Existe en ciertos sectores de la opinión pública la idea de que el comportamiento del mercado petrolero mundial ha sido negativo para Venezuela y eso ha ocasionado la crisis que actualmente este país enfrenta en todos los ámbitos de su economía y de su sociedad. Pero eso no se corresponde para nada con la verdad de los hechos. Veamos.

En el año 2015 la producción de petróleo por parte de Venezuela alcanzó en promedio a los 2.654 millones de barriles diarios. Un año después, en el 2016, esa cifra promedio había bajado a 2.373 millones de barriles diarios, es decir, una baja en la producción de 10.5 % en el transcurso de ese año.

En el año 2017, la cifra promedio de producción fue de 2.072 millones de barriles diarios, lo cual representó una nueva caída de 21.9 % con respecto al año inmediatamente anterior.

Durante el año en curso las cosas se han empeorado más aún. En agosto del 2018 se produjeron 1.240 millones de barriles diarios, en septiembre 1.211 millones de barriles diarios y en octubre 1.173 millones de barriles diarios. Si se continúa con ese ritmo de descenso de la producción es posible que el presente año termine con una producción cercana al millón de barriles diarios.

Toda esa baja en la producción no tiene absolutamente nada que ver con un mal comportamiento del mercado mundial del petróleo. La caída de la producción es responsabilidad exclusiva de Venezuela. Se está produciendo menos de la mitad de lo que se producía en el año 2015, que no es un año muy lejano. Estamos en presencia de un descenso de la producción en caída libre. Toda esta situación tiene que ver con falta de mantenimiento de las instalaciones petroleras, ausencia de nuevas inversiones y mala administración.

En materia de precios del petróleo venezolano el mercado petrolero internacional tampoco le ha generado malas jugadas a Venezuela. El precio promedio de venta del petróleo venezolano en el año 2015 fue de 30.33 dólares por barril. Ese precio aumentó a 44.90 dólares por barril en el año siguiente, y llegó a 56.55 en el al año 2017. Hubiera sido una buena situación para este país, si se hubiera logrado por lo menos mantener, si no aumentar, los niveles de producción.

Si los ingresos petroleros actuales no alcanzan para adquirir en los mercados internacionales los bienes de consumo, los insumos, las materias primas y los bienes de inversión que son necesarios para mantener y para hacer crecer la economía venezolana eso no se debe a una caída de los precios, como ha sucedido en otros momentos de la historia económica de Venezuela. Se debe a que se produce menos, y con esos ingresos hay que pagar las amortizaciones e intereses de la cuantiosa deuda externa que la industria petrolera y el país contrajeron en los períodos de auge, cuando era fácil endeudarse. Pero esa deuda no fue para financiar nuevas inversiones, sino deuda que se hizo sal y agua en manos de una dirigencia nacional y petrolera que creía que el ingreso petrolero era eterno y alcanzaba para todo.

En síntesis, los dioses han sido generosos una vez más con Venezuela, pero había que colocar un poquitico por lo menos de parte nuestra.



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