En nuestra historia nacional siempre hubo emigrantes, muchos de ellos célebres, Simón Bolívar, Andrés Bello, Francisco de Miranda, por citar algunos, huyeron de la persecución de la corona española a las proclamas de independencia y libertad, algunos regresaron, otros jamás volvieron, así también a lo largo del siglo XIX y XX las ejecutorias de diferentes dictaduras marcaron el destino de millares de connacionales, quienes huían escapando a la muerte, la prisión, en búsqueda del conocimiento y la libertad.

Vivir fuera de su país no es fácil, aunque personalmente pude hacerlo en la década de los 70 y 80 del siglo XX, cuando más de 30.000 jóvenes recorrieron el mundo entero mediante diversos planes de becas, entre ellos el famoso Gran Mariscal de Ayacucho, que permitió a toda esa generación juvenil radicarse en Europa, en América del Norte, en América Latina, incluso hasta el continente asiático, optando por estudios universitarios de pregrado y postgrado, al cual tuvieron acceso por cierto sin discriminación alguna, varios de los ministros de los innumerables gabinetes de esta farsa revolucionaria..

En esa época igualmente los profesores universitarios tenían acceso en su año sabático a estudiar en las  universidades de su preferencia en el mundo entero, todos con becas y salarios con montos en dólares al nivel del primer mundo, obteniendo una formación con los docentes e investigadores mejor calificados del orbe.

Era la calificada Venezuela saudita cuyo recuento hoy resultaría increíble, para los millones de venezolanos que han emigrado durante estos 17 años, quienes no han tenido otra opción que irse a tierras lejanas y labrarse otra historia, una vida decente que desapareció como futuro cierto en su amado país.

Hoy la tragedia sufrida por numerosos países latinoamericanos que soportaron cruentas dictaduras y guerras civiles, que conllevaron en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Chile, Bolivia, en América Central a un éxodo de cientos de miles de personas a emigrar, estremece a nuestro país, a tal extremo que no son las decenas de miles del siglo pasado, esta vez según cita el libro La voz de la diáspora venezolana de Tomas Páez a 2 millones de venezolanos.

Estos datos impactan, en evento reciente al que fui invitado como ponente sobre RRHH en Valencia, le preguntaron al auditorio si tenían algún familiar por esta causa en el extranjero, respondiendo el 98% afirmativamente, lo que refleja el drama que fractura a millones de familias en nuestro país.

Lo lamentable del asunto es que sea una realidad ignorada por el Estado, al pretender presentar una imagen de felicidad al mundo, cuando se esfuma el talento joven y experimentado, incluso se ufana al descalificar la partida de millones de jóvenes como si fuera un acto de defensa de su revolución, que ha generado la miseria absoluta de toda una generación, quien no perdonará la insensatez gubernamental de políticas nefastas cuyo resultado, es sufrir la separación de hijos de sus padres, sus hermanos, en fin de la tierra que los vio nacer. 

 

Froilan Barrios Nieves                                                                                            Movimiento Laborista