Lo esencial es invisible a los ojos

En pleno siglo XXI, utilizando las herramientas actuales de comunicación, el mundo observó cómo un hombre era maltratado por otro, hasta terminar con su vida. Este crimen ha enardecido, no sólo a EEUU donde se produjo el hecho, sino al planeta entero. Divido esta reflexión en tres partes:

Primero, ¿por qué este hecho ha ocasionado tanta ira? Por la diferencia de color de piel del agraviado o abusado de tez negra y ciudadano normal, y el abusador blanco y policía, por la reiterada arbitrariedad de muchos miembros de la gendarmería norteamericana, con actuación tirana, despótica e injusta que fue llenando el vaso de la impotencia. Este sentimiento humano, cuando se desborda, es como abrir las compuertas de una represa; a ello hay que agregar que el presidente de esa nación no tiene ningún mensaje conciliador, ni pacificador.

Segundo, la mala utilización del término “racista”. Debemos concientizar que la aldea global está compuesta por seres humanos formados de la misma materia, con corazón colmado de sentimientos, tanto así que, al pinchazo de una aguja, todos sentimos la misma sensación

Tercero, el mal llamado término “racismo”. Los estudiosos de Antropología sostienen que existe una sola raza (especie) que es la humana, con diferentes culturas llamadas etnias. Entonces, si solo existe una raza, **racismo** no tiene sentido. Lo que requiere la aldea terráquea es inclusión y tolerancia.

Leemos, escuchamos y vemos que los medios de comunicación hacen ¨distinción¨ cuando se refieren a un negro; le dicen “afrodescendiente”, “afroamericano” y en nuestro país “afroesmeraldeño”. ¿Por qué esa diferenciación? Si no llaman a los blancos “eurodescendientes” y a los indígenas “incasdescendientes”, por qué seguir haciendo esta diferencia; simplemente, es absurdo. El color de piel de los seres de este mundo contiene toda la paleta de tonos.  

Siendo así, lo que nos toca hacer es romper paradigmas, ser respetuosos e incluyentes, y esperar que los efectos de la pandemia sirvan para reflexionar y mirarnos en los otros.

Si nunca escucharon el término ”asiáticodescendiente”, entonces por qué tenemos que utilizar y escuchar el “afrodescendiente”. Es de absoluta justicia.

Lcda. Rosamaría Calderón MSc

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