Máquina vs. Organización

Con el advenimiento de las tecnologías de comunicación, a los ciudadanos corrientes de este planeta se nos ofrece constantemente la oportunidad de enterarnos “en vivo” de las cosas y decires que ocurren en los lugares más apartados del mundo y poder escuchar de la voz de los protagonistas sus pensamientos y líneas de acción en la conducción de sus liderazgos.

Aprovechando estos medios pude disfrutar del mensaje de Navidad de S.M. el Rey Juan Carlos I, mensaje tradicional que todos los años el Rey dirige al pueblo Español.

Dentro del mensaje me llamó la atención las claves que Su Majestad señaló en la modernización del estado español: “reconciliación, concordia, generosidad y común voluntad de construir una España democrática, moderna, unida y respetuosa de su rica diversidad en torno a una Constitución de todos y para todos, producto de un amplio consenso entre los españoles”.

Estos lineamientos pueden servir para apuntalar los elementos que permiten transformar una empresa con arquetipo de máquina en empresa con arquetipo de organización.

Todos estamos familiarizados con la transformación, que el empleo de las máquinas introdujo, en la naturaleza de la productividad y su influencia en nosotros, empleando la máquina como una metáfora de nosotros mismos y de nuestra sociedad, moldeando nuestro mundo de acuerdo a los principios mecanicistas.

Chiang-Tzu, filósofo chino del s. IV antes de Cristo cuenta esta historia: Viajando por las regiones que rodea el río Han se encontró con un hombre que con un cubo bajaba a un pozo, recogía el agua y luego, subía hasta una acequia para verterla. El filósofo lo observó y le expresó su opinión: “hay un método para hacer su trabajo con mucha mayor facilidad y eficiencia”. ¿Y qué tendría que hacer?, respondió el hombre. El filósofo le dijo: “Hacer una palanca de madera, pesada por detrás y ligera por delante, de modo que pueda izar el cubo de agua tan rápidamente como lo vacía”. Tan pronto el hombre oyó la explicación frunció su seño y argumentó: “Oí a mi maestro decir que quién utiliza las máquinas, hace todo el trabajo como una máquina, y el que tiene el corazón como una máquina, en el pecho pierde su naturalidad. El que ha perdido su naturalidad es poco seguro que luche por mantener su personalidad. No mantener la lucha por la personalidad es algo que no está de acuerdo con mi sentido de la honestidad. Eso es lo que sé de las máquinas. Me avergonzaría usarlas”.

Weber, Money Urwick, Fayol y, especialmente, Taylor, generaron los principios de esta dirección en la organización: La responsabilidad de la organización del trabajo que ha de hacer el trabajador, se delega al directivo. Utilización de métodos científicos para determinar el modo más eficiente de realizar el trabajo. Seleccionar la mejor persona para realizar el trabajo analizado. Instruir al trabajador para hacer el trabajo eficientemente y controlar el rendimiento del trabajador, para asegurar que se han seguido los procedimientos adecuados del trabajo y se han conseguido los resultados apetecidos.

Pero los tiempos han cambiado mucho desde Tzu al discurso del Rey Don Juan Carlos, que felicita a sus coterráneos diciéndoles en su mensaje de navidad: “Nunca habíamos conseguido recorrer un período tan largo e intenso de paz, estabilidad, progreso y bienestar, en democracia y libertad. Unidos hemos alcanzado una modernización sin precedentes en nuestra historia”.

Si consideramos al “Estado” como una gran empresa y aprendemos de un estado moderno en paz, estabilidad, progreso, bienestar y con plena libertad, no estaría mal reflexionar cómo instaurar en nuestras organizaciones, seguramente no tan grandes como un “Estado moderno”, los principios de una filosofía del cambio en la manera como concebimos la organización y el entorno.

¿Cuáles serían los aspectos principales a considerar en el Comportamiento Organizacional para este cambio? Pienso que deben cuidarse esencialmente: El clima organizacional, ese cúmulo de circunstancias, actividades y conductas que convierten el lugar de trabajo en un lugar agradable para todos. Luego, es muy importante la generación de un compromiso personal y grupal con la organización, que se manifiesta en conductas positivas con respecto a las actividades que cada quien realiza y, por último, un sentimiento de pertenencia y de orgullo de formar parte de la organización, con un profundo respeto por las formas de pensar, creencias y valores de cada uno de los miembros de la organización.
Además de los elementos antes mencionados, es muy importante considerar, el estilo de liderazgo y las estructuras organizativas que permitan la libre y entusiasta participación de los miembros de la organización en sus diversos niveles y una toma de decisiones ampliamente consensuada.

Todos estos elementos interactúan entre sí, como si fueran parte de un sistema holográfico o un sistema cibernético con bucles de retroacción positiva y retroacción negativa, por lo que es importante prestar atención a todos los componentes del sistema y no fijarse solamente en uno o en dos. Quizás un ejemplo de funcionamiento organísmico, es el cuerpo humano y su psique….. Todos los elementos del cuerpo están relacionados, ejerciendo una influencia más o menos fuertes, unos con otros: el sistema nervioso central, los sistemas simpático, parasimpático y entérico, el sistema endocrino, el sistema óseo, el sistema muscular, los aspectos cognoscitivos, emocionales y volitivos en el área psicológica, etc., todos en perfecta armonía y funcionamiento acompasado que, cuando se bloquean de alguna manera los bucles de retroacción positiva o negativa, entonces empieza una crisis que puede ser solventada por el mismo organismo con sus sistemas de autorregulación, o bien, necesitan de intervención externa para volver a su homeostasis natural.

Evidentemente debemos optar en estos tiempos por el sistema organización, ya que permite, no solamente un mejor funcionamiento, sino también, por la retroalimentación, la corrección y mejoramiento continuos del propio sistema.

Nota: Los textos citados del Rey Juan Carlos I, fueron tomados del Mensaje de Navidad del domingo 24 de diciembre de 2006, publicado por el Gabinete de Prensa de RTVE en prensa@rtve.es

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