La obligación moral de comunicar la verdad

“La comunicación en el líder exitoso no debe
estructurarse teniendo fuera de su órbita diaria
los principios éticos, los valores y las obligaciones
para consigo mismo y con los otros.”

ChP

¡PARECE UN TEMA BÁSICO Y SOBREENTENDIDO, PERO NO LO ES. TODO LÍDER COMO COMUNICADOR SE TOPA CON LA PREGUNTA: ¿HAY QUE DECIR SIEMPRE LA VERDAD?!

El líder que pretenda ser exitoso debe establecer un proceso de comunicación basado fundamentalmente en transmitir la verdad de manera oportuna a las personas que tienen el derecho a saberla y que se encuentren en condiciones de asimilarla.

En primer lugar, tiene la obligación moral de comunicar la verdad, pero no la verdad de él, ni esa parte de la verdad que le conviene, sino la verdad verdadera y objetiva. En segundo lugar, no la comunicará a cualquier persona seleccionada, sino a todas las personas que tienen el derecho de saberla y que se encuentren autorizadas para recibirla, no porque sea verdad se puede gritarla a los cuatro vientos (piénsese el caso del médico a quien un paciente le ha prohibido divulgar que padece una enfermedad terminal: ¿cómo decírsela a los hijos?, pues… si lo hace, está incurriendo el delito flagrante por desacatar lo establecido en la Ley del Ejercicio de la Medicina y en el Código de Ética en Medicina vigentes), convirtiéndose en sujetos que han de responder legalmente por su violación. En tercer lugar, la verdad debe ser comunicada oportunamente; es decir: en el tiempo y espacios adecuados. En cuarto lugar, se debe comunicar la verdad a personas que están en capacidad de asimilarla; expresado de otro modo: a personas que no tienen limitación de entenderla y aceptarla.

Los profesionales del área de la salud se ven enfrentados, frecuentemente, a dilemas éticos en el cuidado de pacientes terminales. Algunos ejemplos corresponden a la decisión, acerca de la conveniencia de dar a conocer al enfermo o a sus familiares, su diagnóstico o pronóstico. Decir o no la verdad a un paciente puede parecer muy simple, pero -en realidad- es una decisión muy difícil. La comunicación de la verdad, particularmente cuando se trata de informar «malas noticias», es una situación estresante y difícil para estos profesionales y para el resto del equipo de salud. La comprobación habitual es que esta comunicación es temperada de modo tal, que en el mejor de los casos, resulta en una verdad parcial, y en el peor, en un cuadro pintado sobre la base de sofismas y omisiones: ¡hay que estar en la personalidad del afectado para imaginarse el impacto que esto puede causar y… ¡los profesionales del área de salud han estudiado psicología y psiquiatría para poder conducirse apropiadamente!

La ética de los profesionales del sector salud tradicional se ha basado en dos principios fundamentales, «beneficencia» y «no maleficencia», exigidos a esta(os) expertas(os) de dicha área. Estos principios se enfrentan frecuentemente, cuando el profesional debe entregar información que puede alterar en forma negativa la visión del paciente sobre su situación de salud, puesto que hay un dilema que les toca enfrentar: ¿pueden facilitar que se incurra en suicidio?

La no comunicación de la verdad relacionada con la salud del máximo jerarca de este régimen ha creado escenarios de mucha incertidumbre y confusión de parte del soberano. Con estas realidades el Dr. A. Capriles –destacado psicólogo social venezolano y eminente profesor de postgrado de la UCAB– ha manifestado lo siguiente: “la idea de la política como espectáculo, como telenovela, descubre una de las caras más perversas de los que se autodenominan revolucionarios de izquierda: la concepción de un pueblo ignorante, manipulable, al que no es necesario darle razones, pues le basta las emociones, los afectos que los líderes manejan a su antojo”. Bajo esta premisa, valdría la pena preguntarle a estos revolucionarios de izquierda: ¡EL SOBERANO VENEZOLANO ¿TIENE LIMITACIONES DE ENTENDER Y ACEPTAR LA REALIDAD?!

En la opinión del autor de este espacio -por si hace falta aclararla y sin incurrir en incitación a delinquir- es que siempre hay que decir la verdad. Está claro que no es tan fácil hacerlo en ciertas ocasiones, y que hay una zona gris donde la frontera, entre verdad y mentira, es difícil de distinguir. ¿Está mal callar información que puede ensombrecer lo que se está comunicando? ¿Se pueden evitar males mayores con una mentira que constituye un mal menor? ¿La verdad es toda o con una parte alcanza?

De aquí que, sin duda alguna, el líder exitoso debe vivir inmerso en la ética individual y social. Debe concebir y adoptar decisiones sobre cuestiones privadas o públicas, teniendo siempre como estandarte los principios de ética y moral.

Finalmente, la IABC (International Association of Business Communicators) ofrece un “código de ética para comunicadores profesionales –el líder es un comunicador nato, pasa el 75% de su tiempo laboral comunicándose–, que habla de una comunicación «verdadera, exacta y justa».

Estas reflexiones de hoy no tienen pretensiones de cerrar el tema, sino más bien de dejar ciertos interrogantes planteados, que -tal vez- no sean más que la aplicación a la profesión del líder como comunicador, de los dilemas que se plantean en la vida cotidiana, cualquiera sea su área de actuación.

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