Mercado y responsabilidad humana

En las crisis se ven con claridad cosas obvias que la bonanza hace olvidar. Hace mucho tiempo las tragedias, (primera guerra mundial, el triunfo del comunismo soviético y del fascismo, la gran depresión de 1929 y el inmenso matadero humano de la segunda guerra mundial), dejaron en evidencia que el mercado sin controles ni contrapesos lleva al desastre social, y que el estatismo omnipotente ahoga la economía y la vida humana. No hay leyes deterministas y automáticas que eximan a la responsabilidad humana del uso constructivo de las fuerzas productivas.

Pero la estupidez y el egoísmo humano son recurrentes y vuelven a los fracasados «neoliberalismo» económico o al estatismo comunistoide, como ideológico para desfigurar la realidad y engañar con promesas imposibles. De laboratorios norteamericanos salieron para otras recetas neoliberales, que ellos no las aplican, pues saben que el capitalismo, sin marco jurídico y una sana institucionalidad, termina en guerra social. Cada vez que ocurre un desastre, como el atentado de las «torres gemelas» o la actual crisis financiera, hasta los más liberales apoyan las masivas intervenciones y subsidios estatales.

Otro infantilismo es eso de que ahora se acaba el capitalismo. Viene a cuento lo dicho por Juan Pablo II en 1991 en su encíclica social Centesimus Annus. «Si por capitalismo -dice- entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad sobre los medios de producción de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva. Pero «si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad en el pleito económico no está encuadrada en un sólo contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es económico y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa». (Centesimus Annus n.42. Subrayado nuestro).

El capitalismo se expande por lo que afirma el Papa como positivo, y está en una gran crisis y necesidad de cambio, por lo que se considera absolutamente negativo. Seguirá avanzando en China, en Vietnam, Suecia, Rusia, Alemania, EE.UU…. en cada sociedad con su política, leyes e instituciones. Unos, como China, con «capitalismo más salvaje» por ahora, y otros con más defensas del trabajador y del bienestar general de la sociedad.

Se pueden pintar con la lengua socialismo paradisíacos, pero el hecho es que no hay economía exitosa posible sin un sistema que estimule la iniciativa y la productividad y sin un mecanismo práctico y eficiente de fijación de precios de intercambio de millones de productos, (pregunten a los cubanos tras medio siglo de fracaso en economía sin estímulos); pero con eso no hay sociedades humanas exitosas. Para el logro del bienestar general es decisiva una Política con responsabilidad de cada uno de los actores, y la falta de ella es clave en los graves daños a cientos de millones de personas. Para defender globalmente la vida de la gente y evitar las consecuencias funestas de políticas financieras irresponsables, es necesario un sentido humano y espiritual de solidaridad, con voluntad de ciudadano universal.

La hipocresía de la verborrea gubernamental no puede ocultar su física de millonarios «socialistas», ni el hecho de que el capitalismo de Estado en Venezuela vive del mercado; por el mercado pasa el petróleo de $10 a $126 y por él se ha puesto por debajo de $70. Del gran bazar capitalista nos llegan los alimentos y los carros, pues nuestra dependencia petrolera es como nunca, por falta de estilo y por raquitismo de la producción.

La democracia como el mercado, son mecanismos buenos si se hace buen uso de ellos, pero se convierten en dictaduras opresoras si el poder, (en la economía o en la política), se concentra en unos pocos, sin controles ni contrapesos sociales. Contra eso hay que fortalecer la libre participación productiva, (educación, oficio, inversión, iniciativa empresarial), y ciudadana de los que hoy no son sujetos del mercado y están excluidos del poder político. Muestras del costo humano por falta de política: el estado de la democracia venezolana y del mercado financiero mundial.

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