No se deje atrapar por la soberbia

Probablemente alguna vez en nuestra vida, habremos hecho contacto con la soberbia y habremos determinado su alcance, repercusiones, como ella afecta seriamente nuestro crecimiento personal.

Se nos recuerda, gracias a Wikipedia, que Soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos, aún cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian. Otros sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos tenemos: humildad, modestia, sencillez, etc. El principal matiz que las distingue, está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia, se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona soberbia jamás se «rebajaría» a pedir perdón, o ayuda, etc.

La soberbia involucra una serie de palabras, que cada una de ella merece ser analizada por su alcance y repercusiones en nuestro crecimiento personal, como el orgullo, ira, ego, vanidad, humildad, para citar algunas.

Al respecto de ella, aporta Clarín. com. , que la soberbia no es sólo el mayor pecado según las escrituras sagradas, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto de ella misma viene la mayor debilidad.

No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes.

Quizá lo más pecaminoso de la soberbia, sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos. Nuestros destinos son enormemente semejantes: todos nacemos, todos somos conscientes de que vamos a morir, todos compartimos necesidades, frustraciones, ilusiones y alegrías. Que alguien se considere al margen de la humanidad, por encima de ella, que desprecie la humanidad de los demás, que niegue su vinculación solidaria con la humanidad de los otros, probablemente ése sea el pecado esencial. Porque negar la humanidad de los demás, es también negar la humanidad de cada uno de nosotros, es negar nuestra propia humanidad. No hace falta remontarse a la teología para convertir en pecaminosa la soberbia.

Nos agrega además, que la soberbia nace cuando la criatura desafía a Dios, no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer su deseo frente a la divinidad. Pero se supone que Dios marca los límites que deben tener las pulsiones. Entonces la criatura decide entre servir o no servir a ese Dios y lo enfrenta cuando decide no ser siervo.

Desde luego, también existe la soberbia racial. Así, que no nos sorprende que hay pueblos que miran por encima del hombro a otras colectividades, sin haberse molestado nunca, en intentar entenderlas. En comprender en qué difieren de ellos, en darse cuenta de que hay otras costumbres, otro tipo de juego social. Entonces se los considera inferiores y descartables. Se los califica de incivilizados y ese argumento fue a caballo de dominaciones y esclavitud, se termina aplicando la barbarie a quienes se etiqueta como bárbaros.

Por su parte, comenta septrionismo.idoneos.com que: La soberbia se opone a la modestia. Mientras la soberbia, es la elación del ánimo que desordenadamente, apetece ser preferido por sobre sus congéneres; la modestia es la virtud que modera, templa y regla las acciones externas como las actitudes internas, conteniendo en los límites de la cordura, de la sensatez y la templanza, las expresiones y acciones del ser humano.

La soberbia niega y contradice, lo que la humildad afirma y aconseja. Mientras la soberbia estimula la arrogancia, la vanidad, la egolatría y la presunción de querer ser lo que no se es; la humildad, es la virtud que da el conocimiento de sí mismos, de las limitaciones, las debilidades y las capacidades para tratar con prudencia y obrar con respetuosidad a todo ser viviente.

La soberbia es una disposición blasfema del ánima, que estimula y desencadena la concausalidad de los errores y las adversidades humanas La soberbia es el amor excesivo de sí mismo, que por presunción, vanidad y jactancia, mueve al ser humano a idealizarse a sí mismo, como un ser superior a sus semejantes. Las gentes que se precien de virtuosos y talentosos, deben extirpar la soberbia de sí mismos.

En definitiva cita Enrique Rojas, que la soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo, una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.

La soberbia es más intelectual y emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad, en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que ha destacado en alguna faceta y sobre una cierta base. El balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento público de sus logros. Para un psiquiatra, estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso.

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