Prácticas Gerenciales Modernas en la Administración Pública (Parte 1 de 5)

‘Los líderes que obtengan el mayor apoyo en el futuro
aumentarán su capacidad de expresión emocional,
ingrediente clave del propósito, persuasión e inspiración’.

Jay Conger, profesor de la
Facultad de Negocios de Harvard.

INTRODUCCIÓN

Las personas, que advienen a un cargo de alto nivel ejecutivo en la administración pública, generalmente cuentan con suficiente preparación académica en campos tales como las leyes, las ciencias sociales o ciencias naturales, la medicina, la ingeniería, la administración comercial y otros. Algunos tienen experiencia administrativa o ejecutiva en el sector comercial privado.

El nuevo ejecutivo gubernamental confronta la tarea de familiarizarse, sobre la marcha, con el complejo mecanismo de una agencia administrativa, mientras simultáneamente atiende y decide problemas de diversa naturaleza. Esto es un proceso interesante, retador a la vez que difícil y, a veces, frustrante.

Frecuentemente nuestros ejecutivos no disponen del tiempo y la orientación adecuada, para acudir a los libros y a las fuentes de información sobre materias gerenciales, para organizar y desarrollar sus esfuerzos de la manera más efectiva. Sabemos que no es sólo la cantidad de trabajo y de esfuerzo lo que determina la efectividad de los mismos, sino también la calidad, la forma racional, selectiva y estratégica en que se desarrollen para lograr los resultados deseados.

La presente publicación pretende ofrecer al Ejecutivo del Servicio Público, una visión panorámica sobre los problemas en la administración pública y sobre Gerencia Moderna, en el aspecto de las necesidades humanas de la clientela y de los funcionarios. Trata, además, de los esfuerzos por sintetizar los procesos universales de la administración, en principios y conceptos sencillos que sean fáciles de comprender y aplicar en la realidad.

Deseamos recalcar, que las diversas funciones y procesos de la gerencia que aquí se esbozan, no se dan en la realidad de manera aislada. Unos de otros no son fácilmente identificables, sino que fluyen como una corriente espontánea de actividad, deliberada y racional a veces, vital e intuitiva otras; pero siempre integrados por la inteligencia y la sensibilidad de sus actores. De la misma manera que los distintos sistemas y procesos vitales del organismo humano operan simultáneamente, los diversos procesos de la gerencia y de la administración fluyen y se entrelazan de modo dinámico y espontáneo. Es por eso, que el esfuerzo de integración y coordinación consciente y racional de la gerencia es esencial, ya que constituye el cerebro y el sistema nervioso de la organización.

Los buenos gerentes o directores, no sólo reaccionan a lo que acontece dentro y fuera de la agencia administrativa, sino que anticipan unos movimientos, ponen en marcha otros, ordenan y reordenan prioridades y recursos. En una palabra, mantienen el adecuado control de la situación total, en un clima receptivo y estimulante para sus colaboradores.

Esperamos que nuestro intento, sirva de estímulo para el continuo mejoramiento y desarrollo de nuestra clase gerencial, la cual le debe al Pueblo de Puerto Rico su mayor devoción y esfuerzo.

EL GERENTE Y LAS NECESIDADES FUNDAMENTALES DEL SER HUMANO

Todo ejecutivo, gerente o administrador en el servicio público, necesita conocer las necesidades fundamentales del ser humano y la importancia que tienen las mismas en el hacer gerencial. El profesional, en su rol de servidor público en los niveles de supervisión y en los decisorios altos, debe desarrollar la capacidad de reconocer esas necesidades fundamentales. Ese conocimiento es relevante para el administrador público, desde dos perspectivas distintas, a saber: 1) la perspectiva de el mismo como recurso o agente de formulación de política pública y de estructurador de programas de servicio para un conglomerado humano, y 2) la perspectiva de el mismo como supervisor o dirigente de las personas que laboran en la agencia.

Entre las diferentes teorías desarrolladas sobre las necesidades fundamentales del ser humano, se destaca la de Abraham Maslow, profesor de sicología de la Universidad de Brandeis en Massachusetts, en Estados Unidos. Maslow considera que las necesidades humanas van desde las primarias, que son las de subsistencia, hasta las más elevadas, llegando a la de autorrealización como ser humano.

Esas necesidades obedecen a que los seres humanos se desarrollan, se forman, se socializan, se paralizan o se superan, por su relación e interrelación cotidiana con otros seres humanos y por las vivencias que ellos experimentan.
El primer nivel básico que hace al ser humano más dependiente, es el de las necesidades fisiológicas y de supervivencia, que necesita satisfacer por todos los medios a su alcance. Ese nivel incluye necesidades como alimento, descanso, temperatura adecuada, vestuario y la relación sexual.

Si todas esas necesidades están insatisfechas y el organismo es dominado por aquellas de orden fisiológico, las superiores serán prácticamente inexistentes. Entonces todas las capacidades estarán al servicio de la satisfacción de las necesidades de ese primer nivel. La inteligencia, la memoria y los hábitos se convierten sencillamente en medios para la satisfacción fisiológica del ente.

Los seres humanos no pueden ascender a un escalón superior de conducta, si no han satisfecho sus urgencias de niveles inferiores. En ese caso, la urgencia por poseer unos zapatos nuevos, por adquirir un automóvil, por escribir poemas, o el interés por la historia patria, se convierte en asuntos de importancia secundaria.
Cuando no hay pan, el hombre sólo vive para el pan. Pero, cuando se alimenta regular y adecuadamente, el hambre deja de ser su necesidad más apremiante. Mas, como el hombre es perpetuamente un ser de deseo, en cuanto sacia una necesidad, surge otra en su lugar.

En el segundo orden de necesidades, están las de seguridad y protección: protegerse contra el peligro, contra la amenaza, contra la privación. Esas son las necesidades fisiológicas que se proyectan al futuro, ya que incluyen la seguridad de protección médica, de vivienda, de ingreso, etc. Sentirse protegido y seguro, es una reafirmación de su subsistencia. El miedo se apodera de la gente, cuando esa necesidad se ve amenazada y, dado que una persona asustada no es dueña de sus actos, pierde capacidad para actuar racionalmente.

Para sentirse seguro, el ser humano necesita sentirse amado. El amor es la nutrición básica de su personalidad; el alimento que necesita para crecer y madurar.

La satisfacción adecuada de la necesidad de afecto y amor, hace surgir en el individuo, la voluntad de incorporar valores éticos y sociales que le permitan ganar un sitio en la sociedad. Surge en él la ambición, el deseo de logro, de participación en la vida de grupo, de vivir y de dar más allá de sí mismo.

Esas necesidades superiores se convierten en estímulos que trascienden su conducta, como lo son el deseo de fuerza y de dominio frente al mundo, de sentirse satisfecho consigo mismo, de sentir que tiene habilidades, capacidades o talentos para lograr ciertas cosas que él tiene en alta estima.

La no satisfacción de esas necesidades, produce sentimientos de debilidad e impotencia, de inferioridad, de baja autoestima.

Si las circunstancias le niegan la oportunidad de trabajo y de lograr esas aspiraciones, si sus relaciones familiares y con los miembros de su comunidad fueran limitadas, habrá de sentirse profundamente frustrado y experimentará una necesidad equivalente al hambre fisiológica.

La persona, cuyas necesidades de seguridad, asociación o estatus le han sido negadas, probablemente se siente tan enferma como la persona que padece de anemia y, obviamente, su enfermedad se reflejará en su comportamiento.
Además, el ser humano necesita saber que lo que hace es importante y experimentar el sentimiento de realización, que le provee su esfuerzo, ya sea en su trabajo, en su hogar, o en las diversas actividades en que se involucra en su vida cotidiana. Necesita sentirse apreciado por lo que hace, que se le elogie, que se le reconozca su esfuerzo y que se le ofrezcan recompensas por lo que hace bien y por sus logros.

Los gerentes a cargo de instituciones de servicios, deben estar conscientes de la ansiedad que produce en los adultos, tener que depender de otros. Esto es, del sentido de inadecuacidad que les abruma, cuando se quedan sin empleo, y la incomodidad interior que le provoca, el tener que acudir a una agencia en busca de ayuda, aún sabiendo que tiene ese derecho.

Sabemos que un gran segmento de nuestra población depende del Estado, para aliviar sus problemas y necesidades básicas. Esa población, cuyas circunstancias de vida han sido profundamente frustrantes y cuya relación con el mundo ha sido limitada, está cargada de hostilidad, ansiedad, desesperanza y frustración. El administrador debe tratar de entender y comprender, el efecto que esas circunstancias producen en la conducta de dichas personas y diseñar métodos para atenuar los conflictos que surjan con la clientela.

En segunda instancia, el gerente también debe analizar el problema de las necesidades humanas, desde la perspectiva de él como supervisor o dirigente de los empleados que laboran en la agencia. Un principio básico de la ciencia de la conducta en el trabajo, es que si a un empleado se le ofrece amplia oportunidad de aplicar sus talentos y su potencial, se desempeñará en unos niveles de competencia mucho más altos. Se sentirá más motivado, y tanto la satisfacción como la productividad, aumentarán.

En organismos de un gran número de empleados, unos podrán moverse progresivamente a satisfacer sus necesidades más elevadas. Muchos otros se frustran grandemente, porque se les limita las oportunidades de crecimiento y desarrollo.

Es un error de un ejecutivo y gerente, considerar la pasividad del empleado o la tendencia a evadir responsabilidades, como algo inherente a la naturaleza humana. Ese comportamiento puede ser indicativo de que la persona se siente privada en sus necesidades de afecto y pertenencia, estima, valía y autorrealización.

Cuando la organización provee para la satisfacción de las necesidades básicas, el empleado entonces transciende a las de logro, pertenencia y autorrealización. Si la organización falla en proveer nuevas oportunidades para satisfacer ese orden de necesidades superiores, los empleados insistirán en demandas por más dinero, ya que les permitirá, en parte, compensar su insatisfacción.

La agencia administrativa debe crear un clima propicio y condiciones de trabajo adecuadas. De ese modo, el personal se sentirá estimulado y motivado a satisfacer sus necesidades y a rendir una labor eficiente que debe ser justamente reconocida.

Se sugiere a los ejecutivos, gerentes o administradores, que provean dentro de su organización, un ambiente de trabajo que le permita al empleado:

• Experimentar una variedad de tareas; no caer en el hastío causado por la rutina.
• Asumir responsabilidades conmensuradas con sus talentos y habilidades.
• Demostrar y aplicar sus habilidades y recibir reconocimiento por la tarea bien hecha.
• Determinar cómo su contribución ayuda a lograr las metas y objetivos de la organización; esto le produce un sentido de logro y reafirma su autoestima.
• Tener oportunidad de controlar algunos aspectos importantes en su labor.
• Participar en los procesos de tomar decisiones y solucionar problemas relacionados con la labor que él realiza.
• Aprender y capacitarse en nuevas técnicas y conocimientos que le permitan crecer y desarrollarse en la organización.
• Poder aplicar aquellos métodos que él domine acudiendo a la supervisión sólo cuando sienta que realmente la necesita.

Fuente:http: //www.inteligencia emocional.org/aplicaciones_practicas/ie_en_el_liderazgo.htm

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