Gerencia y Honestidad

¡Ay señor! Ser honesto,
tal como va el mundo, es ser
un hombre escogido entre diez mil.

William Shakespeare

Es lamentable, como constantemente se leen y se escuchan noticias, de que muchos gerentes están envueltos en actos de corrupción, deshonestos en su comportamiento, dejando mucho que decir de su ética, valores.

¿Por qué de ello? Desde luego, porque no han podido cultivar sus virtudes, se dejan aprisionar rápidamente por vicios, errores que lo contaminan en su comportamiento, dejando mucho que decir de su forma de actuar.

La gerencia dentro de su rol, desempeño de sus funciones, debe mantener un actitud positiva ante las personas a quien dirige, ser ético, honesto en su comportamiento, recordar como se ha escrito sobre la honestidad, que es una cualidad del hombre por la que la persona se determina a elegir actuar siempre, sobre la base de la verdad y en la auténtica justicia. La honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. La honestidad tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura hacia la vida. La honestidad está íntimamente relacionada con la humildad, la dignidad, el carácter, los ideales y la grandeza.

Wikipedia nos la amplía más cuando indica, que la honestidad es una cualidad de calidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. Se trata de vivir de acuerdo a como se piensa y se siente. En su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse, como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas; en otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo.

Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se entrelazan con los conceptos de «honestidad» y «deshonestidad», existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos. El autoengaño hace que perdamos la perspectiva, con respecto a la honestidad, de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.

Lo cierto es, que cuando se ha dado la confianza para dirigir una empresa, la gerencia debe comportarse con dignidad, veracidad, grandeza, ideales bien definidos, humildad y, sobre todo, con honestidad en sus actuaciones.

Se debe evitar dejarse atrapar por todo aquello que repercute en el comportamiento, en la conducta honesta, dando paso a la deshonestidad. Al respecto “proyectopv.org” nos aporta y recuerda, que la honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás. La deshonestidad no respeta a la persona en si misma, ni a los demás. La honestidad tiñe la vida de apertura, confianza y sinceridad, y expresa la disposición de vivir en la luz. La deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento. Es una disposición a vivir en la oscuridad.

La deshonestidad no tendría ningún papel en un mundo en que imperara la realidad y estuviera habitado por seres humanos plenamente conscientes. Desgraciadamente, debemos de convivir con la deshonestidad. Los humanos, abrigamos una variedad de tendencias e impulsos, que no armonizan espontáneamente con la razón. Los seres humanos necesitan práctica y estudio, para convertirse en personas benévolas, en las que retomar la chispa divina de la que emergimos. En ese intento, hacen muchas cosas que la prudencia les aconseja ocultar. Mentir es una «fácil» herramienta de ocultamiento y, cuando se emplea a menudo, pronto degenera en un vicio que arrastra hacia lo contrario.

La honestidad es de suma importancia. Toda actividad social, toda empresa humana que requiera una acción concertada, se atasca cuando la gente no es franca. La honestidad no consiste sólo en la franqueza, la capacidad de decir la verdad, sino en la honestidad del trabajo honesto por una paga honesta.

Ante la importancia de siempre estar identificado con la honestidad, actuar como ella lo demanda, cabe la pregunta que “proyectopv.org” formula: ¿Cómo se cultiva la honestidad? Como la mayoría de las virtudes, conviene desarrollarla y ejercitarla en armonía con las demás. Cuanto más se ejercita, más se convierte en una disposición afincada. Pero hay una respuesta rápida que se puede dar en tres palabras: tomarla en serio.

Se debe reconocer que la honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad, para la auténtica vida comunitaria. Pero se debe tomar en serio por sí misma, no «como la política más conveniente».

Hay una gran diferencia entre tomar en serio la verdad y no dejarse pillar. Los padres, a menudo decimos: «que no te pille de nuevo», y es comprensible; pero una vida buena y honesta es más que eso. El desarrollo moral no es un juego de «píllame si puedes». Conviene concentrarse en lo que importa de verdad, la clase de persona que uno es, y la clase de persona que uno quiere ser. No hay medias tintas con la honestidad.

En definitiva, no hay que olvidar, como se ha señalado, que ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, «son como son» y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos, quienes están en contacto con la persona honesta.

La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad), sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos, sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.

No olvide, como lo señala Alicia Morales, que:

“Lo que no es la honestidad:

– No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.
– No es el mero reconocimiento de las emociones: «así me siento» o «es lo que verdaderamente siento». Ser honesto, además implica, el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.
– No es la desordenada apertura de la propia intimidad, en aras de «no esconder quien realmente somos». Implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.
– No es la actitud cínica e impúdica, por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden”.

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