Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no necesitas temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a tí mismo pero no a tu enemigo, por cada victoria te espera una derrota.Sun Tzu.

Tómese el tiempo para deliberar, pero cuando llegue el momento de la acción, deje de pensar y actúe. Napoleón Bonaparte.

Todo buen gerente debe estar muy atento con relación a sus pensamientos estratégicos en todo lo concerniente a los planes que se propone llevar a cabo, a fin de estar preparado para todas aquellas vicisitudes que se le pueden presentar en pro de los objetivos que se ha propuesto alcanzar.



Una de las grandes fallas que en el tiempo presente se percibe, es justamente la ausencia de contar con pensamientos estratégicos capaces de garantizar los resultados que se esperan, mas en un entorno altamente competitivo como el que actualmente se presenta en donde tantos fuerzas externas , como internas tienen gran incidencia en su comportamiento.

Téngase presente que: El pensamiento estratégico es aquel que se plantea un fin, analiza los medios con los que cuenta para llegar a él, y luego los dispone de tal modo que faciliten su alcance, de la mejor manera posible, con el menor costo temporal, personal y material, y el máximo beneficio.



Sobre su relevancia e importancia indica Mariano Ramos Mejía, que el pensamiento estratégico, consiste en visualizar una circunstancia determinada (una empresa, un negocio, un inconveniente) bajo tres perspectivas, que, ordenadas como siguen, también son un método para la resolución de problemas:

a) mirar hacia adentro
b) mirar hacia afuera
c) mirar desde afuera

La mirada hacia adentro tiene que ver con recapacitar acerca de los factores de la organización (o los personales) con los que nos enfrentamos a la circunstancia particular que observemos. En la terminología del pensamiento estratégico a los factores que son positivos los denominamos Fortalezas, y a los negativos, Debilidades. Las fortalezas son los aspectos propios (de la organización o personales) que nos favorecen en esa situación, y en los cuales debemos apoyarnos, potenciándolos, para resolverla favorablemente. Las debilidades, en cambio, son los aspectos propios que, de evidenciarse, nos pueden perjudicar, y que por lo tanto deben disimularse, o, en el caso de tener el tiempo suficiente, corregirse mediante la capacitación, el aprendizaje, el entrenamiento o el cambio de hábitos o valores. Tanto las fortalezas como las debilidades dependen del observador, el único que puede utilizarlos, potenciarlos, disimularlos o corregirlos. También es importante señalar agrega la referencia citada, que una fortaleza o una debilidad nunca lo es en un sentido absoluto, si no que dependen de la circunstancia particular ante la que nos enfrentamos. Un clásico ejemplo puede ser el de una persona con un carácter fuerte, que siempre confronta los problemas, lo cual puede ser una fortaleza ante una crisis que requiere liderazgo y determinación, o una debilidad ante una situación que necesita de la diplomacia y la negociación.

Ánade en su análisis Ramos, que, la mirada hacia afuera es la que ocurre cuando nos vinculamos con el medio exterior en el que ocurre la circunstancia ante la que nos enfrentamos (o que procuramos producir). También en este caso podemos identificar aspectos positivos para nuestros propósitos, a los que llamamos Oportunidades, y aspectos negativos a los que denominamos Amenazas. Todos estos aspectos tienen la particularidad de que están dados, no dependiendo en principio del observador (si bien pueden crearse oportunidades para nosotros o amenazas para terceros).

Ampliando lo dicho debe agregarse que la mirada hacia afuera ocurre cuando nos ocupamos del mercado, de la venta, de la publicidad de nuestros actos y de nuestros productos. Mirar desde afuera significa integrar el análisis del problema, pero desde una perspectiva estratégica, repensando la situación como si no fuera de la incumbencia del observador, con una mirada global, despojada e independiente, sin involucrarse y sin hacer juicios de valor, y es lo que se ha definido como la reconciliación de los factores externos (oportunidades y amenazas) con las capacidades de la organización, o la persona (fortalezas y debilidades), mediante la construcción de la denominada matriz estratégica.

Definitivamente, considérese como lo expone deconceptos.com , que el pensamiento estratégico requiere gran intuición, lógica, observación, meta cognición, alto nivel de motivación intrínseca, imaginación, capacidad analítica y sintética, argumentación, y es altamente requerido este tipo de pensamiento en cualquier área de planeamiento, económico, político, educacional, social; siendo fundamental en el planeamiento militar, e incluso aplicable a nuestra propia vida, como cuando se dice que existen varias estrategias para conseguir amigos, para vivir mejor, para conseguir trabajo, y en definitiva, para ser feliz.

No todo planeamiento es estratégico, sólo lo es aquel que segura que el resultado se obtenga, pues el plan y la acción están unidos intrínsecamente. Es un pensamiento flexible, capaz de reorganizar los medios cuando el objetivo se pierde de vista, y capaz de readaptarse a los cambios contextuales.

En los empresarios también es indispensable el pensamiento estratégico, para lograr que su producto se inserte con firmeza en el mercado. Se requiere en este caso distintas estrategias: para seleccionar el producto, para reducir costos, para seleccionar personal, para comprar, para vender, para publicitar el producto, etcétera. Simplemente hay que estar atento en la manera de como gestionar, manejar, afrontar el pensamiento estratégico.
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Fuentes senaladas
Exatec-Egade
docente Universitario.
Catedra: Topicos gereneciales modernos
Consultor-asesor empresarial
carmorvane@gmail.com