El punto de vista convencional y la perspectiva alternativa en la Política Fiscal Mexicana

Se puede definir a la Política Fiscal, de acuerdo con Fernández Díaz (2002), como el conjunto de variaciones en los programas de gasto e ingreso del Gobierno, realizados con el fin de colaborar al logro de los objetivos de la política macroeconómica, teniendo dos efectos sobre la demanda agregada que son de tipo expansionista o contraccionista.

La Política Fiscal, según Escobar Gallo (2000), contempla todas aquellas estrategias que lleva a cabo el Gobierno para cumplir ciertos objetivos, a través de sus principales Instrumentos como son el Gasto e Ingreso, buscando por un lado financiar las funciones gubernamentales e implementar acciones para corregir desviaciones o de inestabilidad macroeconómica.

Desde la posición del Derecho Fiscal, la Política Fiscal es un arte o proceso de decisión acerca de las contribuciones de un régimen tributario determinado, además de que en ella se determina cómo se debe gastar para lograr ciertos fines. Según esta visión, el objetivo más importante es la captación de recursos, la promoción del desarrollo económico, la dirección del gasto y el combate a la recesión económica. (Carrasco Iriarte, 2002)

Los objetivos que tiene la Política Fiscal, permiten cumplir con funciones de Estado e incidir en la estabilización de la Economía. Se considera que la Política Fiscal tiene dos vertientes, una estabilizadora y una estructural. La vertiente estructural incidirá en la estructura del sistema, cambiándolo o reformándolo en función de los fines propuestos. La vertiente estabilizadora corrige o encauza los desequilibrios o desviaciones que se produzcan conjuntamente en el nivel de actividad.

Teniendo presente las funciones que desempeña la Política Fiscal, su definición más amplia se centrará en dos aspectos: por un lado, en la incidencia que tienen tales funciones en la Economía dentro de su estructura y por otro lado, en su estabilización. Entonces hablamos de cambios, modificaciones o variaciones en gasto e impuestos, para influir tanto en el modelo económico como en el nivel de actividad económica.

Si la Política Fiscal cumple con dos funciones principales podemos desagregar sus instrumentos. Por el lado estructural sus instrumentos son la provisión de bienes y servicios, la redistribución de la renta y la riqueza (a través de un sistema de pensiones, programas de salud, educación pública, subsidios al desempleo, así como de la progresividad impositiva), y el estimulo o desincentivación de actividades. (Fernández Díaz, 2002)

La Política Fiscal estabilizadora puede ser expansiva o contractiva y se puede dar de manera automática o de forma discrecional. Esta última se refiere a las variaciones de gasto e ingreso conforme a lo que estimen necesario las autoridades del Sector Público de acuerdo a sus objetivos o problemas del momento. En cambio, la primera se refiere a dichas variaciones conforme al comportamiento de los estabilizadores automáticos (impuestos, transferencias y precios de garantía). Éstos son instrumentos fiscales que por su sola existencia inciden anticíclicamente en la Economía.

Los instrumentos de Política Fiscal o de Finanzas Públicas abarcan principalmente: la política presupuestaria (ingreso público-gasto público) y la política de endeudamiento. Esta última se sitúa dentro de los ingresos dependiendo de si el Gobierno accede a la deuda de forma constante o es una medida pasajera para lograr obtener mayores ingresos. De tal suerte que los principales pilares de la Política Fiscal son: Ingreso y Gasto.

Hablar de ingresos públicos es referirse a toda aquella entrada de recursos del Sector Público (sector gubernamental y sector paraestatal) por impuestos, cobro de bienes y servicios públicos, así como cualquier otra vía, los cuales se utilizan para llevar a cabo las funciones que tiene previstas en los planes y programas. Según la cuenta de la Hacienda Pública Federal los ingresos se pueden clasificar en: tributarios y no tributarios; petroleros y no petroleros; y ingresos del Gobierno Federal y del Sector Paraestatal. (Amieva Huerta, 2004)

Como una forma de allegarse de ingresos, la deuda está considerada dentro de los ingresos ordinarios y extraordinarios de la nación. Lo está dentro de los ingresos no tributarios, como productos, pues la deuda es una contraprestación que recibe el Estado en sus funciones de derecho privado. Son intereses de valores, créditos y bonos. La deuda pública está contemplada en la Ley de Ingresos de la Nación, la cual autoriza un determinado monto de deuda que el Legislativo considera necesaria para que el Ejecutivo la ejerza a través del financiamiento nacional o extranjero.

El análisis del gasto, señala la realización de los ingresos públicos, los cuales se obtienen de la sociedad bajo distintas formas de financiamiento y precisamente van destinados o dirigidos para su beneficio. Por ello, la política del gasto público se encarga de ejercer y ejecutar de la manera más adecuada los ingresos públicos. Si los impuestos u otros ingresos tienen la finalidad de captar la riqueza, entonces el gasto público tiene la función de distribuirla a través de bienes públicos, subsidios a actividades que generan externalidades positivas y gasto social. (Amieva Huerta, 2004)

El pensamiento macroeconómico que ha dominado en los últimos treinta años, se caracteriza por la instrumentación de políticas económicas restrictivas con el objetivo de mantener “sanas” las finanzas públicas y la inflación a una meta fija o blanco establecido. La adopción de las políticas económicas restrictivas han configurado un nuevo orden mundial y cada vez es más común la adopción de éstas por parte de economías desarrolladas y en vías de desarrollo.

La política de estabilidad de precios y de disciplina fiscal, han sido el eje de la política económica en varios países. En México, desde los programas de estabilización que comenzaron en 1984 hasta su legislación en 2006 bajo la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, se prohíbe al Estado que trabaje con déficit público e implícitamente abandone cualquier intervención como agente activo en la economía.

Desde la década de los ochenta se ha mantenido la misma línea de política económica sin tener ningún cambio considerable. La teoría económica detrás de estas políticas otorga un papel preponderante al manejo de la política monetaria, cuyo objetivo se ha centrado en el control de la inflación como estrategia de crecimiento económico. Así pues, desde el punto de vista convencional, la política fiscal no es efectiva para contrarrestar los ciclos económicos e incluso es contraproducente; por lo tanto, en los modelos macroeconómicos y en las políticas actuales, suele imponerse límites al déficit fiscal limitando así el papel del gasto público y la participación del Estado en la economía.

Tal como señala Sidaoui (2003), los nuevos objetivos de la política fiscal, una vez que su dominancia sobre la política monetaria ha sido evitada, es mantener un déficit fiscal bajo y manejable que no constituyan un estimulo inadecuado para la demanda agregada. Los procesos de privatización y reducción del gasto público se adscriben al objetivo de control de la inflación, que garantiza en primera instancia, la atracción de capitales.

En el contexto de crisis económica, resulta relevante el análisis de la política fiscal como instrumento contracíclico. Existe cierta preponderancia de la política monetaria sobre la política fiscal y el planteamiento convencional destaca que el manejo de la tasa de interés y su impacto sobre la demanda agregada es más eficaz. Fue así que ciertas economías desarrolladas y subdesarrolladas procedieron a bajar la tasa de interés con el fin de estimular la actividad económica; sin embargo, mantener la tasa de interés de corto plazo cercana a cero no ha sido suficiente para contrarrestar los efectos negativos, y la necesidad de una política fiscal expansiva ocupa nuevamente un papel importante. (Caballero, 2011; Ramírez, 2009; Blanchard, 2010)

Esta necesidad ha sido expresada, sin embargo el punto dominante sigue siendo que la política fiscal es distorsionante y genera inflación, por lo que solo es útil en casos deflacionarios. Se ha comenzado aceptar que la dinámica del gasto público sea expansiva en un contexto recesivo y restrictivo en una época de auge, con la tendencia que en el largo plazo sea equilibrada. (Tcherneva, 2010)

La flexibilización de la política fiscal debe de responder, efectivamente, al ciclo económico en su debido nivel y definida orientación. Por lo tanto, es importante señalar la consistencia que debe llevar con la política monetaria, con el fin de que la política fiscal no incida en presiones inflacionarias o deflacionarias  y evite cualquier simple erogación de recursos que se traduzcan en gasto corriente. La clave esencial para la flexibilización de ambas políticas, es entender el papel que funge el dinero en una economía moderna. (Wray, 2006; Ramírez, 2009)

(*) Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Autónoma de Sinaloa. México.

Dirección-E: [email protected]

Referencias

Amieva Huerta J. (2004). Finanzas Públicas en México. México: Porrúa.

Blanchard O. (2010), “Repensar la política macroeconómica”, Revista de Economía Internacional, Vol. 12, No. 22, Primer Semestre, pp. 61-82.

Caballero Urdiales E. (2011). Impacto del impuesto sobre la renta y el gasto público sobre la inversión. Tesis de doctorado. México: Facultad de Economía, UNAM.

Carrasco Iriarte H. (2002). Derecho Fiscal. México: IURE.

Escobar Gallo H. (2000). Diccionario Económico Financiero. Colombia: LEMOINE EDITORES.

Fernández Díaz P. G. (2002). Política Económica. México: Mc Graw Hill.

Ramírez Cedillo E. (2009). El abandono de la política fiscal como instrumento para el desarrollo. Tesis de doctorado. México: Facultad de Economía, UNAM.

Sidaoui J. (2003), “Implications of fiscal issues for central banks Mexico’s experience”, BIS Papers No 20.

Tcherneva, Pavlina (2010), “Fiscal Policy: The Wrench in the New Economic Consensus,” International Journal of Political Economy, Vol. 39, no. 3, pp. 5-25.

Wray L. (2006). El papel de dinero hoy: la clave del pleno empleo y la estabilidad de precios. México: UNAM.

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