Los venezolanos tienen razones para preocuparse.

La autorización por parte de la Asamblea Nacional de una Ley Habilitante que le confiere al Presidente de la República la facultad para dictar decretos contentivo de actos con, rango, valor y fuerza de ley en las materias que se le delegan, tiene convulsionado al país y más concretamente lleno de incertidumbre en relación al futuro que le espera.

El Gobierno afirma que, la razón que impulsa la aprobación de esta Ley Habilitante se basa en la necesidad de emprender una reestructuración de las instituciones y de las dinámicas que rigen lo público, para hacerlas más acordes con los postulados constitucionales y más eficaces en su labor de representación, intermediación y construcción del interés colectivo.

No obstante los anuncios del Gobierno a principios de año, tales como el de la estatización de la CANTV y la Electricidad de Caracas, el fin de la autonomía del Banco Central de Venezuela y la reforma constitucional para abrirle camino al socialismo, ha propiciado pesimismo en la población y, para muestra unos botones, el derrumbe bursátil, el cual en términos numéricos nos muestra un descenso de casi el 30% a la fecha y los valores alcanzados por el dólar paralelo.

Decíamos que las medidas que se han anunciado tienen convulsionado al país, porque eso contrasta con los resultados que ofreció la economía en el año 2006 y las expectativas que desarrollaron un gran número de venezolanos. Los ingresos aumentaron en 34% con relación a los del 2005, se anunció una disminución en el desempleo e incrementos en la producción y una alta liquidez en manos de los ciudadanos que hizo que las navidades fuesen más prosperas. Pero de pronto, esas expectativas se han frenado, como si de un tren ante un gran obstáculo en el camino se tratara.

Esas expectativas alentadoras que se habían creado en los hombres de empresas se han transformado en angustia, ya que no podrán considerar garantizado el crecimiento, o partir del supuesto de que este año será mejor que el anterior. Tendrán que estar despiertos preguntándose acerca de si se mantendrán validas las premisas fundamentales de su negocio.

La preocupación de los venezolanos en general, es lógica en cuanto a las medidas de estatización de las compañías en cuestión, no por lo que el hecho significa, ya que es una decisión soberana y además son empresas estratégicas; la inquietud radica en quien las va a administrar.

De manera que, ojala y no se distorsionen esos logros obtenidos el año pasado y las variables financieras, económicas y sociales se enderecen, por que de lo contrario las repercusiones pudiesen ser lamentables, ya que tendríamos menos inversiones privadas, menos producción, menos empleo, más importaciones, más inflación y consecuentemente mas problemas sociales que resolver. Se debería entender a esta altura que el gobierno requiere de la participación privada y de los venezolanos capaces que han estado en la oposición para lograr mejores números en sus resultados económicos y sociales. Y vivir más unidos como venezolanos.

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