elaborar: a) una fenomenología directa y primaria del conocimiento como ejercicio filosófico; y b) a partir de esa fenomenología, una problemática del conocimiento, que constituye lo que se llama teoría del conocimiento, rama específica de la filosofía que se interesa por el problema del método, la posibilidad, la certidumbre, el origen y la esencia del conocimiento.

Una descripción fenomenológica del conocimiento posibilita desvelar: 1- la existencia de una dualidad: el sujeto cognoscente y el objeto conocido; y 2- esta dualidad es una relación cuyos caracteres son los de correlación (los términos de la misma, sujeto-objeto son impensables el uno sin el otro), de actividad del sujeto (éste sale de sí hacia el objeto para adueñarse de él), de modificación del sujeto (el objeto modifica al sujeto, modificación a la que se da el nombre de pensamiento) y, final y consiguientemente, de determinación del pensamiento (éste es el fenómeno en el que un objeto determina a un sujeto).

La descripción fenomenológica puede acabar, pues, señalando que el sujeto se dirige al objeto, pero no lo modifica y que ese ir hacia el objeto produce el pensamiento; por tanto, puede afirmarse que el pensamiento es el resultado de la acción simultánea del objeto sobre el sujeto y de éste sobre aquél; que el pensamiento mismo puede ser objeto, y que éste es trascendente respecto al sujeto; o sea, que es algo en sí mismo, llega sus propiedades.

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