El Nuevo Desorden Global (Primera Parte)

EE.UU. comenzará la década bajo el signo de la «Obamamanía», fenómeno sociológico que logrará que una persona, sin experiencia ni ideario político conocido, se convierta en icono de masas, insufle vientos de cambios y devuelva la ilusión y la esperanza a una sociedad americana hundida en la recesión, con lacerantes desigualdades sociales y una significativa erosión de su imagen en el mundo, tras los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Irak y Guantánamo.

Su principal reto será la agudización de la crisis económica, con una severa contracción del consumo interno (uno de los tradicionales motores de la economía de EE.UU. ya que representa más de la mitad del PIB del país) y una brutal reestructuración de la industria automovilística (llegando las tasas de paro a niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial), debiendo esperar al 2011 para lograr crecimientos del PIB positivos y dar por finiquitada la crisis económica, no siendo descartables la reedición de los disturbios raciales del verano del 1963; el regreso a escenarios ya superados de Guerra Fría con Rusia (pudiendo revivirse la Crisis de los Misiles de Cuba (1962) y la gestación de una trama endógena que podría terminar por reeditar el Magnicidio de Kennedy (Obama, 1963).

Caso de consumarse el magnicidio, Joe Biden se vería obligado a asumir la Presidencia del país y a hacer cristalizar las iniciativas inconclusas de su predecesor en un posterior mandato presidencial, especialmente la Ley de Inmigración, Seguro de salud para los Ancianos y Pobres, Viviendas de bajo costo y Plan de Renovación urbana, (condenando de paso al ostracismo político a un Partido Republicano inmerso en luchas intestinas y lastrado por la nefasta gestión de sus antecesores) y el objetivo de su programa «Guerra contra la Pobreza», será construir una gran nación donde la igualdad de oportunidades y una alta calidad de vida sean el patrimonio de todos, aunque su mandato quedará presumiblemente marcado por la Guerra de Afganistán .

Posteriormente podríamos asistir a la Pérdida progresiva del liderazgo mundial de EE.UU. al conjugarse el disparatado consumo energético con el estrangulamiento de la producción mundial de crudo y la ruptura del sistema de paridad de las divisas internacionales y la libre fluctuación de las mismas, con la lógica devaluación del dólar y las subsiguientes dificultades para financiar su desorbitante deuda exterior.

El severo estancamiento económico posterior, irá acompañado de la agudización de la fractura social, provocando frecuentes estallidos de violencia racial, lo que aunado con sucesivos desastres naturales y catástrofes medio-ambientales, coadyuvarán a la anunciada pérdida del papel hegemónico de EE.UU., tras el revés militar de la Guerra de Irak-Afganistán, regresando a escenarios ya olvidados de política exterior aislacionista y proteccionismo económico en el horizonte del 2018.

Instauración del culto a la personalidad y del dogmatismo oficialista propios de la época stalinista: Silenciando las voces y medios de comunicación disidentes mediante el miedo escénico, la asfixia económica, la incoación de arbitrarios expedientes por delitos fiscales y las vías expeditivas, Putin habría conseguido la desaparición de la oposición propia de los países democráticos y la instauración del oficialismo: doctrina política que conjuga las ideas expansionistas del nacionalismo ruso, las bendiciones de la todopoderosa Iglesia Ortodoxa, los impagables servicios del FSB (sucesor del KGB), la exuberante liquidez monetaria conseguida por las empresas energéticas (GAZPROM) y parte del ideario jruschoviano simbolizado en un poder personalista autocrático al reunir en su persona la Jefatura del Estado y la Presidencia del Partido, (objetivo que tras sucesivas depuraciones consiguió en 1958, al concentrar en su persona la dirección del Estado y del partido), previa defenestración por Putin de la primitiva clase dominante proveniente de la época de Yeltsin (oligarcas), corrupta camarilla mafiosa equivalente a un miniestado dentro del Estado Ruso (el 36% de las grandes fortunas concentran en sus manos el equivalente al 25% del PIB) y su sustitución por sujetos de probada lealtad a su persona, sin veleidades políticas y con el único afán del lucro rápido, aunado con la reducción del poder de los Gobernadores Regionales.

Riesgo de un «Golpe de mano» del oficialismo ruso contra Putin antes de las Presidenciales del 2012: Las reformas para aligerar la Burocracia y sus fracasos en materia económica (los malos resultados agrícolas obligarían a la importación masiva de cereales, lo que originaría una desbocada inflación que rondaría los dos dígitos), podrían hacerlo impopular en el Partido y en la Administración y podrían debilitar el otrora poder omnímodo de Putin y permitir que se fraguara una conspiración alentada por oligarcas defenestrados por Putin y obligados a exiliarse en el extranjero para apartarlo del poder, siendo acusado de los mismos cargos con los que decapitó a la camarilla oligarca: abuso de poder, corrupción y delitos fiscales, siendo sustituido por Mendeiev.

Caso de ser finiquitado políticamente, asistiríamos a la reaparición de la Troika para evitar la acumulación de un poder autocrático y al regreso de la Doctrina Brézhnev (también llamada doctrina de la soberanía limitada), doctrina que instauró que Rusia tiene derecho a intervenir (incluso militarmente) en asuntos internos de los países de su área de influencia y que, conjugando hábilmente la ayuda a minorías étnicas rusas oprimidas, el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica, la desestabilización de gobiernos vecinos «non gratos» y el ahogamiento de la oposición política interna, intentará situar bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS y gestar la Nueva Gran Rusia en el horizonte del 2020, fruto del atavismo de la Gran Rusia de Pedro el Grande.

Sustitución de la actual Unión Europea por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana (Eurozona) que serán dirigidos por líderes de fuerte carisma y personalidad, que derivarán en la práctica en poderes presidencialistas con claros tintes autocráticos. Dicho período vendrá marcado por Ratificación de la Política de Buena Vecindad con la Unión Europea, mediante la firma de acuerdos preferenciales con Francia y Alemania para asegurarse el suministro de gas y petróleo rusos e incrementar los intercambios comerciales, debido a la dependencia energética europea (21% de las importaciones de petróleo y 40% de gas proceden de Rusia) y a que el 40% del comercio exterior ruso se realiza con la UE, frente a un exiguo 5% con EE.UU.
Asimismo, el proyecto de EE.UU. del Escudo de Misiles Antibalísticos (NDM) sería visto por varios dirigentes de la UE como una pérdida de la soberanía europea, especialmente por Sarkozy, (reviviendo el proyecto de Kennedy de partnership entre los EE.UU. y Europa para proveer al Reino Unido de misiles Polaris de julio de 1962); no siendo descartable una tardía reafirmación de la soberanía francesa que se plasmaría en la salida de las tropas francesas de Afganistán, antes de las Presidenciales del 2012 y en la posterior salida de las estructuras militares de la NATO.

El resto de países no integrados en dicha órbita (Países de la Europa Emergente), se verán obligados a devaluar sus monedas, a sufrir masivas migraciones interiores y a retornar a economías autárquicas, debiendo proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares, para evitar depender energéticamente de una Rusia que conjugando hábilmente el chantaje energético irá fagocitando a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS y en Turquía podría reeditarse el Golpe de Estado de 1.960 que acabaría con el mandato democrático del AKP (partido de tendencia islamista conservadora, pero a la usanza de los partidos democristianos europeos) debido a la alta inflación, galopante tasa de paro y una deuda desbocada y ante esta situación y sin el paraguas protector de la UE (al rechazar su Adhesión como Miembro de pleno de derecho en la UE), es previsible que el ejército protagonice el enésimo golpe de estado que acabaría con el mandato del Primer Ministro Erdogan, surgiendo posteriormente un sistema político fracturado que producirá una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento turco.

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