La satisfacción laboral

“El aprendizaje real, llega al corazón
de lo que significa SER humano.
A través del aprendizaje,
nos re-creamos nosotros mismos”

P. Senge

Los especialistas en comportamiento en las organizaciones intentan responder las siguientes interrogantes, tendentes a medir la satisfacción en el mundo laboral, (partiendo de admitir que “satisfacción” es un vocablo que deriva de tres voces: satis- bastante; facere- hacer; acción; es decir: “el resultado de la acción de hacer mucho o lo mejor”): ¿Qué tan satisfecha está la gente con su trabajo? ¿Cómo se mide la satisfacción laboral? ¿Cuál es el efecto de la satisfacción en sus tasas de productividad, ausentismo y rotación?

En términos usuales, estos especialistas han definido la satisfacción en el trabajo como: “la actitud general de un trabajador hacia su trabajo”. Sin lugar a dudas, esta definición es evidentemente extensa; sin embargo, tiene mucha pertinencia con dicho significante. Hay que recordar, que el trabajo de cualquier persona, es más que las actividades tácitas de administrar documentos, redactar códigos de programación, esperar a los clientes y/o a los proveedores o manejar un vehículo; además de esto, laborar demanda tener interacciones con sus compañeros, colegas y con sus supervisores inmediatos, acatar las reglas y las costumbres, (normas), de la organización, cumplir con los índices de gestión individual y organizacional, vivir -la mayoría de las veces- en escenarios que no son los ideales.

Esta realidad conlleva, a que la justipreciación que hace cualquier trabajador de cuán satisfecho o insatisfecho se siente con su trabajo, es el resultado de la sumatoria algebraica muy compleja de éstos y varios otros componentes discretos. ¿Cómo, pues, se mide este concepto de satisfacción laboral?
Cuando la persona trabaja, aparte de cuidar sus empleos o de mejorar sus posibilidades de ascenso… ¿qué otro elemento le lleva a alterar su “manera de ser”? Aunque parezca sencilla y obvia, la respuesta es decididamente perentoria para cada persona: ¡Es el deseo de vivir una vida llena de satisfacciones! Un estilo de vida que representa un proceso de autorrealización total. Una vida que refleje la calidad de la existencia de cada persona.

Tal vez, la forma de las ideas expresadas en el párrafo anterior, puedan ser simples especulaciones teóricas y -tal vez- aparentemente ajenas al marco del mundo laboral, del desempeño, de la productividad y de los beneficios contractuales; pero, la realidad demuestra fehacientemente, que este ideal prevalece en la mente de todos los trabajadores, trayendo como consecuencia mucha zozobra e infortunio… cuando las características de los escenarios laborales dejan mucho que desear, desde el punto de vista de calidad de vida, de lo que ellos realmente desean.

Por otra parte, se ha comprobado a través de los resultados de las investigaciones, que gran parte de la vida gira en entorno al mundo laboral. Las emociones negativas, mencionadas anteriormente, traen consecuencias negativas en el resto de las actividades desarrolladas y muy significativamente en la familia. Por estas razones, la satisfacción de cada persona es un tema de comportamiento humano que en las organizaciones no debería ser minimizado, (de aquí que sea sumamente importante que la gente conozca acerca de inteligencia emocional y la aplique permanentemente para aprovecharse de ella).

El nivel de satisfacción o de insatisfacción es reflejado por los trabajadores, en sus conversaciones habituales; de hecho, el estilo y tipo de comunicación, estimulan un hábito de conducta que está directamente relacionado con el nivel de satisfacción. Sin que quepan dudas, la calidad de la comunicación entre los trabajadores, influye en sus relaciones y éstas tienen un predominio concluyente en el b>comportamiento organizacional, en la creatividad y la productividad. La cantidad de trabajo producido y la calidad del mismo, obedecerá a lo que está ocurriendo en el ámbito de las conversaciones; por cuanto la condición como las personas, que trabajan en equipo, es el verdadero CAPITAL de toda empresa: ¡SU CAPITAL COLABORATIVO!

La calidad de las transacciones y comunicaciones interpersonales, es la “sangre” de las empresas; en consecuencia, la organización puede ser percibida como: “una red de conversaciones y relaciones”, (el aparato circulatorio de la organización). Asimismo, y tomando en consideración esta reciente idea, se puede afirmar lo siguiente: “una organización real está formada por gente, cada una con sus funciones y capacidades distintas y los logros de la organización, no son sino la resultante de la interacción de todas esas personas”. Por tal motivo, el resultado organizacional, está directamente relacionado a la calidad de las conversaciones entre sus trabajadores –factor determinante de integración– constituyéndose en la columna vertebral de fundamentos tan importantes como la ética, la moral y el desempeño. El “Coaching Ontológico” estimula la mejora del ser como tal y, por supuesto, la calidad de sus comunicaciones con sus semejantes.

El éxito empresarial está basado, fundamentalmente, en sus ventajas comparativas y competitivas. En consecuencia, el mundo empresarial requiere que las personas, que forman parte de su estructura informal, estén en una permanente transformación; es decir, que sus hábitos de conductas, sus conversaciones y su estilo de actuación, se desarrollen favorablemente en contextos siempre cambiantes.

En décadas pasadas, el Dr. E. Demming dijo : “Nada cambia sin una transformación personal”. En esta profunda reflexión no requería hacerle a la gente una transfusión de sangre o una lobotomía, (cortar las conexiones de un lóbulo cerebral con su entorno), sino que exhortaba a comprender, una de las más maravillosas facultades de la gente que: “que se podía cambiar y, a la vez, seguir siendo la misma persona”. Dicho de otro modo: ¡ser resilientes, adaptables!

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