Liderazgo ejemplarizante

Se hunde el barco. Abandonen el barco. Son las expresiones que corresponden a la situación de un barco que por alguna razón está zozobrando. Recuérdese la película Titanic, en la cual un buque colide con un enorme témpano de hielo y se produce un proceso de hundimiento, en el cual muchos pasajeros se salvan en botes salvavidas, o son rescatados en el agua, y muchos otros perecen ahogados.

Entre las muchas opiniones vertidas acerca de nuestro país, aquí y en el extranjero, algunas nos aprecian de esta manera, sobre todo con relación a la muy destruida economía nacional. Otras consideran que la situación, aunque insatisfactoria, puede ser superada con la participación de tripulación y de pasajeros.

Por nuestra parte, ya nos hemos manifestado, con fe, esperanza y paciencia activa, confiados en la reparación y recuperación del barco, y por ende, en la llegada feliz a buen puerto. Se debe agregar que esta reparación tiene que corregir los problemas que amenazan la estabilidad del barco, de los cuales, el peor, si es que se puede señalar uno, consiste en el desánimo de los pasajeros que como consecuencia de su debilitamiento ético y moral, pierden la fe y la esperanza en el capitán y la tripulación.

Los venezolanos, con el objeto de seguir existiendo como tales, estamos obligados a reconocer esto  y reaccionar recuperando lo perdido, la confianza en Venezuela y su valoración, apoyándonos en lo que han sido nuestros principales recursos históricos, la familia, la educación y la religión, y últimamente los recursos naturales, como el petróleo. especialmente para frenar ese muy doloroso proceso de pérdida de nuestra juventud a través de la diáspora.

Es necesario fundamentar esta afirmación sobre nuestra historia, la cual nos remite a los jóvenes de La Victoria en 1814, a la Generación del 28, al Día del Estudiante en 1957 y al 23 de enero de 1958, y posteriormente, hasta hoy en 2018, al estudiantado siempre luchando, en honor a su historia, por la mejor  Venezuela. El hogar, la escuela y la iglesia deben jugar un papel determinante en este sentido, especialmente para frenar ese muy doloroso proceso de pérdida de nuestra juventud a través de la diáspora, el cual nos está dejando una juventud desesperanzada y desorientada en cuanto al trabajo, la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad, en cuanto a los principios y valores éticos y morales del pueblo venezolano.

Basta ver los penosos casos de madres solteras de unos 15 años de edad, o menos. La recuperación ética y moral propiciará a su vez la rectificación de nuestro patrón de comportamiento, especialmente, pero no únicamente, el de los partidos políticos, y que podamos realmente dialogar entre nosotros y unirnos integralmente, partidos y sociedad civil, no solo para seleccionar el mejor candidato presidencial, quien debe ser líder especialmente porque constituye un ejemplo, sino sobre todo para aplicar toda nuestra fortaleza y salir airosos en la lucha  por el rescate y recuperación de la patria, sin que se vuelva a repetir  el triste espectáculo del reparto de “pedazos de torta” con base en número de votos.

Más aún, esta unidad contribuirá para la profundización del cambio de comportamiento y podamos conducir la nueva Venezuela con coherencia total entre lo que se piensa y se dice, y lo que se hace, como lo hizo Gandhi, particularmente en cuanto a la dedicación total a la preservación de los derechos e intereses del pueblo de Venezuela, especialmente  de los pobres, y no de sectores particulares, y a través  de la justica y no de la venganza, por ejemplo al estilo de Mandela, para que seamos incluso capaces de recibir y abrazar a quienes rectifican, entre tantos, a muchos de los mejores recursos humanos de PDVSA que se equivocaron en 1998, pero hoy han sentido en carne propia la equivocación, y para que seamos capaces de reconocer las equivocaciones en las cuales podemos incurrir y presentar las disculpas y asumir las responsabilidades correspondientes

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