La Trampa del Enamoramiento

“El mundo es un espejo que devuelve a cada persona
el reflejo de su propio rostro”

William Thackery.

“El amor es un fruto que crece en todas las estaciones,
y que todos tienen el alcance a su mano”

Madre Teresa de Calcuta

¿Qué tan despierto se encontraba cuando tocó a la puerta del amor? ¿Cuáles fueron sus respuestas? ¿Qué tan real fue o es ese amor? ¿Cuánto se ha sentido identificado con él? ¿Cuánto ha crecido?, podrían ser algunas preguntas con las que se ha enfrentado.

Lo cierto, que son muchas las personas en este caminar, que cuando tocan a las puertas del amor, cuando éste los llama al orden a identificarse con quien se considera es la pareja ideal para transitar mientras permanezcamos en esta dimensión, se equivocan y les origina inestabilidades emocionales, psíquicas y físicas, más cuando hay producto de ese transitorio amor, como son los hijos, que desafortunadamente pagan las consecuencias, más, cuando la mayoría no se les consultó su estadía en esta dimensión.

Brigiette Hansmann (2000) nos destaca, que para vivir una vida plena y feliz, parece ser necesario, especialmente en esta época, el sentir una conexión profunda con algo más allá de la propia persona. Es así, como la mayoría de nosotros intentamos esa conexión a través de la relación con una pareja. No obstante, muchas personas no encuentran la persona con quien hacerlo o bien la relación que tienen ya no funciona, se terminó la magia, la ilusión, se volvió a la realidad, a darse cuenta de la equivocación. ¿Por qué todo ello?, Simplemente porque somos prisioneros, acondicionados por la tradición, la sociedad, los falsos valores, o por qué no estábamos despiertos, no nos conocíamos y nos dejamos arrastrar por lo ilusorio.

¿Qué realmente nos atrae de una persona? ¿Qué nos motiva de ella? ¿Cómo hemos estructurado el perfil de la persona que hemos definido para que nos acompañe en este caminar? ¿Cuál es la imagen que hemos forjado?. Por qué no tomar en cuenta lo que Buscaglia nos indica, que estemos atentos en los distintos rostros del amor y nos señala, que debido a que nunca experimentamos el amor dos veces del mismo modo, siempre nos confunde y desafía. Cada nuevo amor exige comportamientos únicos y el pleno uso de nuestro ser racional e intuitivo. ¿Tenemos realmente identificados esos componentes?

Considero muy importante, sorprendernos en nuestros sentimientos, a qué le hemos dado vida con ellos, ¿Qué nos impulsa por ejemplo a enamorarnos? ¿Qué nos impulsa a condicionarnos a alguien, a que emane la dependencia, que en muchos se torna negativa?

Todo ello por supuesto, nos invita a examinarnos, a descubrir la imagen que tenemos de nosotros mismos, como hombre o como mujer probablemente nos encontramos con la exigencia de corresponder no sólo a un ideal, sino a diversos ideales en sí mismos inalcanzables y mutuamente excluyentes. De ahí, como señala Hansmann, en una sociedad cada vez más condicionada por la imagen exterior, es fácil sentir frustración e impaciencia por no dar la talla. La sensación dominante puede ser la confusión reflejada en la pregunta ¿Cómo se cocina todo esto y cómo se come?

Hansmann, nos recuerda, que cuando nos enamoramos no sabemos ver realmente la persona de la que nos enamoramos, sino el reflejo de la belleza desconocida que existe en nosotros. Es así, como colocamos en el otro la culminación de lo que podríamos ser y lo amamos, porque creemos que sólo a través de él o ella podemos conseguirlo. Mientras, recibir la energía de esa proyección suele resultar bastante excitante y atractivo, el no ser visto como uno crea ansiedad. Cuando se termina la magia, cesa el enamoramiento. Salen aflorar imperfecciones que no pensábamos que se manifestarían, la proyección deja entrever la persona real y entonces se dan las frustraciones, aparecen los defectos que se manifiestan en esta dimensión. Por tanto, no debe extrañarnos, que todo se termine, se den las sensaciones de rechazo, el de no querer seguir compartiendo, el no compartir con alguien que no corresponde a lo que se anhelaba. Ya no se proyecta en él o ella, la belleza desconocida, sino la sombra, todo aquello que ocultamos a nosotros mismos y a los demás.

Cuando nos vemos atrapados en eso que se denomina enamoramiento, en donde nuestras energías se manifiestan buscando incrementarse, alimentar esos campos de alegría, paz identificación, si no estamos atentos, qué tan auténtico son nuestros sentimientos, podremos deteriorarnos y si no tomamos las medidas correctivas adecuadas, los daños pueden ser negativos en nuestro crecimiento y, lo que es más, afectar lo que se puede generar de ese enamoramiento, ejemplo, los hijos.

Lo cierto es, que así como puede ser nuestro enamoramiento auténtico, que realmente nos permita lograr la felicidad, también puede engendrar un rechazo, en donde tenemos la oportunidad de reconocer partes de nosotros mismos que normalmente están fuera de la conciencia, y, en vez de proyectarla en el otro, hallar un modo de relacionarnos con ellas de forma constructiva. De esa manera, señala Hansmanmn, evitaremos el daño que la sombra inflada de nuestro ego nos hace a nosotros mismos y al otro.

Por su parte, Buscaglia nos sugiere que, a veces, el único modo de comprender los pasos necesarios para regenerar una situación aparentemente desesperada, es distanciarnos un tiempo. El hecho de alejarnos del problema nos da tiempo para reorganizarlo y analizarlo. En general, la solución se encuentra a nuestro alcance. Cuando nos alejamos de ese amor debilitado para conocer nuevos puntos de vista, de descubrir por qué hemos fracasado, no estamos escapando del problema, sino de encontrar la causa que nos ha llevado a esa situación.

Sorpréndase, sí es que se encuentra enamorado, que lo que ello encierra y recuerde, estar despierto a fin de descubrir qué tan auténtico es y evitar daños mayores. De usted depende…

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(*) Docente titular, Área de postgrado de Faces, UC. Ingeniero-Administrador Exatec.

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