El letrero invisible

¡Cada persona es especial! Con sinceridad creo esto. Cada uno de nosotros desea sentirse bien respecto a sí mismo, pero para mí, es igualmente importante lograr que los demás se sientan también así. Siempre que conozco a alguien, trato de imaginar que esa persona lleva un letrero invisible que dice:

¡HAZME SENTIR IMPORTANTE!

Responde de inmediato a este letrero y resultan maravillas. Sin embargo, algunas personas están tan atrapadas en sí mismas, que no comprenden que la otra persona desea también sentirse importante. En una ocasión esperé en una larga fila de recepción y, cuando al fin estreché la mano del gerente de ventas de la compañía, me trató como si yo no existiera. Estoy seguro que él no recuerda el incidente; en realidad, es probable que nunca estuviera consciente de lo mucho que me hirió. No obstante, después de todos estos años, todavía lo recuerdo, por lo que es obvio que tuvo un impacto poderoso en mí. Aprendí una lección importante acerca de las personas ese día, la cual nunca he olvidado. Sin importar cuán ocupados estemos, debemos tomar tiempo para hacer que la otra persona se sienta importante.

Hace muchos años, deseaba comprar un auto nuevo. Deseaba un carro color azul, de un modelo nuevo que una marca de vehículos famosos acababa de introducir al mercado. El auto sería el regalo de cumpleaños que yo mismo me daría. Con mi mayor entusiasmo me dirigí al concesionario de autos.
Cuando llegué, me di cuenta enseguida que el vendedor me vió con cara de preguntón y no me tomó en serio para una venta. Es más, creo que creyó que no podía comprar uno nuevo. El representante de ventas del concesionario apenas me dedicó tiempo. Si trataba de hacerme sentir no importante, no pudo haber hecho un mejor trabajo. Al mediodía, simplemente se disculpó, diciendo que estaba retrasado para una cita para almorzar. Yo deseaba mucho ese auto, por lo que pedí ver al gerente de ventas. Sin embargo, él estaba ausente y no regresaría hasta después de la una. Por lo tanto, con tiempo disponible, decidí dar una caminata.

Al otro lado de la calle entré en la sala de exhibición de un representante de otra marca de autos, sólo para mirar, pues todavía tenía la intención de comprar el que deseaba. Tenían en exhibición un modelo amarillo y, aunque me gustó mucho, el precio era más de lo que yo tenía planeado gastar. No obstante, el vendedor fue muy cortés y me hizo sentir como si yo le importara en verdad. Cuando se enteró de que era mi cumpleaños, se disculpó y regresó pocos minutos después, para hablar conmigo de nuevo. Quince minutos más tarde, una secretaria le entregó una tarjeta de cumpleaños, la cual me entregó. ¡Me sentí sorprendido! No es necesario decir que compré la otra marca de vehículo en el cual no estaba interesado.

Ese vendedor logró la venta porque me hizo sentir importante. Yo era un ser humano y, ante sus ojos, eso significó que yo era alguien especial. Él vió el letrero invisible. Todos los gerentes deberían comprender que Dios sembró semillas de grandeza en cada ser humano. Cada uno de nosotros es importante, ¡y un buen gerente puede lograr que esas semillas den fruto! ¡Es lamentable que la mayoría de nosotros se vaya a la tumba sin haber dado lo mejor de sí mismo!

Haga que la gente se sienta importante
¡Lo es!

Creo que cada persona tiene la habilidad de lograr algo importante y, con eso en mente, miro a todos como algo especial. Un gerente debería sentirlo con las personas, pero no es una actitud que pueda fingirse. Tiene que estar honestamente convencido de que cada ser humano es importante.

Fue John D. Rockefeller quien dijo: “Pagaré más por la habilidad para tratar a la gente, que por cualquier otro producto bajo el sol”. La moral elevada es un factor significativo para aumentar la productividad, lo que significa que un buen gerente debe esforzarse en forma continua para incrementar la autoestima de cada individuo en su empresa.

¿Cómo logra un gerente hacer que las personas se sientan importantes? Primero, escuchándolas. Permita que sepan que respeta su pensamiento y permítales que expresen sus opiniones. (¡Como una bonificación adicional, usted podría aprender algo!) Un amigo mío habló en una ocasión sobre un ejecutivo de una gran operación al menudeo, quien dijo a uno de sus gerentes de sucursal: “No hay nada que pueda decirme, que yo no lo haya pensado antes. Nunca diga lo que piensa, a no ser que yo se lo pregunte. ¿Quedó entendido?” Imagine la pérdida de autoestima que con seguridad sintió ese gerente de sucursal. Eso debió desanimarlo mucho y afectar su desempeño. Cuando se desalienta la dignidad de una persona, su nivel de energía disminuye. Por otra parte, cuando logra que una persona experimente un gran sentido de importancia, esa persona caminará en la novena nube y el nivel de energía se disparará. ¡Iniciará el flujo de adrenalina y un gatito se convertirá en un tigre!

Permita que las personas sepan que las aprecia
Recomiendo que con frecuencia permita que sus empleados sepan lo mucho que los aprecia. Todavía no he conocido a una persona que no desee que la aprecien y si de esa forma es como lo siente, debe expresar su aprecio. Incluso cuando sólo se trata de llegar a tiempo al trabajo, permita que la persona sepa que valora la puntualidad. “Creo que es fabuloso, Julio, que cada mañana llegues a la oficina a las ocho en punto. Admiro a las personas que son puntuales.” Diga esto a un trabajador y note que rara vez llegará tarde después de eso. Tal vez le agrada la cortesía de una persona o sus modales gentiles. Tiene que haber algo que pueda apreciar en cada persona y permita que esto se sepa. ¡No lo guarde en secreto!

Fuente: Mary Kay Ash, Fundadora y presidenta ejecutiva de Emeritus, Mary Kay Cosmetics. Autora de Mary Kay on People Management y You Can Have It All

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